Berlín 1945

Este artícuo bate las 600 lecturas en 2018, y cada año está en los primeros. by j re crivello

«Producía el efecto de carecer de esencia. Estaba muerto, vacío»,   -concluye  Abert Speer refiriéndose a Hitler.

Me despertaron a las 5 de la madrugada, me afeité y me lavé, de la tensión, el peine pasaba por el cabello con dificultad. Presentía el riesgo, mi sentido común era mi ayuda. Se presentó un General, me acompañó hasta un Volkswagen aparcado sobre la acera. El viaje hasta el refugio duró quince minutos, al llegar se veía el incendio de varios edificios, íbamos directos a la Cancillería. Intente ver a Speer, pero no estaba por ningún sitio. ¿Habrá desertado? Bajamos por un pasadizo hasta el bunker. Estaba todo destrozado, algunos oficiales corrían, otros dormían del alcohol de la noche pasada, o guardaban papeles en cajas (¿con que fin?) o, los quemaban sin miramientos. Me dejaron en un cuartucho con una silla. Llevaba en un bolsillo el tubo opaco con CICUTA. Se abrió otra puerta, un oficial me hizo una señal para entrar. El sitio imponía, apenas hice un paso, un olor asqueroso me impulso hacia atrás, era de un reptil putrefacto. La situación de Hitler era insostenible. Speer(¡1) me había informado que le mantenían con calmantes debido a sus continuos ataques de ira. Di un paso para acercarme hasta su posición. Él clavó su mirada. Sobre su cabeza se movía un Pez. Aparecía en una charca y vigilante entraba y salía. Alguna vez se me apareció y esta era la confirmación de cuál era su dueño. Pero, solo había una mitad, ¿dónde estaría la otra? Desde la entrevista con Eichmann hace unos meses, siempre aparecía cortado en dos mitades en línea recta de la cabeza hasta los pies.

Estreche su mano, se le veía demacrado, debajo de sus pestañas había unas bolsas que acentuaban su vejez y la mano izquierda le temblaba ligeramente. La habitación estaba tapizada en azul oscuro, detrás de su escritorio descansaba la bandera y a su lado un retrato alto, rectangular que llegaba al techo, donde vestía una chaqueta marrón. Al llevar el flequillo peinado más inclinado hacia el lado, le daba un cierto aire patético. Me invitó a sentarme, el se mantuvo de pie, ello me dejaba en una posición incómoda. Dijo:

_Martín (2), me han traicionado, desde la última vez que nos encontramos la lucha en el Este con la ayuda de los americanos se ha decantado en favor ruso. Alemania no merece vivir (3), debe desaparecer y ser destruida. ¡No es capaz de sostener con orgullo su futuro! Él gritaba y se movía de un lado a otro, su cola de reptil batía la silla, luego la mesa. He ordenado -continuó- que el final sea radical, primero los judíos, luego los comunistas y por último los alemanes que no merecen vivir este presente. Y… Hubo un silencio, basculó de izquierda a derecha, para continuar: Ud. y yo lo sabemos. Para ello hemos de convenir -él Pez se agito- que Ud. me entregara el remedio que me ayude a acabar mi tarea y yo le corresponderé. ¡No mencionaba el objeto de nuestro intercambio! ¿No podía hacerlo? ¿Será el Libro que dicen posee en su caja fuerte? El Pez encima se estremecía abrumado. Cogí con una mano el frasco con el líquido opaco y se lo entregue, mientras observaba que el Pez se colocaba en una posición vertical. Con su mano le cogió, lo abrió y se lo llevo a la boca bebiendo con fruición.

Me dirigí hasta la mesa a buscar un vaso de agua, al girar, vi que sus ojos se movían desorbitados. El Furher descompuesto queria vomitar lo que su garganta no toleraba. Intentaba decirme algo estirando una mano. El Pez arriba de su cabeza se retorcía, aparecía y desaparecía cubierto de llagas de sangre. Le ayude para que se estirara en el sillón, mientras un hilo dorado le caía por la boca. Se bebió el vaso que le ofrecí y comenzó a calmarse. El Pez parecía no entender lo que sucedía, por primera vez estaba fuera del espíritu que le dominaba. Constate que el Furher se moría, desparramado en aquel sillón. Había cumplido mi misión a la mitad, el Pez ahora dejaba entrever en su barriga el Libro y no podía hacer nada. De improviso un león alado dio un salto sobre el Pez tirando del pergamino, este para protegerse se sumergió en el agua. En el forcejeo un trozo saltó y fue a dar en el cuerpo de Hitler, continuo rodando hasta acabar a mis pies, lo recogí y apretándolo con fuerza lo guarde dentro de mi abrigo. Un viento huracanado empezó a barrer la habitación destrozando los muebles. El retrato del Furher se soltó de la pared. El calor me sofocaba, encima de mi espalda el león clavaba sus patas mortificándome e impidiendo saliese despedido por el remolino. La violencia amainó, las garras que me sujetaban me empujaron hacia la puerta, me rehíce e intenté abrirla, al salir dos pasillos se bifurcaban. Por uno de ellos, corrían hacia mi Goering y un General, decidí escapar en el otro sentido. Detrás sentía disparos. Pude ver como uno de ellos entraba para ver el estado del Furher, y el otro me perseguía. Al llegar al final, abro una puerta ¡espero sea la buena!, al fondo hay una escalera, subo por ella, siento detrás un silbato y como aumenta el grupo en mi búsqueda. Al llegar arriba aparece el patio, no veo gente, las bombas se escuchan muy cerca. Al fondo hay un camión, ¡pero no hay ningún coche!, decido ir hasta el. Maldito cabrón: ¿me ha traicionado? Acelero el paso y me monto y lo pongo en marcha. Una ametralladora vomita fuego desde lo alto del tejado en varias direcciones. Veo a lo lejos que varios hombres arrastran el cuerpo de Hitler hasta un montículo. En mi lateral avanza un coche. ¡Será ese cerdo! ¡Es Speer! Al acercarse con el vehículo se abre la puerta, sé que debo saltar dentro y dejar que el camión se estrelle en el muro, aunque sea… con la cabeza. ¡Ya está! Speer enfila hacia la salida, la ametralladora destroza los cristales traseros, el coche golpea contra la verja de la puerta, la fuerza nos despide hacia el centro de la calzada. El logra controlar la dirección y acelera, detrás nos persiguen dos motos y un coche. Giramos en la esquina próxima ¡esto va a reventar! Un ramillete de calles se nos abre, Speer grita como un loco:

_Tranquilo Martín. ¡Berlín es mío! Sé hacia dónde vamos… La cara desencajada de Hitler por el sufrimiento de la CICUTA quemándole el vientre se me aparece, mientras Speer escapa. De repente un grito me avisa:

_ ¡Prepárate que saltaremos!

_ ¿Qué…?. ¡Cojones!. Un fuerte empujón, al abrir la puerta me deja en el cemento, el brazo y la pierna me duelen. El salta -después de mí- y rebota contra una caja de madera. Al ponerme de pie, veo que se levanta y se acerca y me coge de un brazo empujándome por una puerta que se abre. Dentro un grupo de soldados alemanes me llevan y suben en la parte trasera de un camión. El chofer lo pone en marcha y salimos del garaje por otra travesía. Viajamos aproximadamente una hora, el brazo me duele horrores. Llegamos a un descampado. Parece un aeropuerto, ya es de noche. Speer se despide, su abrigo esta desgarrado, el brazo izquierdo sangra levemente. Escupe al suelo y dice:

_Martín ¡la guerra ha terminado! Este país respira igual que en la primera guerra: ¡a desolación y muerte! Los rusos invadirán nuestro territorio, años costará reconstruir el sueño. Pero no dude que dentro de un tiempo mis edificios volverán a respirar. Me estrecha la mano, gira, para subir a un coche. El nazi de contacto me invita a seguirle hasta un avión pequeño, al subir me recibe un: ¡hola! en español. Tomo asiento. La escuálida ave comienza el vuelo. Le pregunto a mí compañero: ¿dónde vamos?

_A Barcelona. ¡Si llegamos! –agrega, con sorna-. El calendario del navegante marca 30 de abril de 1945 (4).

Notas:

CICUTA: Al hablar de cicuta (conium maculatum) todos pensamos en un potente veneno. Los antiguos griegos utilizaban la planta para matar a los condenados a morir. De hecho, pasó a la historia gracias a Sócrates, ilustre personaje que perdió la vida bebiendo una infusión de esta planta. Juzgado por no reconocer a los dioses atenienses y por, supuestamente, corromper a la juventud, el gran filósofo griego fue condenado a morir ingiriendo el potente veneno. Fuente: http://www.fotonostra.com/albums/plantas/cicuta.htm

(¡1) Concedió una extensa y profunda entrevista para el número de junio de 1971 de la revista Playboy, en la que declaró: «Si no lo vi, es porque no quería verlo».

(2) Martín Alsa, agente secreto que actuaba entre Buenos Aires y Alemania. Luego se convirtió en el banquero más famoso del régimen de Perón de la primera época. Es un personaje creado por j re crivello de un libro que tal vez no aparezca nunca, con el título La Mirada que Habla.

(3) Alemania no merece vivir. Se refiere al plan del 19 de marzo de 1945, Hitler emitió la Orden Nerón para poner en marcha la táctica de tierra quemada tanto en Alemania como en los territorios ocupados. La orden de Hitler, por sus términos, privaba a Speer de cualquier poder para interferir con el decreto, por lo que el arquitecto se enfrentó con el Führer diciéndole que la guerra estaba perdida. Hitler le dio 24 horas para reconsiderar su posición, y cuando se reunieron ambos al día siguiente, Speer respondió «Estoy contigo incondicionalmente». Fuente Wickipedia.

(4) La muerte de Adolf Hitler, jefe del Partido Nazi y Canciller de Alemania de 1933 a 1945, se produjo el 30 de abril de 1945; Hitler se suicidó por medio de un disparo en la cabeza junto a su esposa, Eva Braun, que recurrió al envenenamiento con cianuro. La falta de información pública referente al paradero de sus restos y los informes confusos al respecto animaron los rumores de que Hitler podía haber sobrevivido al fin de la Segunda Guerra Mundial. La duda se suscitó intencionadamente por las autoridades de la Unión Soviética, que ocultaban información relevante sobre el suceso. Fuente Wickipedia

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