Un viejo amigo que tuve el placer de visitar hace una pila de años, luego de los prolegómenos, me codujo hasta la cocina y al abrir un cajón, busco en un bajo fondo para darme un “Manual de Marxismo-leninismo” editado en castellano en la extinta Unión Soviética. Mis ojos brillaron ante aquel fabuloso tesoro. Lo guarde en un bolso y al final de nuestra charla me marcharía con el libro en el autobús, hasta mi casa. Eran los años duros y perros de la dictadura en Argentina, donde los controles en las calles eran corrientes y normales y se llevaban a más de uno por tan solo un mal gesto. Pero aún recuerdo con cariño,  mi inconsciencia de juventud y mi atraso ideológico, al pensar que el socialismo era una dulce tableta de chocolate descafeinado. Pero no, era una maquinaria infernal y triste, que donde se instalaba se adueñaba de las mentes y vidas de los seres que hasta dicho momento eran ciudadanos.

En uno de los primeros libros de Alexandre  Solzhenitsin (1918-2008), editado por primera vez en 1961, bajo el nombre de “Un día en la vida de Ivan Denísovich” nos dice su traductor Enrique Fernández Vernet, que a sus textos Solzhenitsin los “memorizaba, los recitaba, porque no podía guardarlos en papel”(1). También repartía los originales en dobles fondos, hoyos en el bosque, falsos techos, y a unos cien colaboradores los cuales guardaban una parte de su obra.

Este autor, además tan denostado por la izquierda occidental de la época, visto desde nuestros días ha tenido el valor de documentar, uno de los mayores apetitos de horror ideológico. Es decir que nos muestra – inclusive en el Archipiélago Gulag-, como la mentira se establece desde el poder, con el fin de construir una sociedad sometida al arbitrio de una Elite, que acepta solo el control de su propio guion de infidelidades. Diríamos en una metáfora, que vemos,  en la superficie, un mar suave y terso, pero en su interior bulle de manera desordenada, tan solo movido por el pánico a la delación y el asesinato estatal, la interacción espiritual de sus ciudadanos.

En su carta a tres estudiantes, Solzhenitsin definirá la justicia como un aspecto que surge desde la consciencia y no desde la política: “Y no vengáis a replicarme que “cada uno entiende la justicia a su manera”. ¡No! Podemos gritar, agarrar-nos el pecho, el pequeño golpeteo interior es tan seguro como las sugerencias de la conciencia. (2).

En nuestros días algunos desde la izquierda española defienden la dictadura de Maduro, tal vez han olvidado la frase de este autor ruso sobre las sugerencias de la conciencia.

Notas:

Mapa del Gulag:  http://www.memo.ru/history/NKVD/GULAG/maps/ussri.htm 

(1) El Cultural. El Mundo

(2) Carta a tres estudiantes. Octubre de 1967. El Cultural. El Mundo