No me olviden!

Una frase que aparece escrita por un familiar de mayor de edad en mi WhatsApp familiar. Luego continuaría todo el día dando vueltas en mi interior. Nos vestimos con ropa que nos alejan de la cercanía. Atravesamos profundos fosos donde dejamos sueltos pequeños recuerdos. Maniobramos en espacios de sal y angustia para liberarnos y hablar entre nosotros. O durante horas divagamos por desiertos donde damos fe de nuestras travesuras de pequeños. Y seguiríamos con la lista.

Al final, se impone una frase ¡No me olviden! Es la parte más extrema de los humanos, la que nos desviste, nos cruje el alma. Tan solo referimos que esas miguitas de amor viajen a través del tiempo acompañando nuestro alejamiento paulatino de la vida que hemos vivido con pasión. Y a veces equivocados, en otras sumergidos en el convencimiento de nuestras decisiones.

Pero la frase látigo nos atrapa. Nos derrumba sin más.

Las largas caminatas se pueblan

Ora de sol, ora de alcohol.

Todas nos atraen al punto que puede estallar.

De

Una cara atrapada en el recuerdo,

O, en el amor.

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