Con este artículo publicado en 2012 abrí Facebook y en las próximas horas atravesaré los 5.000 seguidores. Es mi ventana más personal. Le bauticé en su momento “La Casa del escritor y sus Amigos”, ya no podrán acceder más seguidores, deberán acercarse a la Fan Page de Facebook, pero seguiré publicando para estos colegas. ¡Saludos y Gracias!

Para aquello que criticamos a Face, nada de lo que me ha ocurrido en las redes, como escritor y editor hubiera sido posible sin este face.

Me pregunto si la gente me recordara cuando me haya ido. ¿Seguirán leyendo mis libros?. ¿O me habrán olvidado?  Norman Mailer

Los relatos surgidos en la cantina, o en el lateral de un mueble de la cocina. Muchos hablan de los pecados de la gente. Del laboratorio humano. Encierran mentiras, maldades y sandeces que cada individuo gusta guardar bajo llave, pero por una u otra razón aparece en manos de otro y este sucesivamente lo relata hasta que se desinfla en los sucesivos albergues de paso y muere.

Luego ya no queda mas que esperar a una nueva creatividad, del siguiente observador como tales:  “el perro le mordió en la nalga y se lo tuvieron que llevar de urgencias y allí le han hecho siete puntos”; o, “ella se acerco a el sin mas hasta liarle en una aventura que ha dejado niños y casas abandonadas; o aquella , en la cual “el marido le maltrataba de 9 a medianoche y los vecinos hartos del griterío llamaron a la policía y esta vino pero no pudo hacer nada, ella se negó a la denuncia y tres días bastaron para ser asesinada”.

En cada poso de estas historias esta resumido lo que le suponía a los participes y a lo que agregan sin mas, sus transmisores.

Porque si contamos historias oídas de terceros, odiamos o amamos con nuestra brillante neutralidad a los necios actores, que si amaron, nosotros lo hubiéramos hecho mejor, o si asesinaron, nuestro rol de intuición ante el suceso hubiera sido mas austero, o si la escena es de sexo, escuálidos presentimos que aquello supo a poco.

Nosotros en su sitio hubiéramos desgarrado algo, los besos y la sed hubiera sido de resaca, y la cara de el hubiera estado ida y alegre o el labio mordisqueado de ella, un recuerdo de tanta intensidad.