Hoy acaba esta serie amigos, la próxima semana nos visita la Sra. Ling, una estupenda mujer que se mueve en la China de Mao, por citar: –El mal nos cautiva –respondió La Sra Ling sin dudar –y agregó. Más le visitamos y más te posee hasta convertirte en un ser rígido. Has venido ante mi asfixiado, ¡hasta en tu sexo!… Saludos nos vemos el lunes –j re crivello

Chewing-gum! (pero eres un jodido spic)

—Chewing-gum! Chewing –gum! —grité poniéndome a dar saltos delante del herido; y hacia muecas, fingí masticar un enorme chewing-gum, hacia la parodia de tener los dientes pegados por una inmensa madeja de hilos de goma. […]Hasta que, después de ímprobos esfuerzos, conseguí finalmente […] abrir la boca y lanzar un grito:

—Spam! Spam! Pág 160 Curzio Malaparte, La Piel.

Dos legados de la cultura americana, el chicle y el Spam. Comencemos por el primero a comienzos de los años 70, mascábamos unos grandes llamados Bazooka, nunca pude hacer un globo. Mi inutilidad con el chewing me llevaba a los caramelos. Pero por aquella época, todos mascaban chicle y las aceras tenían heridas abiertas a nuestro paso con las gomas aquí o allá. Hoy comemos chicles blancos, de los que dan olor a la boca. Son para las relaciones públicas, la sociedad líquida necesita estos asistentes para interaccionar. No es lo mismo tener una boca que huele a otra que atrae. Detrás de cada link emocional esta un buen chewing gum que abre la relación. Hace años era el tabaco, el pitillo. Los masculinos debían tener un Winston en su mano, o cerca.

En esas épocas no existía el Spam, en este texto de 1945 de Curzio Malaparte, el Spam era la carne de cerdo con que se alimentaban las tropas americanas, hoy esa carne de cerdo ha mutado al software, al e-mail. En las redes el Spam (la carne de cerdo) es estupidez de marketing, sobrante de comunicación que intenta hacerse hueco entre los usuarios conectados.

Un buen Spam debe disfrazarse de chewing, debe ser una goma de mascar, un chicle que te atrape en su mensaje.

Los humanos sabemos distinguir un buen chicle de otro, como un Spam de una verdadera comunicación. En las sociedades líquidas la irritabilidad es un fenómeno reciente, no son Spam, ni chewing, son odio al diferente. Y aparecen nuevas palabras:

“Jodido spic, deberías regresar a tu país”, le espetó un hombre a un puertorriqueño por hablar español en el aeropuerto de Reno. “No tengo miedo de ese puto spic”, dijo una mujer a un hispano en otra grabación de una agresión verbal racista en Manassas, Virginia.

Spic. Todos somos jodidos Spic.