“En los viejos tiempos, cuando nos sentíamos descontentos, acusábamos a Dios, que por aquel entonces era el administrador del mundo; presuponíamos que no estaba ocupándose del negocio como debía: de modo que lo despedimos y nos convertimos en los nuevos directores” Slawomir Mrozek

En estos días en que el Papa baja hasta el terreno de aceptar una entrevista en Salvados comprobamos que Dios ha perdido influencia. Su director espiritual en la Tierra debe explicar las acciones humanas de sus sacerdotes, o debe contarnos que un homosexual es tal vez raro y necesita ir a un psicólogo. La sociedad líquida tiene atrapada a la religión con sus cambios y bajos compromisos. Como dice Mrozek hemos destituido a Dios y vagamos en busca de oportunidades para la Moral. Las reglas fijas aparecen oportunistas y el vacío espiritual nos visita.

La sociedad del anticristo de Nietzche al fin ha llegado. Aún recordamos sus palabras escritas en 1881, desde el manicomio: “Las convicciones son prisiones” […] Un espíritu es necesariamente escéptico. El estar libre de toda especie de convicciones, el poder-mirar-libremente, forma parte de la fortaleza” pág. 93, El anticristo, F. Nietzche.

No es regresar a espíritus enaltecidos, es tal vez observar que vivimos en una civilización donde la lucha es entre creencias y liquidez en las convicciones. Nadie puede decir donde acabaremos. Los seguidores de Tótems están huérfanos de nuevos líderes, pero la sociedad de consumo se retrae sobre este sino: cambiar un objeto por otro pues han envilecido por la moda. Y la moda es una catarata de estilos que duran minutos dejando tras de sí vacío, soledad, nuevos deseos. Somos monos que tocan objetos y los sustituyen pero no logran entender su significado.

Un vacío existencial, no rodea y puede traernos líderes más atractivos pero más hedonistas y autócratas.

#¿Les seguiremos? O ¿construiremos un presente atractivo con libertad y tolerancia?. Pero para ello debemos abandonar la sociedad líquida sin traicionarnos. ¿Difícil no?