Aún este libro no está a la venta —j re

El príncipe de las Tinieblas, es un caballero. —Rey Lear, Shakespeare

Ayer un niño me contó cómo había estado a punto de perecer en el mar. Su relato descarnado nos lleva hasta las estribaciones de la muerte, pero no entraremos en su casa. Todos tenemos un momento en nuestras vidas —o tal vez más, en que intuimos que dejaremos atrás la vida y la supervivencia nos salva. Nos atrae para seguir colaborando en un mundo incierto.

El príncipe de las Tinieblas es ese espacio conmovedor donde las almas se alejan de la rutina y solas buscan un espacio. Los creyentes saben a dónde van. Es como dice Kant, un espacio que ha nacido con nosotros y nos acompaña junto con el concepto de libertad. Como ex -monos intuimos que la naturaleza nos reclama a la combustión natural de vida que crea vida. Como humanos maldecimos alejarnos de la casa vital de la cultura, de la tecnología, de la conversación y hasta de ser cretinos.

Deberíamos preguntarnos si el espacio del Mas Allá típica imagen que nuestras abuelas católicas nos explicaban a mediados del siglo XX, si algún día lo cambiaremos. Los humanos en nuestra alocada carrera por escapar del final, hemos alargado la vida, tal vez el ultimo salto este en transferir nuestra conciencia más allá de la muerte. En ese caso el Príncipe de las Tinieblas ya no estará a la puerta de una nueva vida, sino la actual la prolongaremos sin fin. Ese momento será una nueva casa, la de la Cultura.

Le definiremos tal vez como: “una vida incluida en la sorpresa, la conversación, el debate y la tolerancia”.

En esta casa que se aproxima rápidamente, la cultura no será ese espacio que conocemos desde el Renacimiento, por ejemplo dialogaremos 500 millones de hispanohablantes con 700 millones de hispano hablantes máquinas (nuestras neveras, microondas, congeladores, etc.). Tal vez dentro de cinco años máximo. Esos diálogos incluirán desde textos, música, imágenes hasta bits sencillos de órdenes a nuestro robot Bomba para que cambie el programa de limpieza y haga la habitación de invitados por un cambio de planes. Cada muerte de un ser humano hasta podrá suponer la muerte de cientos de máquinas conectadas.

Viviremos la sociedad Post-líquida. Una sociedad ocupada por la interrelación de humanos, máquinas que hablan y robots que piensan. En esta sociedad comenzarán a aparecer los post-humanos, aquellos que han muerto pero su conciencia ha emigrado a un cuerpo mecánico, a un autómata como le llamaban en el siglo XX.

Con lo cual el príncipe de las Tinieblas estará obsoleto, su espacio será ocupado por recuerdos visuales de los seres queridos.

¿Lo veremos? Tal vez no, pero por muy poco. Muy poco.

Es viernes, buen fin de semana amigos. –j re

Notas

«Urge hacerlo desarrollando inteligencia artificial basada en nuestra lengua», dijo Álvarez-Pallete. Recordó que, tras el chino, el español ocupa la segunda posición por importancia en el mundo. Un idioma hablado por 480 millones de personas como primera lengua, que supera en un veinte por ciento en número de hablantes al inglés. Presidente de Telefónica con 300 millones de clientes.