A veces pequeñas partículas de vida siguen comunicándose a través de los años. Son primos, hermanos, hermanastros, tíos antiguos y lejanos que nos hablan o se comunican como si fueran parte de nuestras vidas y a lo mejor no los vemos hace años. Ellos se dirigen hacia nosotros como si fuéramos su elección. ¡No ha sentido Ud. dicha turbación? De emocionarse al ser correspondido pero sin explicaciones para esos saltos de la vida.

Las pequeñas partículas llevan en su interior nuestros genes, pero otras iguales y en la misma situación eligen desenvolverse en el olvido, el abandono o la desaparición. No, me refiero al comportamiento de las que se agitan en nuestra dirección y se resisten al olvido. Mantienen enhiestas esa fe en las posibilidades familiares, en el intercambio. Cosechan una minúscula parte de la memoria. La cuidan. No renuncian.

En las grandes ciudades donde se ha perdido la memoria y la familia se ha reducido a cuatro, y ahora a dos inclusive navegan grandes solitarios de la sociedad Líquida. Fuera el compromiso, fuera la escucha tierna, fuera la alianza con partículas de vida que reclaman una capilaridad familiar. Yo tengo dos, una hermana y una prima. Aparecen y desaparecen en la red. Dos puntos de luz que me recuerdan lo que antaño fue una gran familia y se dispersó en busca de nuevos horizontes. Cada vez que se encienden siento turbación. Considero que aquella señal lejana me sitúa en la esfera de mi padre y sus horas cautivas con el desastre. Tal vez cuando nos alejamos de estas partículas de vida detrás hay un fracaso o un inmenso espacio plagado de dificultades.

Ellas no tienen la responsabilidad. Ellas no pueden cargar con el espacio que a todos nos separa de la antigua manera de ser de los humanos, cuando la sociedad no era líquida y nuestras abuelas tejían con tesón nudo a nudo compromisos inquebrantables.

Por ello debemos cuidar el final como cuidamos el principio.

Buen martes a todos.