Multitud de veces parece que se nos estropea, pero tal vez no queremos escucharla. Las oportunidades rodean nuestras vidas sin cesar. Son como brujas esquivas que cantan sin cesar diciéndonos, ven. Nuestras vidas son senderos agrupados alrededor de las emociones, de los suaves equilibrios, o de duros encontronazos. Podemos adoptar papeles, roles, ser actrices o actores y suavizar las líneas que presiden los acontecimientos. Los amigos de Instagram son un ejemplo. Actúan cada día frente a un escenario donde suaves latigazos de likes responden y se esfuman. ¿Es difícil mantener una vida autentica? Tal vez, y solicitar respuestas, de cruzadas invencibles nos delatan. Los malos cada vez son más malos, más refinados, más auténticos. Construyen sus vidas sabiendo que la reprobación se esfumará en minutos, en días, a lo máximo en meses.

La sociedad Líquida está volviéndose gaseosa. Ya nada sirve para mantener la calma y la viscosidad de las relaciones. Los malos entran, los malos salen. Es lo que vemos en los telediarios. Un hijo de un padre de la patria en Cataluña (pero podría ser en el País del Perejil) monta una red de estafa de ITV desde el poder. Lo descubren. Le caen 5 años. Y sale de la cárcel con permiso a los 30 días

Los malos entran, los malos salen. A veces uno se pregunta: ¿y si me sumo al planeta de los malos? ¿Y si todos fuéramos malos?

En definitiva hemos convertido la libertad personal en la capacidad de legislar sobre los demás. Nos hemos alejados tanto de nuestro espíritu simio que ni las convenciones de clan nos sirven.

Y los que vendrán, las maquinas los robots, la Inteligencia Artificial serán, ¡unos malos de cojones! Nos queda esa brújula interior que pueda salvarnos de la decadencia. Seremos ¿líquidos o gaseosos? Demasiadas preguntas amigos y los que leen buscan respuestas.