“Quienes vivimos en un mundo de libros, de pergaminos que se desintegran, de velas de llama vacilante, de ojos irritados que miran de soslayo en las sombras, tenemos nuestras manos puestas en la historia. Para nosotros siempre es ahora”. Pág. 318 Anna Rice, La hora de las brujas.

En dos pasos di con mi abuela. Domenica caminaba con dificultad y dentro de un plato, un líquido permitía que trozos de hilo de coser se unieran o desunieran. Sus ojos de verde y gris leían aquel sonido del Más Allá. Cuando hubo comprendido la razón del Ser que nos sirve la vida pudo decir:

“¡Estas sana!” La señora que le intuía recupero la dificultad que le acongojaba. Yo mire aquella ciencia venida desde el Norte de Italia, insegura y llena de calma. Me pregunte: ¿Puede el universo caber en un plato y anunciar un paso u otro?

Para nosotros siempre es ahora.

Domenica vino del Norte de Italia en un barco hacia 1890, con ella nos acompañó la ciencia más antigua del Piamonte, proteger a los demás o adivinar las fuerzas ocultas que conviven con los humanos. ¿Pero no venimos de los simios?