Hola Amigos, tres días de vacaciones en Madrid me han surtido como siempre de finas observaciones que comparto –j re crivello

Cuando navegamos en las relaciones actuales no deja de sorprendernos si somos de 50 o 60 años que aun poseemos las formas de mirar anteriores, donde los pactos se realizan al interior de relaciones cruzadas de primos, tíos, hermanos abuelos y padres. En esa tribu la religión o los valores morales solidos se afianzan desde el respeto a las diferencias. Al salir al mundo actual aquello ya no existe. Esta última afirmación que puede sorprender indica que el modelo esta desapareciendo y las familias actuales están confusas o cuando menos no viven dentro de un modelo estable. Cuando hablamos de un modelo tal vez explicamos que posee unas reglas, unas resoluciones de las diferencias, o unos marcos con cierta capacidad de adaptación.

Todo comenzó a romperse cuando apareció el divorcio. Sin ser una máquina que añora la moral antigua, si podemos afirmar que aquella crisis de la pareja desarticulo lentamente el entramado que le soportaba. Para la mayoría en todo caso fue la salvación de la disciplina que imponía cuotas altas de castigo a quien se equivocará y a la mujer en particular, una dificultad añadida en su desarrollo personal. Pero allí esta nuestra memoria detenida. Hoy la mayoría de los niños son hijos de padres divorciados. Vemos una yuxtaposición de leyes, de normas y de modelos familiares, las que le procrearon y la de su nueva situación partida entre dos o tres modelos (depende de la cantidad de nuevas parejas de sus padres)

En una sociedad líquida esta variabilidad de relaciones que mutan y cambian produce resultados donde los pactos, los compromisos, las alianzas varían. En esta fase de transición hacia no sabemos aún cual espacio (aunque las estadísticas den señales del cambio: la mayoría de las parejas en España son monoparentales) suponen que algunos estilos de personalidad puedan ser más eficaces que otros. ¿Cuáles? Detecto un triunfador, los manipuladores.

Los nuevos modelos mentales siempre han encontrado individuos que se adaptan mejor. Aquellos que sobrepasan las capacidades del compromiso estimulando alianzas que crean pantallas a su alrededor. Moverse en la sociedad líquida es establecer bases de intercambio donde guarecerse. Cuando vemos que se habla mucho de las relaciones toxicas, tal vez detrás se esconda el perfil de un manipulador. De este nuevo triunfador que esta despojado del modelo anterior y solo se debe a sí mismo: es su lealtad.

En la Modernidad Líquida de Z Bauman, él observa,  los espacios o lugares émicos (aquel destinado a la exclusión), los lugares fágicos (aquel destinado a la inclusión masificada del consumo), los no-lugares (es un espacio despojado de las expresiones simbólicas de identidad) y los espacios vacíos (lugares que siempre han estado ahí, pero inexistentes en nuestro mapa mental). Es precisamente en estos espacios, en los que la humanidad se desenvuelve actualmente, que se da una cierta necesidad de exclusión.

El triunfador es un ser desprovisto de lealtades.