Siempre hemos visto en el cine americano la famosa escena donde alguien se salva porque el disparo impacta en la Biblia que lleva encima, hace unos días, en la visita al Museo de la Memoria histórica en Salamanca un cubo de cristal se puso en mi camino, en su interior un libro perforado por una bala perdida, no había más información. Ante mi apareció la ficción confirmándose. La temida ficción que a todo escritor asalta en las noches, en los sueños o en las vidas prestadas que solemos inventar al desdoblarnos.

Las balas perdidas suponen una alta tasa de ocasionar muertes. Según un estudio de Garen Wintemute, en 2012 sobre víctimas de balas perdidas en EE.UU., los datos de su estudio a partir de noticias publicadas entre el 1 de marzo de 2008 y el 28 de febrero de 2009 relacionadas con víctimas de balas perdidas en EE.UU. De los 501 incidentes con disparos que encontraron a partir de 1.996 noticias, 284 incidentes se ajustaban al criterio de su estudio. En dichos incidentes de balas perdidas resultaron heridas 317 personas, de las que 65 fallecieron ─más del 20 %─. (1)

Pero hay una expresión famosa que usan los argentinos al decir de una persona “es una bala perdida”, lo que supone no tiene arreglo. En España como somos más fuertes con el idioma, tal vez producto de mayores siglos en la espalda, hablamos de “ese es una cabra loca”. Sea en una u otra expresión, una bala perdida impacta a 60 metros por segundo según cálculos de varias webs consultadas. ¿Y una bala perdida humana? O sea aquella que llamamos hijo o hija de un hogar desestructurado.

A muchos metros por segundo diría si Ud. me permite. La pregunta que viene a nuestra mente es si una cabra loca puede regresar a su vida normal. ¿Puede insertarse? En estos días leo a John Galbraith el famoso economista socialdemócrata que fue consejero con J. F. Kennedy y luego con Lyndon Johnson. De este último dirá Galbraith que puso mil millones de dólares para un programa que él dirigió para desarrollar distritos donde “las cabras locas campaban a sus anchas” Bueno esto último no lo dice, lo ha agregado este autor. En su caso menciona que las resistencias hacia ese programa provinieron de la idea arraigada de no dar ingresos a los pobres y la demanda prioritaria de los militares de recursos para Vietnam. Agregaremos nosotros que en Vietnam morirían cientos de miles de pobres de Harlem y Galbraith acabaría despedido por oponerse a la Guerra de Vietnam.

Pero, hemos comenzado por una bala perdida en el corazón de un centro de la Memoria y como peco de polemista: ¿cuantos pobres murieron en la Guerra Civil? Parece una boutade, una pregunta trampa, sería imposible contestar esta pregunta, pero a la muerte, a la guerra siempre van las clases desfavorecidas primero, me imagino que en nuestro conflicto fue igual.

¿Y las cabras locas? Son las primeras en llegar a la guerra. Yo fui una cabra loca y somos los primeros en experimentar que hay detrás del silbido de la bala.

Buen fin de semana amigos, el lunes no sé de qué hablaremos, pero ya llegará. –j re crivello