Amigos comienzo una nueva serie que había ido postergando sobre esta interesante mujer. –j re crivello

Clarens, 20 de marzo de 1893.

¡Ciucia, adorado! Recién (a las 4) recibí tu carta y tu tarjeta. Entonces ¡aún debo esperar dos días! Hoy a las 3 fui a la estación y pensé en volver a las 8 y 20.Desde la mañana, por primera vez, el día se presentó grisáceo. No hay indicios de lluvia. El cielo está cubierto con nubes de diferente tamaño y semeja un profundo mar tormentoso. El lago centellea y su superficie parece de color acerado. Las montañas envueltas en neblina están tristes, el Dent du Midi se ve a través de la neblina. El aire es suave, fresco y lleno del aroma del pasto y de los manzanos. Alrededor reina el silencio, los pájaros trinan continuamente como en un sueño. Yo estoy sentada en la pradera, cerca de la casa, debajo de un árbol, cerca del caminito que viene de la fuente. El pasto crece exuberante, abundan las flores, especialmente las grandes de color amarillo. Encima de ellas zumban las abejas en cantidades tales, que a mi alrededor hay un zumbido permanente. Huele a miel. Cartas de amor de Rosa Luxemburgo

Fred Law era muy joven. Había entrado en el servicio secreto americano y le enviaron a Alemania, llegó a finales de 1918. Y a finales de ese año tuvo una entrevista secreta con Rosa Luxemburgo. Llego hasta ella por un rebote. Comía en un bar destartalado y de mala muerte cuando le vio pasar delante de la ventana y dejándose llevar por el instinto le siguió hasta un edificio situado en una calle de Berlín. Antes de intentar entrar repaso sus prioridades, su jefe le había indicado que estaría solo y debía contactar con la fracción Espartaquista para ver si podían obtener una salida de la Luxemburgo hacia su país. Fred Law no entendía este interés de parte de su jefe. Era una revolucionaria que todos amaban y los socialdemócratas querían hacer desaparecer. Alemania estaba a punto de estallar y una parte estaba dominada por comités obreros. Que podía hacer esta menuda mujer en aquel laberinto donde las vidas no valían demasiado. Subió por la escalera, primera planta y dos puertas, las descartó, segunda planta igual y en la tercera solo había una. Golpeo suavemente con los nudillos. Aunque su aleman estaba recién estrenado —pensaba Law que lograría su objetivo. Una mujer baja y menuda le miro directo. ¿Qué decirle? Soy el panadero y vengo por un pedido. No, lo descarto. Fue directo:

—Vengo de EEUU —dijo. Ella suavizo su gesto, parecía que aquella mención era como si fuera la de un lunático. Y le dejo pasar. Estaba sola. Preparo dos tazas de té. Y se sentaron en un saloncito con una mesa donde cientos de papeles esperaban ser metidos en un bolso y salir hacia otro escondite. Soy del servicio secreto —agregué con mi impertinencia juvenil.

—¿Trae Ud. credencial? Y ella rio con ganas. En aquella Alemania de socialdemócratas dispuestos a matar a los que pensaran diferentes, inclusive ella y sus camaradas esa pregunta era out is door. Pero ella agrego: no saldré de aquí. La revolución es mi sangre. Aquellos que no entiendan de que hablamos perderán todos sus derechos.

—¿Y Rusia? —pregunté

—(Lenin), se engaña completamente sobre los medios. Decretos, poderes dictatoriales de los inspectores de fábrica, penas draconianas, reinado del terror, son todos paliativos. El único camino que conduce al renacimiento es la escuela misma de la vida pública, de la más ilimitada y amplia democracia, de la opinión pública. Es justamente el terror lo que desmoraliza (1) Al acabar, pude ver como escapaba aquella serena observación como si fuera fuego y dije:

—El terror también lo practican Ekbert y los socialdemócratas aquí.

—Ellos necesitan construir un régimen reformista. Ellos han usado la guerra para destruir nuestra sociedad. Son los amateurs de las luchas metódicas y disciplinadas, que siguen un plan y un esquema… que quieren saber siempre desde mucho antes lo que es necesario saber… (2)

—Hay un bar el Pilsen, muy cerca de aquí, puede Ud. hacerme llegar un mensaje urgente, le podemos garantizar una salida de Alemania

—Tome, —y me entrego una carta que no podía publicar hasta enero de 1919. Solo decía:

¡Yo fui, yo soy y yo seré! Al despedirme un cierto temblor me atravesó, ¿intuía su próxima muerte? Antes de salir también me regaló su libro más famoso sobre el capitalismo. Baje lentamente y al salir a la calle el viento frío golpeaba arrastrando todo tras de sí. Caminé hasta el Bar Pilsen.

Notas 1:

“En respuesta al levantamiento, el líder socialdemócrata Friedrich Ebert utilizó a la milicia nacionalista, los «Cuerpos Libres» (Freikorps), para sofocarlo. Tanto Rosa Luxemburgo como Liebknecht fueron capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinados ese mismo día. Rosa Luxemburgo fue golpeada a culatazos hasta morir, y su cuerpo fue arrojado a un río cercano. Liebknecht recibió un tiro en la nuca, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Otros cientos de miembros del KPD fueron asesinados, y los comités suprimidos”.

Notas 2:

(1)(pág. 75 Rosa Luxemburgo)

(2)(pág. 4 Rosa Luxemburgo)