Fred Law entro al bar Pilsen, le daba vueltas ante que podía poner cada carta de las que Rosa Luxemburgo le había entregado. Decidió leerlas, ¿luego que haría? ¿Se las llevaría a América? O llamaría a una amiga para que las guardase en su casa. Miró una de 1897, la abrió despacio, iba dirigida a su amigo-amante. La carta datada en Suiza  en julio de 1897, se dirigía de una manera sencilla a quien fue su amor durante años. Law pudo ver una y otra vez como aparecía la frase: “tu ahora  no  estás  conmigo  y  toda  mi  alma  está  impregnada  de  ti”.(1) Y Rosa escribía en el mismo día que había estado con él y se preguntaba: ¿y para qué todo este romanticismo de ponerse de  noche  a  escribir  cartas  al  marido? Para que, si al día siguiente le vería -intuyo Fred Law, luego detuvo su lectura, la mayor revolucionaria de Alemania y la más buscada intuían que su marido debía escuchar sus latidos de cariño. Y terminó al leer: “Si se ajustara el idioma a la voz, la voz a los pensamientos, dónde el rayo del pensamiento atraparía a la palabra” Podía presentir el grito repetido de su nombre. Guardo la carta y no supo que hacer, aquello no podía estar en su poder. Salió del bar Pilsen, pero cuando se marchaba de frente venia ella, cojeaba levemente, traía una barra de pan en sus manos. Le saludo.

—Venía a verle. —Dijo ella Y volvieron a entrar al Pilsen. ¿Ha leído las noticias?

—Sí, le buscan —dijo Law. Desde el 9 de noviembre en que el Kaiser Guillermo II abdicó todo se había acelerado. En las ciudades principales las juntas populares de obreros y soldados formaban una especie de doble poder. La revuelta espartaquista había fracasado y le había puesto en una situación difícil, pues el gobierno socialdemócrata utilizaba los Freikorps, o grupos de fuerzas militares de derecha para eliminar los últimos restos de la revuelta y le iban a detener.

—Hoy nos cambiamos de casa, nos vamos cerca del Landwehrkanal. Sus ojos se batían de lado a lado, tal vez intentaba disimular aquella persistente intuición que anunciaba  todo acabaría mal.

Se despidieron, pero antes Fred law quiso decirle que aquellas cartas no podían estar en su poder. Ella solo respondió:

—Allí está mi verdadera vida. La puerta del bar Pilsen chirrió. El bar se mantuvo quieto cual exhalación ante aquellos días en que todo temblaba. Él vio cómo se alejaba por la acera del frente sin más protección que su instinto para sobrevivir.

Notas

Leo Jogiches (Vilna, 17 de junio de 1867 – Berlín, 10 de marzo de 1919), también conocido por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho, fue un marxista revolucionario muy activo en Lituania, Polonia y Alemania. Se sabe muy poco de sus comienzos debido al secretismo habitual en su trabajo, surgido tras años de conspiración. Se unió a un círculo de trabajadores socialdemócratas antes de ser forzado al exilio.

En 1893, junto con Rosa Luxemburgo, cofundó el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia (SDKP), que posteriormente se convertiría en el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (SDKPiL). Ambos se enamoraron mutuamente, y vivieron una relación amorosa que duró toda su vida, a pesar de las dificultades, e incluso aunque nunca llegaron a vivir en pareja. El trabajo de ambos no es en absoluto fácil de separar, aunque puede observarse una clara división del mismo, en el cual Jogiches sería el organizador y Luxemburgo la teórica.

Fue miembro fundador de la Liga Espartaquista, organización revolucionaria del ala izquierda del Partido Socialdemócrata de Alemania, fundada al inicio de la Primera Guerra Mundial por Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Franz Mehring entre otros. El 1 de enero de 1919 la Liga se convirtió en el Partido Comunista de Alemania (KPD).

La Liga Espartaquista lideró la frustrada Revolución de Noviembre alemana de 1918/1919, en la que Rosa Luxemburgo y Liebknecht fueron brutalmente asesinados por las tropas gubernamentales. Jogiches también fue asesinado en marzo de 1919,1​ mientras intentaba investigar el asesinato de sus dos compañeros.