Escribir La ultima socialdemócrata me lleva a un gran trabajo de documentación, cada día paso cerca del precipicio con la tentación de abandonar la historia amigos —j re crivello

La correspondencia da un salto, para Fred Law leer es adentrarse cada vez más en una atmosfera que le obliga a intentar comprender la vida de esta revolucionaria apasionada pero que a su vez sufre por su amado. Inclusive por las largas separaciones, esta carta de septiembre del 1905 muestra ese momento en que ambos se alejan

“Aquella vez, en la estación, vislumbré durante largo  rato  tu  ventana  iluminada,  hasta  que  el  tren tomó la curva. Yo me había puesto intencionalmente debajo de la luz de la linterna para que tú me pudieras ver. En los últimos instantes quise  parecer  mejor  y  más  alegre  pero  no  lo  logré.  ¡Tú  tenías  un  aspecto  horrible!  Ahora  debes  tener  un  aspecto  distinto.  ¡No  olvides!  ¡Valiente,  valiente  Dziudzius!  Lo  más  terrible  ya pasó. Ahora sólo hay tranquilidad y trabajo intenso. ¡Cuánta necesidad tengo de descansar! (1)

La carta siguiente ya le muestra con su nuevo compañero, el hijo de Carla Zetkin, 15 años menor que ella.  Kostia Zetkin, a él dirige sus misivas donde Fred Law observa una gran necesidad de amor, de ser correspondida. Fred deduce que esa es una larga relación que comienza en 1906 para acabar alrededor de 1914, pero serán amigos mucho tiempo, se mezcla un amor maternal y las preocupaciones por su formación. Lo demuestra el fragmento donde ella le comenta su pasión por la pintura y que pone la fecha de junio de 1908.

“Pero  basta  de  mostrar  mi  desconsuelo.  Además,  el  agua  del  lago  cambiaba  a  cada  momento y también el cielo (hoy hay una tormenta). Al regreso a casa estaba a punto de llorar. Pero aprendí algo más. No tengo idea de cómo superar estas dificultades ¿cómo llevar el caballete y por lo menos una cartulina más grande? Ah Dudu, podría vivir dos años solo entregada a la pintura. Me absorbería. No estudiaría con ningún pintor, ni preguntaría a nadie. Sólo aprender pintando y ¡preguntándote! Pero esos son sueños alocados, no puedo hacerlo, pues mi lamentable pintura no le sirve ni a los perros y mis artículos sí los necesita la gente. El cuadrito que hice hoy te lo mandaré mañana, pues creo que ya estará seco. Y esta vez ¡tiemblo que te desilusione!” Fred Law se detiene, es hora de visitarle. Teme que al verle este desatino de internarse en su vida privada le traicione. Guarda aquellas misivas y decide ir a visitarle. ¿Estará aun? O su presunción referida a su inestabilidad en sus derechos políticos, en medio de esta Alemania que se debate entre imitar la revolución de octubre en Rusia o dar un golpe de timón e implantar una dictadura derechista le habrá hecho cambiar de domicilio para escapar. No lo sabrá sin situarse frente a esa puerta gris.

¡Esta aun allí! La puerta al abrirse, alguien ha respondido, su sonrisa le devuelve aquella intuición. ¿Has leído? —pregunta ella. Su profesora es muy exigente.

—Sí, —solo dice intentando obviar cualquier referencia a su vida privada. No puede explicar lo que sabe lo de ella hacia alrededor de 1908. Es como un juego temido ante la verdad y que cada vez se acorta en el tiempo hasta atraparle en este diciembre de 1918. Pero recuerda que: “en 1907 se reúne con Lenin, en Londres, durante el congreso del partido ruso, y en el de la Internacional en Stuttgart, cuando Uliánov insiste en que la principal tarea de los militantes obreros es prepararse para una nueva revolución, tras la de 1905, inmerso en esos años en las disputas con los mencheviques, con Bogdánov y con Trotski, que culmina con la división en dos corrientes en 1912.

Atenta a la actualidad internacional, a las huelgas escandinavas, a la tensión en los Balcanes, a la huelga general de 1909 en Barcelona (denominada Semana Trágica por la derecha), Luxemburgo trabaja sin descanso. Pasa ese año casi tres meses en Italia, vive de su trabajo como periodista y, después, durante unos años, como profesora en la escuela de formación del SPD”(2). Pero estamos casi a finales de 1918, intuye que cada vez se está convirtiendo en su biógrafo, una pregunta le atrae a la realidad.

¿Has leído? —dice ella.

Notas:

(1) (1)  Cartas de amor de Rosa Luxemburgo Cartas de Amor de Rosa Luxemburgo Traducción: Rosa Dubinski y Guillermo Israel Diagramación: Salvador López Portada: Vanessa Cárdenas3ª edición Buenos Aires, 2015Gracias a Isabel Loureiro Reimpresión Quito, 2017 Esta  publicación  fue  apoyada  por  la  Fundación  Rosa  Luxemburgo con fondos del Ministerio Federal para la Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ).

(2)Rosa Luxemburgo: La llama ardiente de la Revolución