La historia en esta serie televisiva trataba de dos tipos embutidos en un coche descapotable que se desplazan en esta vía, en busca de aventuras. En su momento me sorprendía esta forma de vivir que descansaba en una constante: viajar en dirección a ninguna parte.

Sin dejar escapar la idea, cogí un cuaderno del lado de mi cama. Era una bitácora clásica, de papel blanco, decidí ayudarme con un bolígrafo de color negro. Hacia unos minutos que el médico me había visitado, con el fin de explicarme mi próxima operación. No sé por qué razón asociaría rápidamente, la ruta, la búsqueda de la felicidad y esta convencional trampa quirúrgica.

Pero si me permite, nada es tan inseparable de nuestra fantasía que los mitos de América en nuestra soledad.

En ambas proyectamos desde el regusto amargo de la ensalada con buena rúcula, hasta la fatiga diaria del trabajo. Es más, la rutina se impone demoledora en nuestra conciencia. Nada es tan poco imaginativo que el día a día. Por ello un paisaje televisivo de los 70 nos lleva a abordar lo clásico. ¿Es limón? ¿Es menta? A veces en un quiebro defensivo, nos atrevemos a desplazar en dirección a pequeños territorios de amor construidos alrededor de la pareja. Pero si observamos un poco más, cerca de la línea de fuga que representa dicha posibilidad aparece  siempre al acecho los compromisos y lazos de amor.