Vivir libre, es una opción.

   El hombre, por mucho que se le encadene, por más que se le quiera esclavizar, siempre tenderá a romper sus cadenas porque nació libre. En su corazón, oirá la voz de la libertad.  Si no se da por vencido y no ahoga ese grito interior podrá liberarse, a no ser que esté amarrado  por las ataduras que vienen de la mano de sus inseguridades y  de sus propios miedos: miedo a ser libre, miedo al conocimiento y a la responsabilidad, miedo a ser el dueño de su vida y de sus actos, asumiendo la posibilidad de equivocarse.

   Hay quien opta por vivir  en una cómoda y segura esclavitud, en la que no se arriesga nada, antes que  afrontar una peligrosa y comprometida libertad.

    Rompamos, arriesguemos. Vivamos peligrosamente

© Felicitas Rebaque