Agosto 12: Marie Estelle Picouto El Charco

Julián estaba seguro de que, si brincaba el charco las cosas mejorarían.  A la edad de quince años, Julián se mudó a Nueva York.  Se casó con una neoyorkina y tenían dos hijos. El deseaba un futuro mejor para los suyos. Recientemente había salido de la milicia y era gerente en una fábrica de monturas de espejuelos.  Le iba bien, pero soñaba con algo más para su familia.  Identificó que las monturas que fabricaban eran exportadas al Caribe. Entonces, decidió invertir sus ahorros y comenzar una empresa en una isla caribeña.

  ̶ Pal’ Caribe nos vamos, vamos a brincar el charco ̶ le dijo a su esposa

La mujer que, mucho no comprendía el idioma, le contestó ̶

̶ What?? Carribe? What do you mean with chalco?

̶ You don’t worry, we are going to be fine, ̶ contestó el hombre.

Julián utilizó sus ahorros de vida para comprar el equipo necesario para establecer su fábrica de lentes y lo embarcó hacia la isla caribeña, rogando que, su equipo brincara el charco sano y salvo.

Durante el viaje le contó a su familia las maravillas de vivir en el Caribe.  El sol, la playa, la brisa, un clima espectacular. No más abrigos, no más nieve y sobre todo no más botas.  Eso de no utilizar más botas a su mujer le fascinó. Si alguna cosa odiaba era ponerse y quitarse las malditas botas de invierno. Sus hijos fascinados con la idea. Acostumbrados a vivir entre edificios, esta experiencia les parecía que se convertirían en los personajes de la serie de televisión Flipper. Les anunció que a través de un amigo había conseguido la casa ideal. Hasta ahí todo pintaba muy bien, parecía que “brincar el charco” era una buena idea.

Felices “brincaron el charco”, llegaron a la casa enclavada en un pueblito costero. Su patio colindaba con una gran plantación de caña de azúcar. Para salir del pueblo había que hacer tres cambios en un tipo de taxi compartido. Como podrán imaginar la gringa no estaba feliz. Los mosquitos los atacaban con fuerza. Estos aparentemente les daban más fuerte a los que recién llegaban de “brincar el charco”

Una mañana después de una noche de tormenta, la gringa se levantó a gritos, 

̶ El “chalco, el chalco”, ̶ decía

Todos se levantaron corriendo para darse cuenta de que, al poner los pies en el suelo, el agua les llegaba sobre las rodillas. Eso que aquella casa estaba enclavada sobre columnas de algunos cinco pies de alto. 

Julián y su familia pasaron tres días en el tejado de la casa. Vieron como el charco arropaba todo el pueblo y que su corriente arrastraba cuanta cosa había en su paso.  Autos, vacas, cerdos y hasta la maquinaria en la cual Julián, invirtió todos sus ahorros, flotaban en aquel inmenso charco.  La gringa “brinco el charco” de vuelta con sus hijos.  Julián nunca se recuperó y curiosamente ahogó sus penas en un charco de alcohol.