Aquella mañana de domingo el servicio religioso era a las 11. La comunidad de Los Hermanos de los Últimos Días estaba a rebosar. Me senté hacia la mitad y reservé sitio para Grow. Era un edificio de madera blanco donde entraba luz por todos lados ubicado cerca de una gasolinera a la salida de Vilanova. Alguien se deslizo a mi lado, era él. Vestía con su clásica gabardina pero su botella de Letona no estaba en su bolsillo exterior, se había peinado con esa brillantina que le daba un aire de despistado y matoncillo de los años 50. Mi móvil sonó muy suave:

#Estoy a tu lado, pero hay mucha gente. Será difícil intuir cual es. Me giré y le dije.

Deja los tuits, estamos al lado. La ceremonia fue larguísima, antes de terminar salimos para encontrar un sitio desde donde ver. Mientras abandonaban la iglesia, Grow tomaba notas. Pero eran todos parroquianos. El de vez en cuando decía aquel, y aquel y el otro. Yo disimuladamente sacaba fotos con mi móvil. Luego fuimos a un bar allí cerca y el ritual de la leche con menta comenzó. Yo estaba aburrido de esta historia y le dije:

—Así no llegaremos a ninguna parte. Él jugaba con las 20 fotos que le había pasado, calibrando caras y se inventaba historias, pero no sabíamos nada de aquellas personas.

—Estamos sin hilo —exclamé

—Mira ese —Grow me señalo uno que había entrado al bar y se sentó en la otra esquina. Coincide con uno de los 20 de las fotos. ¡Era verdad!, pero después de varios años de ver a mi amigo, a veces pensaba que descarriaba. Toma, pídele fuego —agregó. Un cigarrillo pasó de su mano a la mía. Yo hace años que no fumaba. Me puse de pie y fui directo. El saco un mechero nacarado de los antiguos. Dije:

—Soy J. rick

—Nic Saylor —respondió. Hablamos de la religión, de que yo era nuevo por allí, y que el venia seguido, que Dios nos llamaría a todos para que el cielo se abriera y viviéramos felices.

—Esta congregación tiene muchas mujeres —agregué, como si fuera un ligoncillo de misas y sexo. Sus ojos dieron un destello muy suave, que tan solo j rick lo entendía. Luego dije: veo que lee a j re crivello. ¿Él vive aquí? ¿Le conoce?

—Sé dónde compra el pan. Esboce una retirada con ya nos veremos por aquí. Al regresar a la mesa Grow disimuló y yo dije tan solo:

—Es él. Grow contesto

—El mata meretrices para agregar: наши заслуги религии (1)

—¿Porque nuestras? –pregunte

—Ahora somos de esta congregación. El tipo pasó delante de nosotros y nos saludó. Nic Saylor al salir a la calle, pensaba: “esos son los dos locos de la botella de leche con menta” y se encaminó hacia una calle que subía en dirección a la montaña, se detuvo en la Quilmesita compró pan y desapareció.

—Consultaré con el comandante —dije antes de despedirnos. Grow se marchó hacia su pueblo, yo llamé a un amigo para pedir las llaves para entrar al Museo Balaguer. De su parte pude escuchar varios gritos, y una respuesta.

—¡Otra vez! ¡Ahora que esta calmado! y quedó en dejármelas para la noche siguiente.

Un tuit de Grow entro en mi móvil, en el que recordaba la descripción de El Comandante,

# Un traje militar gris con botones dorados y en sus hombros unas charreteras del mismo color rodeadas de hilos que se despegaban suaves de su centro. Esta vez no tenía puesta su gorra militar, lo cual me permitía ver dos surcos de piel y una ola de cabello gris ondulado. Tampoco llevaba condecoración, ni fajín y estaba más sucio y demacrado; además en la parte de arriba, su camisa estaba abierta. Pero su rabia y malhumor –pude comprobar nuevamente, no decaían.

#Si, es así —respondí.

Nota:

(1) Nuestras meretrices de la religión