Amanecer en Marte (enviado por mi amigo Durc desde allí en 2080)

“Acabamos de matar un mamut en una cacería tan afortunada que ni un solo hombre ha resultado herido. Los espíritus están complacidos con nosotros, no furiosos”

El confundido jefe meneó la cabeza. “¡Espíritus! No comprendo a los espíritus” pág. 304. El clan del Oso Cavernario. Jean M. Auel

El programa de ir a Marte en 2026 aceptó mi candidatura, ¡aquel día fue el más feliz de mi vida! De los 10 primeros, dos se quedarían definitivamente y tenía el convencimiento que yo estaría allí. Al regresar a casa esa noche, aun con dudas me senté frente a mi portátil. ¿Qué hacer? Sonó un clic y despeje mis miedos. La carpeta 2080 se abrió. ¿Tendría un email?

Un video grabado en Marte de mi amigo Durc le mostraba con sus primeros frutales y su inmensa alegría. ¿Llegaría a verle casi al final de mi vida? No quise preguntar desde cuando estaba allí, pero intuía que coincidiríamos alrededor de 2050. Escribí:

Estoy en el programa a Marte, sale en el 2026. Nos veremos. Luego mire la parte final del video, entre risas hablaba del silencio del planeta, y de sus espíritus indomables. Se estará desequilibrando —pensé. Pues en el programa 2026 hablaban mucho de esto. Y de que habría leyes especiales allí. Pero luego dijo: los vientos sin parar crean identidades mentales que intentan secuestrarnos, pero las plantas son tan sabias. Marte, te confieso: Será un planeta que terminará siendo verde. Y la comunicación se cortó.

Reflexione largamente en los espíritus. Mi abuela creía en ellos, los invocaba y mantenía una relación estrecha. Estarían los mismos allí. Tal vez iban en nuestra cabeza. Las preguntas se agolpaban. Como el confundido jefe, prefería no entender a los espíritus. Desde que dejamos de ser monos, aparecieron.

Estaban…