En el Carnaval de Vilanova se abre paso el debate entre el modelo propio o el de Sitges que atrae espectadores. Es discutir si visitas una ciudad una vez al año, echas fotos y vez pasar carrozas por doquier o el ejemplo vilanoví de participación, sátira, debate y cierta rebeldía contra el orden establecido.

En ambos modelos late la participación, cuando hace unos días unos amigos que viven en Barcelona anunciaron que nos visitaban no pude menos que preguntarme: ¿saben en lo que se están metiendo?

Por ejemplo, los ríos de caramelos pegados en la acera o en las calles que te destrozan los zapatos formando una capa que asusta al que viene de fuera. No, este carnaval no está hecho para las visitas de japos, ni siquiera para las de Barcelona. Es un compendio de técnicas trabajadas durante años en los cuales cada habitante de este pueblo despierta 5 días y se transforma. Ayer, por magia, al asomarme pude ver que los vecinos cubrían sus balcones con caramelos de papel, con mantones y sombreros y el colorido despejaba los días grandes.

¿La sátira? En los videos de la tele del pueblo ayer ganaría la agrupación antifacista. No dejaba de sorprenderme que el escenario fuera un coctel de antifascismo como si estuviéramos al final de la democracia. En Sitges nuestra competidora, tal vez estarían preparando las mejores lentejuelas y plumas.

¿Diferencias? En los años de la monetización de cada cosa que hacemos, tal vez Vilanova aun resiste a un carnaval popular participativo pero sin guiños al turista.

¡Vamos! Nos vemos el lunes… ¡Feliz Carnaval!