Comenzamos la 4ta semana de encierro, este diario lleva ya 12 páginas y 5000 palabras. Lo han leído casi mil personas. Lo que ha comenzado como una peripecia que comencé a escribir en el móvil mientras esperaba a un familiar en la estación de tren que escapaba de la zona caliente de Italia; justo el día anterior habían decretado el cierre de fronteras, ha cambiado a ser una escritura que parte de lo que escucha y ve en las fronteras más allá de mi universo familiar.

No me engaño, como escritor y editor, el relato realista tiene sus límites como los números fríos de los fallecidos.

#El virus nos ha puesto ante la gélida cifra. Ante el recuento pavoroso de nuestra debilidad.

Ayer hablaba con mi hijo que pasa el encierro solo en su piso de Madrid, esta crisis ha dejado en islas a cientos de personas.

#Desde esas islas comunican con otras islas. Roto el contacto social, aparecemos como sumergidos en maletas personales sometidas a la furia de decisiones ilógicas.

Esta crisis me recuerda a mis 19 y 20 años cuando divague por 25 países sin rumbo y atento a los cambios que el azar me deparaba cada día. Y el azar me correspondía.

#debemos salir ya muy pronto. Debemos abandonar nuestras islas ya muy pronto.

#Cuando a las 20 salgo al balcón con mi mujer y veo a mis vecinas/nos aplaudir, esas islas hablan de futuro. Y más, de las dos vecinas que tienen 90 años y están en la casa de enfrente y su cuidadora les acompaña. Y ríen y aplauden como fe conmoviéndome cada tarde.

#Debemos salir muy pronto.

Nota: Debo confesar que escribo desde un estudio que da a la calle, y si soy conocido por mis vecinos, pocos saben que soy escritor. A ellos ahora les veo sus caras como nunca habia ocurrido antes. Y los 100 metros de calle estan llenos los balcones, solo hay dos casas de dos alturas, las de mis vecinas de 90 y nosotros, los demas son edificios de 5 plantas. Las islas estan saliendo poco a poco de su refugio.