Salvador Dalí Sueño…

“G… ha coqueteado con su vecino, incluso ha llegado a ofrecerle su fotografía y su dirección –aunque en tono desdeñoso es cierto-. Estamos delante de la Estación del norte. Cojo un bote de cola y furioso, embadurno la cara de G… después le hundo el pincel en la boca. Su pasividad aumenta mi cólera, la tiro por las escaleras y su cabeza resuena sobre la piedra. Me precipito a ella y constato que está muerta. La cojo entonces en mis brazos y voy en busca de una farmacia” pág 75 Paul Eluard y Gala. (1)

Este sueño aparece Les dessous d`une vie ou la pyramide humaine, de Paul Eluard, y refleja un lejano 1925 cuando Gala es su esposa. Alguno exclamará: ¡la Gala de Dalí! Ver los sueños de un tercero sobre la imagen de otro es una tarea de un escritor. Los sueños son creaciones donde mezclamos sugerencias, temores, e inclusive anticipaciones y por supuesto turbaciones. En este aparecen los temores de Eluard respecto de su amor, en las anticipaciones, mi madre era una especialista fabricaba sueños que adjudicaba a lo que pasará en el futuro.

Anoche tuve un sueño, siempre tengo mínimo dos, uno sobre las tres y otro sobre las seis. Lo sé porque me despierto y miro mi reloj, el constata mi turbación. En este sueño aparecía un familiar con tres mujeres y debía elegir una de ellas. O… yo intuía que ese era el momento, mientras el hacía cosas, por mi parte en la conversación con ellas descubría la personalidad de cada una de esas prima dona. Cuando desperté aun luchaba por saber quién sería la elegida por mi familiar. Solo apareció una pista, una de ellas menciono algo como si ella fuera la más decidida que aquella alianza y que le pertenecería en el futuro.

Tal vez los sueños —regresando al de Paul Eluard, expresen alianzas presentes y futuras que intuimos y a veces agregamos temores o una anticipación de cómo se resolverán. Y por ello me pregunto: ¿las alianzas emocionales tal vez sean la base de nuestro existir?

Cuando éramos monos mandaba el clan y las luchas por la jerarquía. Ahora ya humanos, la libertad que nos rodea estimula alianzas para sobrevivir, para amar, para tener hijos, para emprender, etc., cada una de ellas nos hace más humanos y menos animales. Cada una de ellas es el termómetro que dirige nuestra sociedad. Cuando leo a intelectuales de izquierda hablar del capitalismo como esa cosa demoniaca que nos lleva al fin, parece que no han pensado en las alianzas emocionales. En el verdadero fermento de la historia.

O, ¿no han tenido sueños?

Uno de los poemas de la época nos muestra a Paul Eluard y su frustración

“Me he encerrado en mi amor, sueño.

¿Quién de los dos inventó al otro?

Rostro horadador de murallas. (…)

Notas:

En mi escalera biblioteca, está este libro ya descatalogado. Gala, Chantal Vieuille, 1988

Nota 2:

Eugène-Émile-Paul Grindel (Saint-Denis, 14 de diciembre de 1895 – 18 de noviembre de 1952), conocido como Paul Éluard, fue un poeta francés que cultivó de manera significativa el dadaísmo y el surrealismo.

Después de una infancia feliz, se vio afectado por una tuberculosis que lo obligó a interrumpir sus estudios. Fue movilizado como enfermero durante la Primera Guerra Mundial. En Suiza, en el sanatorio de Davos, conoció a Gala, con la que se casó en 1917, y comenzó a escribir sus primeros poemas. Su primer libro, publicado al final de la contienda, fue El deber y la inquietud (1917). En 1918, Jean Paulhan lo descubre y lo asistirá durante toda su vida. Le presentó a André Breton y Louis Aragon, con el que mantendrá toda su vida una relación muy profunda pero también conflictiva (siempre alrededor del comunismo). Entró en el grupo dadaísta en Toulon. Su contribución al dadaísmo comienza antes de la llegada de este a París. Como Tristan Tzara estaba todavía en Zúrich, editaron conjuntamente cuatro carteles, que difunden por la ciudad a 1000 ejemplares cada uno.

Tras una crisis conyugal, comienza una vuelta al mundo que termina en 1924. Sus poemas de entonces (L’Amour la poésie) son el testimonio de una época difícil: recaída tuberculosa y separación de Gala, que se convierte en la Egeria de Salvador Dalí con ocasión de unas vacaciones comunes de las dos parejas en la casa de Dalí en Cadaqués, transformada hoy en museo.