Banksy grafitero

“La historia tiene su verdad, la leyenda la suya… lo que inventó la fábula lo reproduce a veces la Historia”. Victor Hugo

La Revolución palabra trasnochada que ahora parece una antigualla. Aparece en las grandes crisis, se llama a sí misma la dueña de las capacidades para transformarnos. Pero acaba ciega y maldita, otras veces embrujada por los que la crearon que divagan entre el cambio o apoderarse de las joyas del Estado.

La revolución comenzó a entenderse como tal cuando comienza la Edad Contemporánea y la Revolución Francesa, fue un: “14 de julio el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y, ante el temor de que las tropas reales los detuvieran, asaltaron la fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico, pero también punto estratégico del plan de represión de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios obreros. Tras cuatro horas de combate, los insurgentes tomaron la prisión, matando a su gobernador, el marqués Bernard de Launay. Si bien solo cuatro presos fueron liberados, la Bastilla se convirtió en un potente símbolo de todo lo que resultaba despreciable en el Antiguo Régimen. (Wickipedia)

Los que vivimos la década del 60/70, la revolución era la posibilidad real del cambio. Un joven no imaginaba una sociedad futura sin participar de este sueño del cambio fantástico. Y figuras míticas como el Che Guevara o la guerra de Vietnam acentuaban esta idea “del terror como mal necesario y eficaz”. (1) Y, cada sueño, tiene sus funcionarios, aquellos que están dispuestos a dirigirla y vivir solo para ello. No citaré los panteones de jacobinos que tiene el mundo, España tiene dos jacobinos del mismo nombre Pablo Iglesias del Psoe del siglo pasado y el actual vicepresidente del gobierno español.

En suma, hemos vivido cercados (atrapados) por la idea que los intelectuales no podíamos ser no-revolucionarios, pues iríamos al panteón de los derechistas, un frio y lúgubre espacio donde los reaccionarios no se merecen la gloria.

“El futuro está con nosotros”, en esta frase distopica de Pedro Sánchez se condensa su manera de ver la historia y con ella los intereses agrupados en estas personalidades acostumbradas al señuelo que los convierte en bolcheviques aceptados y refrendados.

Pero el mito se ha hundido, solo son frases vacías y añejas que ya solo se repiten para la feligresía que asiste a las misas-jam sesión de los políticos de izquierda.

¿Nos hemos liberado? Si! Los pensadores ya no estamos atados a esas pestilentes bobadas del futuro. Solo pensamos críticamente el presente y a lo sumo la reflexión nos empuja desde el pasado para reformar con acuerdos en una sociedad democrática sometida al juego de las influencias.

Chau, Revolución. Oh Dios!… ¡Que libre soy!

Nota:

No deja de causarme zozobra ver a las ministras socialistas cuando se visten de rojo y los hombres ministros van de traje.

  • Pág, 73 Historia de la Revolución, L. Blanc (Mitos de la Revolución Francesa, Alice Gerard)