Agosto- 20 Betriz Osornio Morales

Baudelaire

Charles Baudelaire

Baudelaire

“¿Puede siquiera verificar la vivacidad y el alcance de su inteligencia?”

¿Ya leyeron el libro titulado “Baudelaire” que escribiera Jean Paul Sartre? sí, Sartre mismo.

Yo tengo un volumen de las obras de Baudelaire en mi mesita de centro, siempre disponible a mis caprichos. Lo leo por capricho, ahora ya saben mi secreto. 

Me encanta leer la obra de Baudelaire pero me gusta leerla sin mucho interés, si lo leo con interés, involuntariamente crea expectativas, y esa expectativa sempre me deja un saborcito a desilusión ¿saben?

Así que cada vez que me siento en el sofá, Baudelaire está allí, y me mira desde la portada, provocativo, asustadizo  a veces si se cerciora que soy mujer, silencioso otras. Obviamente no abro el libro cada vez que me percato de su presencia, pero cuando lo hago, es de forma casual.  Abro el volumen en alguna página al azar, leo unas líneas como diciendo,  pues qué me cuentas hoy. Entonces  me doy cuenta de lo placentero que es ese momento, una voz bien calibrada al extremo de que a veces lo encuentro hermético, sus frases creadas en una tensión de fuerzas opuestas,  así lo siento.  Sus pequeños poemas en prosa, sus ensayos sobre el hachís y los paraísos artificiales, qué buenos son.  En las flores del mal no encuentro la complicidad frecuentemente, y no podría decir con exactitud porqué, pero me aventuro a mencionar el uso culposo,  excesivo en mi opinión, de los adjetivos.

Bueno, pero no es ese volumen de lo que hablaba al principio. Encontré entre los archivos, en una memoria, el libro en pdf “Baudelaire” donde J. P. Sartre nos desvela un Baudelaire bastante complicado. Aún más complicado de lo hermética que a mí me ha resultado muchas veces la lectura de su poesía. Y es que es imposible no sentir sus ojos juiciosos entrar por la mirilla de la habitación, despojando de la voz propia, como de las resistencias de la carne, su caricia no es una invitación, los encuentros de Baudelaire no son actos mutuos. ¿A los lectores varones les sucede lo mismo?

Me gusta la parte en que Sartre habla sobre la infancia de Baudelaire, los momentos tortuosos en que el niño de entre siete y ocho años, se da cuenta de que él es él,  y es distinto a su madre, a quien antes de que se volviera a casar idolatraba, ahora es distinto a los demás.

Quizá no sea extraño que el individuo se encuentre como tal, en un momento de desilusión, es forzado por las circunstancias a verse a sí mismo como individuo,  pues no es sencillo romper los lazos afectivos por voluntad, (nacemos con el cordón umbilical aún conectado a la madre) mucho menos a temprana edad, cuando la realidad que se va descubriendo paulatinamente, tiene que ver todavía con el pequeño universo del niño y la familia, en este caso, la madre.

“’Por un movimiento inverso, pero que conspira en el mismo sentido, Baudelaire querrá hacerse solapado cómplice de su conciencia reflejada contra su conciencia reflexiva : cuando cesa de martirizarse es porque trata de asombrarse a sí mismo. Fingirá una espontaneidad desconcertante, simulará abandonarse a los impulsos más gratuitos para erguirse de improviso frente a su propia mirada, como un objeto opaco e imprevisible, en una palabra, como Otro distinto de sí mismo”. pg. 24

Una especie de personaje en construcción, reflejo de sí mismo. Lo que es y lo que él percibe de sí mismo. Lo que somos y lo que llegamos a ser. 

El riesgo de verse a uno mismo como alguien distinto de sí mismo, es que conlleva  cierto grado de expectativa, uno espera descubrir el ser que se cree  ser, y muchas veces, el ser que somos no concuerda con lo que pensamos, sino que puede ser lo opuesto. Los resultados pueden ser desastrosos y hasta lamentables: “Baudelaire es el hombre que ha elegido verse como si fuera otro ; su vida no es sino la historia de este fracaso.”

Esto me vuelve a lo que mencioné al principio, que es mejor no crearse expectativas sobre una lectura y mucho menos sobre sí mismos,  a veces es mejor leer sin mucho interés. Dejar que las líneas mismas empapen la realidad, sin afanarse demasiado en racionalizarlo mucho. Es lo que me pasa con este autor.

Al parecer Baudelaire, llegó, como muchos, a un estado trágico de su propia existencia, lo expone Sartre de esta forma en su estudio sobre Baudelaire pg. 26 en un fragmento de una carta a su madre.

“Me mato —escribe en su famosa carta de 1845—, porque soy inútil a los demás y peligroso para mí mismo.”  Visión que al parecer era filtrada por sus estados de ánimo, que por lo demás eran cambiantes, y muchas veces contradictorios. A veces se lamentaba de no ser un hombre independiente económicamente, un hombre de acción, y otras veces, se consideraba un personaje contemplativo.“Hay naturalezas puramente contemplativas y absolutamente impropias para la acción que, sin embargo, bajo un impulso misterioso y desconocido, obran a veces con una rapidez de la que ellas mismas se hubieran creído incapaces.. . [esas almas] incapaces de realizar las cosas más simples y más necesarias, encuentran en cierto momento un coraje de lujo para ejecutar los actos má s absurdos y a menudo los más peligrosos”  y este era el ritmo de Baudelaire, un ritmo que está por demás suponer, no era placentero en absoluto, sino que a menudo lo llevaría a sentir que toda acción, después de análisis extenuantes, que ejecutaría al descuido de su lucidez, resultaría en una sensación de absurdo.

Por medio de Jean Paul Sartre, me he acercado mejor a la perspectiva Baudeleriana, a decir verdad, me ha explicado la razón de mis caprichos y concuerdo. La visión de su obra continuará siendo para mí elemental. Baudelaire, la obra,  es de mi casa, cohabitamos en ese paisaje de fuerzas contrarias, con que el mundo se nos regala o lo conquistamos. En cuanto a Baudelaire, el hombre, se lo dejo a Sartre, con la sagacidad y con la complicidad con la que se habla de quien tiene cosas en común, pues cabe recordar que, ambos pierden a la figura paterna en la infancia y crecen muy cercanos a la figura materna.

Gaston Bachelard en su estudio sobre El Aire y los Sueños, menciona el poder de la imagen Baudelairiana como la unión estrecha de fuerzas materiales en la imaginación bien anudadas, en contraste con la etereidad del poeta Shelley: “Al seguir las líneas de las imágenes Baudelerianas, se desciende hasta las criptas de los sentidos para encontrar la unidad en lo profundo y en la noche” pg. 68 el poder de sus imágenes llevan a descender… y no solamente eso, sino que tienen sus imágenes el poder de condensar:  “Si la correspondencia Baudelairiana es el reino de la imaginación material, la correspondencia de Shelley es el reino de la imaginación dinámica.”

Mientras que Sartre trata la obra de Baudelaire a través de la persona, Bachelard trata con su poética directamente el sentido cosmogónico de la obra. Y sin embargo, en mi opinión esos dos aspectos confluyen en un todo cuando se trata de la experiencia del libro.

Beatriz Osornio Morales. Imagen de Pinterest.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gracias Juan, espero que sigas disfrutando este Agosto fuera de lo común. Salud!

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