La degradación de nuestro planeta: Potlach

Una afirmación tal como: “en el año 2040 según nuestros cálculos el Aeropuerto de Barcelona quedará bajo el mar por el avance de “x” metros producido por el calentamiento global” dejo a mis contertulios en una fiesta donde la mayoría eran profesionales de clase media acomodada en Barcelona con una cierta perplejidad. Luego su reacción fue que lo que estamos haciendo no está bien, pero que en 20 años el aeropuerto con 55 millones de visitantes quedará inservible no encajaba en sus parámetros.

En este momento nos encontramos, en el cual el calentamiento global esta tan cercano pero a la vez tan alejado de nuestras prioridades. En la encuesta de El Pais de hoy, entre 8000 europeos aparece como segunda prioridad por primera vez detrás de la emigración. Los europeos temen a los que vendrán desde fuera, pero no temen al calentamiento y la degradación del planeta y aún menos a la Inteligencia Artificial que atrapara poder y condicionará nuestras vidas.

Dice Marvin Harris(1) que “entre los amerindios en las regiones costeras del sur de Alaska. […] Los buscadores de status practicaban lo que parece ser una forma maniaca de consumo y despilfarro conspicuos conocida como Potlach. El objeto del potlach era donar o destruir más riqueza que el rival. Si el donante del potlach era un jefe poderoso, podía intentar avergonzar a sus rivales y alcanzar admiración eterna entre sus seguidores destruyendo alimentos, ropas y dinero”

Y en esta situación nos encontramos, en la civilización del potlach, en la cual todos rivalizamos por consumir, que es una manera de destruir la naturaleza y rodearnos de una masa gigantesca de deshechos.

Mis contertulios del sábado eran unos 60 % ingleses y los restantes españoles(o catalanes) La fiebre nos ha acercado a ellos, ahora somos europeos, pero ellos están dejando de ser europeos. Con ello quiero señalar que las prioridades siguen estando desajustadas con respecto a lo que se avecina mientras estamos sometidos al consumo autodestructivo por el impulso al prestigio que nos domina. Actuamos como los jefes de esas tribus imbuidos por el espíritu potlach y con ello invitamos a nuestro huésped a una carrera por la emulación, según M. Harris: “El jefe huésped y sus seguidores prometían desquitarse. Y con ello preparaban la siguiente fiesta potlach de consumo”.

Notas:

  • Pág. 105, Vacas, cerdos, guerras y brujas. Marvin Harris.

A partir del siglo XIX, los pueblos que practicaban el potlatch, y en particular los kwakiutl, comenzaron a comerciar con los europeos, lo que supuso un gran aumento de su riqueza, al mismo tiempo que disminuía drásticamente su población debido a las nuevas enfermedades que éstos introdujeron. Ello estimuló una intensa competencia por el prestigio, hasta el punto de que los kwakiult comenzaron no sólo a regalar bienes como mantas y piezas de cobre, sino incluso a destruirlos. En algunos casos, los anfitriones destruían la mayor parte de sus propiedades, e incluso llegaron a quemar sus casas. Este hecho produjo el que algunos estudiosos llegaran a considerar estas prácticas como comportamientos económicamente derrochadores, resultado de un impulso irracional de búsqueda de estatus y prestigio. (Fuente wicki)