Déjame Sola: 5 formas de escribir y cocinar la pasta – by j re crivello

by Andrea Kowch

Capitulo escrito a las 6:56 de la mañana de este miércoles

Delia Z. comenzó a preparar unos spaghetti al estilo de Nápoles, hoy venia un nuevo amigo, y quería sorprenderle. Este intento de encontrar su hombre, una decisión tan personal le mantenía en otra visión. Ya había logrado vender la patente de Déjame Sola, su ron más famoso, había pagado con ello las deudas y su cuenta en el banco era sólida. Por sus recuerdos pasaban muchas cosas, la muerte prematura de sus dos padres y su abuela Mar Z. a quien visitaba de tanto en tanto. En los hombres no era un problema de modales rudos o delicados, sino que ellos aceptaran nuestro rol. Que éramos el 50 % de la sociedad y los lugares subalternos ya no nos cabían. Casi se le escapo un insulto ante tal situación femenina.

Puso la mozarella y todas las hierbas en un recipiente, luego calentó el aceite de oliva y lo volcó en ese recipiente y agregó un toque de pimienta negra. Al llegar el momento de comer herviría la pasta y la mezclaría con esta salsa tan magra. Estos spaghetti se hacían en Ponzano, en el Veneto. Estuvo allí hace unos años y le cautivo sus laderas perfiladas y su gente tan emprendedora y con canciones que amaban la vida.

Preparó la mesa, dispuso de un mantel rojo y copas de cristal. ¿Sería este tipo como ponía en la red de una amiga? Alto, de casi 40, con dos ojos negros como puntas de carbón. Su nueva terapeuta le aconsejaba elegir a sus ligues repasando cuidadosamente los datos que aparecían en la red. Miro, espió y dedujo que sus actividades al aire libre en una localidad del norte de Cataluña encajaban en sus deseos. ¿Follar ya, o dejar pasar la primera cita? Eso le traía de cabeza. Se detenía en repasar las fotos del comedor, ¿las dejaba o las ocultaba? Fue hasta la destilería, ahora con sus nuevos recursos había adaptado la zona del gallinero, un amplio galpón de 30 de largo por 20 de ancho, se lo habían pintado todo de blanco con unos respiraderos en los laterales del techo que filtraban el sol, y allí mantenía todos sus caldos para las mezclas. Al final del hangar, pues así lo parece, dispuso una base un poco elevada para carga y descarga desde donde distribuía a medio mundo. Decidió renunciar a la distribución puerta a puerta y servía su ron y su ginebra nueva en cajas de uno o cinco botellas. Lo suyo    —pensó era para exquisitos y como tal solo entregaba a través de la web y en una red de socios.

Regreso hasta el comedor y dejo sobre la mesa dos botellas de su Gin “Anima bendita”, era un preparado tan nuevo que se enorgullecía. Si —se ilusionó. Serán dos copitas antes de comenzar como si un vaso de ginebra pequeño les abriera al mundo de la pasta. Luego consulto por su móvil su escritor preferido, J re colgaba hoy un texto que ponía 5 formas de escribir y hacer la pasta. Sonrió. El timbre le sacó de sus ideas, al abrir un tipo ágil y con ojos vivos la saluda. Era j. Pinto y Hueces como ponía en su Linkedin. Fabricante de coches a medida. ¡Qué curioso!

—Hola —dijo J Pinto

—Hola, pasa, esta es mi casa. Su terapeuta le aconsejaría, todas las visitas de la selección de hombres en su casa y conectar cámaras, por las dudas a Prosegur. Él le entregó dos rosas rosadas. Y agregó: son nuevas, las cultiva una amiga en Vilasar de Mar. Delia Z. le sirvió una copita de gin.

—Sabe a… yerba buena —dijo él.

Receta de Spaghetti a la Checa (libro Giulano Hazan, la Pasta Clasica)

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