Comienzo un camino difícil (tres artículos) y, es una relectura de algunas páginas de El capital, de Carlos Marx. Aparecen las anotaciones en el lateral, cuando en 1978, lo leí con 23 años y dí varias clases en la Facultad de Economía de Barcelona (catedra de Bernat Muniesa) -j re

¿Cuánto valen?

Una corona. Sofía le va a dar la moneda, y se va a quedar parada con la caja de cerillas en la mano.

Eres la primera persona que me compra alguna cosa desde hace más de 100 años. A veces me muero de hambre, y a veces me muero de frio. Dijo la niña cercana al bosque. El Mundo de Sofia, pág 474, Jostein Gaarder (edición en catalán)

El paso de la sociedad esclavista a la capitalista, descansa en la igualdad de los diferentes trabajos humanos. Dirá Carlos Marx en el Capital, pág. 76, que esta sustancia común se basa en el tiempo de trabajo que late en cada producto mercantil (sea físico o digital agregaremos nosotros).

Los socialdemócratas consideran que el capitalismo es un espacio de desigualdad y algunos asumen que algo vendrá después, pero no han considerado que no hay después. Marx delata esta sociedad, pero nos explica que es la primera en la historia de la civilización humana en generar por primera vez desde la aparición de la razón, de una base común entre todos los seres humanos. Cada trabajador establece un tiempo social para producir y ello es comparable con otros productores.

La desigualdad recae en la floreciente capacidad de considerar que los productos del esfuerzo humano son valorables. Aquí algunos acumulan más capacidades de ahorro o patrimonio que otros. Pero esto no inutiliza el presupuesto clásico.

¿Podemos regresar hacia atrás? Si, podemos fundar sociedades esclavistas. En los próximos años en la colonización espacial aparecerán muchas de ellas, o también crear versiones suaves del estilo feudal.

¿Porque insisto tanto en este aspecto? Primero, para entender que la única sociedad que nos ha permitido zafarnos de la ideología religiosa o fantástica es la capitalista, lo que no se contradice con que algunos sigan elaborando fantasías basadas en una ideología.

Si no existiera esa base común a todos los humanos continuaríamos en sociedades dominadas por Dioses y construidas sobre máquinas de guerra con millones de humanos esclavos.

“El intercambio no podría darse sin la igualdad y a la vez sin la conmensurabilidad” (Aristoteles), citado por Marx en este tema. Con lo cual además seriamos sociedades pobres, sin casi desarrollo tecnológico, ni cultivo de la formación en los humanos. La fuerza del intercambio reside en la mensurabilidad y con ella se ha construido la sociedad basada en la libertad donde fluyen gigantescos millones de productos físicos y un espacio virtual de patrimonio cultural y económico.

Por ello la base de considerar todos los trabajos iguales es la esencia del capitalismo. Alguno dirá pero se escinde en dos clases enfrentadas, este aspecto es puramente marxista, o sea una ideología de los sucesores de Marx quienes se colocan en la esfera de la decisión individual de ser abogados de la clase y deseosos de apropiarse del Estado.