Fetuccine alle Zuchine

“El trabajo de renovación fracasará en todas las categorías, si en todos los centros no se levantan hombres desinteresados dispuestos a trabajar y sacrificarse por el bien común” Mario Draghi (1)

En esta serie, al hablar de ellos, hablamos de nosotros, y al decir nosotros cada uno lo aplica al espacio donde vive. En mi casa, que está en Barcelona. Podría convertir este artículo en un panfleto político o en el clásico de cómo esta Pandemia ha cambiado nuestras vidas. Hace dos días me senté en la Rambla de Vilanova a tomar un helado con mi familia, en un banco pues a las 18 están cerrados los bares. La romería de gente con ganas de hablar o saludarse era constante. Al español medio el cierre de los bares y la sociabilidad le está cayendo muy mal. Como los desórdenes monetarios, de horarios, de afectos a quienes no puede ver o tocar.

Y en esto aparece Draghi y su llamada a salvar la sociedad. Los italianos parecen una sociedad abocada a grandes cambios (como la española en la que vivo), por ejemplo pasaron una hambruna antes del 1920 y una guerra civil no declarada entre 1920 y 1923 que casi funda la Republica roja y acabó en el gobierno fascista. Los españoles su drama es muy conocido, la Guerra civil de 1936/39, la dictadura de Franco de 40 años y una larga tarea de reconciliación en el interior de la propia sociedad. Y algo no referido, pero fue el gran hambre de la Postguerra de los años 1940.

Sabemos de lo que hablamos ¿no? Pero la memoria es frágil y las nuevas generaciones escuchan las llamadas a reinterpretarse como si fueran sonidos que les convocan en su martirio diario (carestía del alquiler, contratos basura, necesidad de beber, salir y reunirse, cansancio ante la presión de la formación continua, etc.)

¿Dónde están esas mujeres y hombres a los que convoca Draghi? Tal vez soportando sus necesidades y huyendo de compromisos ideológicos. Ya no les motivan las guerras tribales. Quieren beber y soñar. Quieren construir espacios de sociabilización y allí meter cuchara. Hablar de ellos es en mi caso como si hablara de marcianos. Los jóvenes españoles han sufrido dos crisis en sus venas (la del 2013 y la del 2020/21).

¿Están dispuestos a sacrificarse? Cuando llego el fascismo al poder en 1923, muchos jóvenes ya se habían marchado lentamente de Italia a América. Los españoles se inmolaron en la guerra fratricida. Dos salidas. Dos momentos.

Ya no tenemos a América, ni una Guerra para ilustrarnos sobre el compromiso ideológico de la bondad fascista o socialista. La llamada del gurú que salvo el Euro, es tecnocrática —dirán los politizados de izquierda, o débil los de la ultraderecha, y consiste en reformar aquello que se está haciendo irrespirable por anquilosado.

Como siempre, en la rambla pude ver muchos jóvenes de 30, arriba y abajo, abajo y arriba. Esta generación europea (los italianos les llamaremos) duda, se mantiene agazapada ante el frio llamado, pero compara con las llamadas del furioso ruso, o el agudo monetarismo chino. España (los italianos del sur) se ha transformado en una sociedad variada, una mezcla de auténticos y venidos de fuera. Latina, rabiosa, golpeada por 4 olas del virus y que ve que de 80 millones de turistas por año vienen 30. Y que ve que su anterior crisis fue de desmontar la industria de la construcción. ¿Hacia donde iremos?, bulle en la cabeza de estos jóvenes.

Me temo que esta segunda crisis nos invita a reinventarnos de nuevo. Será una mezcla de industrias de servicios la salida, y más formación. Hay tanto dinero buscando alternativas que será un boom. Alguno durdará de mi acertijo, tan solo diremos que en la anterior crisis el dinero estaba en casas y pisos, y fue difícil moverlo, ahora está asociado a bajos intereses y libre, o sea se moverá muy rápido.

¿Y los jóvenes? Serán los que decidirán la partida, no hay dudas.

De hecho los italianos del sur ya lo están haciendo: “Uno de cada cuatro españoles, concretamente el 24,9%, se ha visto obligado a cambiar de empleo debido a que la empresa donde trabajaba tuvo que cerrar o acometer despidos a causa de la pandemia, porcentaje que es uno de los más altos del mundo y 6,6 puntos puntos superior a la media europea, según la última oleada del estudio Randstad Workmonitor, elaborada a partir de más de 13.500 encuestas a trabajadores de 33 países

Notas

(1)Link

(2) Según Randstad, cuanto más joven es el trabajador, más optimista es con su futuro laboral, ya que el 63,9% de los españoles menores de 25 años confía en una mejora de las condiciones laborales durante este año, tasa ligeramente superior al 62,9% de los trabajadores de entre 25 y 45 años y bastante por encima del 38,1% de los mayores de 45 años. Ver link