Todos tenemos una madrina. Y las familias de origen italiano como la mía más aún. Esa madrina representa aquel corazón alejado de tener hijos, o moldeado en la lucha individual. Parece que por ello la familia le incluye haciéndole un sobrino (o dos ) para que busque desembarazarse de su soledad. Y a EMMa le pasaron dos. Pero le tocó el díscolo y el bueno, en mi caso representé al díscolo, aquel que su vida transcurría en medio de la familia pero sus padres reñían hasta secarse la garganta. Con lo cual se juntaron dos soledades. En mi caso pude ver alguien que era moderna entre las mujeres. Vivía sola, usaba moto, y visitaba todos los pacientes del pueblo. Era como si ella entrara en las veleidades familiares para proveerles de salud. Y conmigo fue esplendida en regalos. Y establecimos ese dialogo de voz ronca y autonomía. Tenía su propia casa, su propia moto, su propio trabajo y hasta sus propios restaurantes donde comía al mediodía. Y con el tiempo hasta su propia fantasía con el alcohol.

De cabello lacio y canoso, delgada y firme. Con voz ronca y ojos azules intensos, ella nunca perdería el tiempo con un hombre. Sus fieles compañeros, el alcohol y la moto incomodaban a sus enemigos. Surcaba el pueblo como dueña de una nave rasgada del musgo del mar.

Ella lucho en la Segunda Guerra Mundial y aquello le dejo una paga de Italia. O sea, a diferencia de mis Nonas vivió bajo el fascismo. Su insolencia era el contrapunto de su vocación de servicio. Trabajaba de enfermera y era capaz de ponerle una inyección a cualquier hora de domingo   -en su casa y en su cama-. Nada le ataba, o al menos eso creía. Al ser mi madrina, muchas veces visite su extraña casa. Una cama, una nevera antigua y poco más. Comía en el restaurante de un hotel de tres estrellas. Muchas veces subí a su moto. Una Lambretta, de color blanco. En aquellos años no había ninguna mujer que usara moto, ni ningún hombre (su primo Mario) que usara un Ford T de 1920 por el pueblo en 1960.

EMMa, representaba para mí, como apropiarse de los senderos inexpertos y desiguales de un pueblo de provincia.

Una vez por rara casualidad pasados los años, al regresar a su pueblo me encontré con su muerte. Es decir había fallecido y fui a su velatorio. Yo había decidido regresar después de 10 años de exilio y ella intuyéndolo acomodó su muerte a mi llegada. EMMa tenía una especial bondad para criar o ayudar a niños difíciles. Al entrar me topé con uno de ellos –yo era otro; pero en esa senda al más allá ese día intuí que éramos varios, y, llorábamos su particular cruzada para alimentarnos espiritualmente.

Uno de los difíciles, en el velatorio, Ricardito, me entrego una carta. Era un sobre ajado y deslucido, pregunte con un gesto, él insistió en que la leyera. Al final la abrí. Dentro una de ella y mía. No tendría más de 8 años. Aquella mujer terca y tan criticada me había dejado una foto y un papel arrugado. Leí atentamente:

Juan

Estate quieto. Recoge tus cosas. Cómprate una moto. No descuides tu trabajo.

¡Va fan culo!

EMMa

He elegido para ella (y vosotros) esta receta: Pasta alla Boscaiola, que significa “al estilo leñador”, muy como era ella: una leñadora.

Receta

INGREDIENTI

  • 480 g di fettuccine fresche all’uovo
  • 500 g di porcini
  • 300 g di pomodori pelati
  • 100 g di pancetta affumicata
  • 30 g di olive nere
  • 1 cipolla
  • 1 mazzetto di prezzemolo
  • olio extravergine di oliva
  • sale
  • pepe nero

Se il primo passo per realizzare una ricetta di successo è approfittare di ingredienti di stagione, i funghi rappresentano uno degli elementi cardine per preparare ricette vincenti tipicamente autunnali; inoltre, sono versatili e permettono di portare in tavola tanti piatti diversi: antipasti, primi, secondi o contorni.

Questa pasta alla boscaiola è un primo saporito che fa dei porcini freschi uno dei protagonisti della ricetta che ne connotano il sapore; è unpiatto a base di pasta fresca all’uovo condita con un sugo ricco, appagante ed equilibrato.

Oltre ai porcini queste fettuccine si accompagnano infatti a pomodori pelati, striscioline di pancetta affumicata, olive nere snocciolate e un tocco di prezzemolo fresco sminuzzato: tutti ingredienti gustosi e di facile reperibilità.

I pochi e semplici passaggi di questa pasta vi permetteranno di preparare il sugo alla boscaiola in soli 10 minuti. Il risultato sostanzioso sarà ideale per essere condiviso in famiglia o con gli amici, magari in occasione del pranzo della domenica.

Se siete golosi di funghi trovate tante ricette che possono piacervi: da quelle più classiche come i funghi ripieni o trifolati, a quelle più creative come la crostata di polenta con porri e champignon.

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