Imagen libro El escarabajo de oro, Edgar Allan Poe

“Tras ponerme una máscara de seda negra y ceñirme un roquelaire alrededor de mi cuerpo, me dejé llevar apresuradamente hasta mi palazzo” Pág. 77, Edgar Allan Poe, El escarabajo de oro y otros cuentos.

¿Quién no ha estado en Venezia? Allí la intriga se desvanece al verla capturada por turistas. Todos tenemos una Venezia interior, en ese espacio íntimo, que algunos intentan poner en las redes mostrándose al calor de esta nueva ola, basada en si me muestro garantizo la vida. Pero sabemos y si no nos lo dice Poe, que aquella calidad intima al ser salvada de la contemplación, nos asegura una cierta fragilidad.

De ello hablamos, tal vez, de escapar de las figuras de cartón piedra de tele 5, quienes hablan de sus miserias, o sometimientos en público desde hace semanas en un culebrón llamado Rociiito. Nada puede ser más astuto y cruel que el guion de Tele 5, nos dan raciones de mermelada y lo distribuyen durante el día.

Y de fondo aparece el grito de la princesa de San Blas: “por mi familia yo mato”

Frases, historias desfasadas, titubeos y mucha emoción, pero Poe en otro cuento nos recuerda:

“La negrura de la noche eterna me rodeó. Tuve que hacer un esfuerzo para respirar. La intensidad de la negrura parecía oprimirme y asfixiarme”

La diferencia entre nuestra intimidad y lo público nos retrata. Las figuras de cartón piedra hablan a todas horas de historias superpuestas de orgullo, celos y desvergüenza. En las historias de aventuras, aparecen los territorios, las intensas pesquisas que los personajes nos hacemos al ver nuevos espacios que nos atraen al estar en blanco, y que esperan les visitemos y atraigamos sobre nosotros para participar de la intriga.

En la vida se puede optar por ser figura de las redes o despertar lo íntimo y personal y para ser atraído por situaciones no convencionales. Por ello regresamos a d. roccosick, a la aventura, a los largos viajes que nos someten al contraste entre lo íntimo y lo que nos sirve la vida:

“La cena fue alrededor de las nueve y el maître me pidió autorización para compartir mesa con otra persona, pues el salón comedor estaba lleno. Se sentó un hombre mayor con un cierto colorete blanco y unos círculos rojos en el centro de las mejillas. Llevaba una peluca blanca que parecía cubrir su calva, por lo demás su vestimenta era un traje ajado con una camisa de cuello de puntas redondeadas y una corbata a topos. Me dirigió una sonrisa y pidió pavo hervido, mantequilla y mermelada de naranja y una cerveza de 12 grados. Durante largo rato comió con alegría hasta que dijo:

–Cпутник (1). Pude disfrazar mi desconcierto con una leve demostración de simpatía, pero repitió la misma palabra en tono de pregunta: ¿Compañero? Fue mi traducción de la palabra. A lo mejor, es posible, algún día –todos esos pensamientos se agolpaban dentro de mí, pero elegí dar una respuesta más matizada:

–Solo tengo compañeros del colegio.

Nota:

D roccosick, cuentos. J re crivello

Otras interpretaciones de Poe: https://www.verkami.com/projects/30057-poe-no-ha-muerto-la-aventura-es-vivir