“—Hacedme venir a Vitray —dijo—, y decidle que se apreste para un viaje.

Unos instantes después, el hombre que había pedido estaba de pie Frente él, calzado con botas y espuelas.

—Vitray  —dijo, vais a partir inmediatamente para Londres. No os detendréis un instante en el camino. Entregaréis esta carta a milady. “ pág 193, Alejandro Dumas, los tres mosqueteros

Detrás de una carta siempre hay una aventura. Antiguamente las cartas iban y venían con historias personales, intimas. Y en ellas a veces una foto, de una abuela, de una familia. En estos días cumple 30 años mi hijo más joven y aquello nos lleva a las fotografías acumuladas, a los objetos personales, a la crónica de un suceso que todas las familias festejamos cada cierto tiempo.

Y he reflexionado, las fotos ya se dividen en papel y digitales (y he leído que el hambre de Google nos avisa que cuando pasemos de las 15 gigas nos cobrará 1,99 por mes). Mi espíritu rebelde se pregunta, porque no 0,50, ¿de donde sale ese precio? Pero no nos distraigamos. Hablamos de aventuras, de la aventura de la vida y sus reflejos en instantes.

Las imágenes en sepia son demoledoras. Hablan, maldicen, respiran de cariño desde espacios antiguos, o desde una memoria que resiste a este mundo rápido y líquido. Aunque este amor por las imágenes es moderno, solo tiene 100 años, antes los recuerdos orales y luego los escribas dominaban la memoria.

Hace un momento pase por delante de una imagen de mi Nona Francisca y mi nono Juan. Sueltos, muy sueltos los dos, anteceden a Hollywood y su pose provocadora. Me dicen: entre nosotros hay complicidad, amor, sexo. Y ganas de vestir el siglo. La foto tiene 80 años. Detrás también hay una aventura. Salir de Italia antes del fascismo y refundarse.

En Los Tres Mosqueteros hay aventura y silencios, lucha y amistad. También es un alegato contra el poder. En las cartas personales que tanto han surcado los mares había dosis de ternura, de silencios y ambición. Pero, convendremos que… ¡una imagen es tan evocadora!

“Por más esfuerzos que hizo D Ártagnan no pudo saber más sobre sus tres nuevos amigos. Tomó, pues, la decisión de creer para el presente todo cuanto se decía de su pasado”.pág. 107, ob. citada.

Ensimismados como estamos en esta revolución de la imagen y de lo instantáneo, a veces olvidamos de seleccionar los momentos que le contarán a nuestros sucesores desde donde venimos, o porque nuestras decisiones cambiaron sus vidas.

Yo lo hago, por ejemplo incluiré en el regalo de mi hijo un texto que escribí para él hace años. ¿Ud. lo hace?

Frene, detenga su estilo de vida y hágalo slow.  (Pero bueno, dar consejos es muy fácil,,,)