Noviembre de 1946

Mañana termina esta serie amigos, incluirá un debate con Peter Leeson sobre piratas y cooperación y tal vez un texto sobre como escribí esta serie. -j re crivello

–¡Hola! En la puerta de entrada de mi hotel estaba de pie un tipo gigantón con gafas de sol y rasurado al estilo maquina Philishave. Su peinado de nácar muy corto, amarillo y un lunarcito en el lateral de la nariz –del que no había reparado en mi última entrevista me decían que había charla. Salude al Director de la CIA, para Robert Rod aquella era una mañana fresca. En mi caso, Nueva York estaba en marcha desde la noche anterior pues iba a ver el trastero gigante donde guardaba los documentos mi Director y… acumularía en un esfuerzo personal, durante años. Su título, lleva el pomposo nombre de “Grandes almacenes  de Servicios, Reserva y trasteros de N Y”.

– ¿Que quiere? –dije

–Me podría llevar hasta donde están los documentos de… —dijo muy suave el Director de la CIA.

–Coincidimos –respondí, yo le llevo hasta allí y Ud. me da los datos del agente Joannides (1) que operaba con los cubanos. Mi insistencia no dio una solución, y rectifique buscando una colaboración, si el tipo quería visitar nuestra madriguera, preferí preguntar: ¿Qué necesita de allí?

– ¿Tomamos un café? –respondió, como buscando un sitio para conversar. Fui tras él, y dos moles llenas de cemento que le protegían nos siguieron. Entramos a un café asiático. Servían un jarabe hecho en África, que decían mejoraba la baraka (2). Nos sentamos en un estrecho habitáculo de casi un metro, mientras fuera montaban guardia sus colegas que por cierto hablaban con los dos de la CIA que me seguían a todos los sitios donde iba.

–Si Ud. me provee de un gráfico de los pistoleros que asesinaron a Kennedy que creo está en su poder, yo puedo ayudarle a esclarecer este asesinato mirando en nuestra base de datos. —dije sin demasiado convencimiento.

– ¿Cómo conoce que existe ese grafico? —pregunto Rod

–En su momento estaba en manos del gobernador Rockefeller quien pago por el 100 millones de dólares, pero luego le perdimos la pista. No pude menos que preguntarme de donde tenía la información ¡Que estúpido! –pensé, luego razoné. Ellos han oído alguna conversación en un móvil o algún mensaje. Pero no saben dónde está. ¿Por qué este afán de limpiar este asesinato?–pregunté. Luego de años de ocultarlo —agregué

–Ordenes de “el mago”. Debemos hacer accesible la información sobre el complot.

– ¿Obama?

–Sí –respondió. Hasta ese momento no hubiera imaginado al presidente negro de Washington, vestido con un turbante y haciendo favores mentales, pero era africano por una parte y quizás tenía un don. Por ello dije:

–Tenemos el grafico pero no podemos establecer la relación con la cabeza que dio la orden pues pensamos que esa respuesta está en vuestros archivos. Aquel día se cambió el trayecto por la noche y, alguien dio esa orden. Ese factor y esa persona abrieron la puerta al asesino o asesinos. ¿Está de acuerdo en esta línea de trabajo?

–También lo vemos así. Por primera vez el Director de la CIA estaba de acuerdo, ya era un paso —pensé.  ¿Por qué tanto interés en un gráfico que tan solo prueba una hipótesis de trabajo?

–Si casamos ambos ejes, —pude observar como salía su alma política—, estará resuelto un asesinato que resta credibilidad al sistema. La opinión pública piensa que le mato la CIA y la Administración, unidas con una parte de la Mafia.

–La opinión pública a veces es muy sabia –dije. Hace unos días estuve en Dallas ¿Sabe que me llamo la atención de allí? Su cara expreso extrañeza, pero conocía mi visita. En la empalizada detrás de Grassy Knoll, pone: “aquí estaba el otro hombre” escrita en diferentes colores, por ciudadanos anónimos. Y ello me lleva a la misma pregunta, a la que me persigue desde hace meses: ¿Ud. conoce o intuye quien fue el cerebro?

–No, y no creo que tengamos en nuestros archivos el nombre del cerebro. Parecía transmitir una cierta frustración. Se quitó las gafas y por primera vez había un tipo de carne y hueso –dijo: he hablado de este tema con “el mago”, ha firmado una autorización especial para seguir unas líneas de investigación referidas a esos días y las comunicaciones intercambiadas. Estamos sinceramente preocupados ante las teorías de la conspiración que señalan que la catástrofe surgió desde la CIA.

– ¿O fue dirigida? —argumenté. No sé por qué extraña situación ellos no sabían mucho más, estaba por primera vez ante una Agencia que había roto con su pasado, pero que no tenía aún capacidad de conocer los acuerdos de sus anteriores jefes; quienes por su parte, habían borrado las huellas. ¿Estamos ante un Watergate inverso? –pregunte. Su frustración de burócrata ejemplar apareció una y otra vez. Pero quizás observaba la parte en la que siempre habíamos pensado residía nuestra inocencia, considerar, que encontraríamos algún papel comprometedor y ello abriera una vía de investigación hacia el seno de la CIA y nos llevara hasta el cerebro que organizo el complot. ¿Y si no sabían nada? ¡Qué terrible! Tendríamos ante nosotros una investigación donde el cerebro habría engañado hasta al Estado. En ese aspecto mi Director era la pauta de una forma de entender el Complot alejado de del terreno de la especulación. ¿Qué ocurre si Ud. convence a “el mago” y él nos brinda 10 agentes para revisar el material que hay en nuestro poder?, y del cual no tengo tiempo para hacerlo solo –agregue.

–Podría ser

–Pero esos papeles son intocables, son de una fundación que recordará el complot —puntualicé por mi parte.

–Hablare con el mago, y conseguiré otros diez hombres que revisen algunos documentos que intuyo pueden ser comunicaciones de los días previos y están a punto de ser desclasificados al cumplirse 50 años del magnicidio. Le hare llegar un mensaje en los próximos días para empezar —agregó el Director de la CIA. Hice una última pregunta antes de despedirnos

–Esos dos intentos de matarme ¿de dónde provienen? No contesto. Intuí que poseía un cierto conocimiento pero no dominaba aun la totalidad de la Agencia. Me despedí y decidí pasar antes por los Almacenes y hablar con mi Director personalmente. No sabía si estaría de acuerdo con el convenio.

Quedé con mi Director en la terraza de un edifidio y le expliqué el acuerdo. Dijo: 

–Ok. Trabajaremos con la CIA. Estábamos en una terraza llena de grasa de alce. Debajo estaba ocupada por una inmensa fabrica propiedad de un chino que producía potes de glucosa para hacer postres e incluían grasa de este animal para mejorar la textura. El olor que nos rodeaba era a un cierto jarabe de fresa que me daban para la tos en mi niñez. No podíamos movernos pues los barriles desparramados tapaban casi toda la vista al rio. La bruma y el color  de los ocres reinaban a nuestro alrededor. Estos sitios eran los que gustaba mi jefe para quedar y tener largas charlas donde repasaba desde la acción hasta nuestra situación anímica. A pesar de sus casi 90 años se mantenía ágil. En una mano apretaba una botella de anís pacharán, que había comprado en un súper como homenaje a nuestro trabajo en común.

—¡Es la primera vez que estos miserables quieren colaborar! –exclamó mi Director. Intervine para decir que era una orden de “el mago”. Él no se inmuto, y sirvió aquel correoso líquido en dos copas brillantes y con garabatos de lagartos chinos. Venían de regalo con el anís, el chino me dijo que si los utilizaba para disfrutar de la bebida, mis años de vida se extenderían otro siglo más –rió para hacer una mueca agridulce que baño su cara. ¡Que imbécil! –Exclamó ante la idea que era probable que en esa pila de documentos- Que tenemos en aquellos almacenes, haya algo que les interese y en estos años… —confesó arrepentido-, no me haya dado cuenta. Pues bien, ¡dile que sí!. Te ruego que no dejes entrar ni móviles, ni ningún artefacto que les permita copiar los contenidos. Te enviare dos colegas que harán de guardaespaldas, se han retirado hace tres años y desean volver a la acción. Ellos serán los perros de presa que impedirán que nadie salga o entre con ningún documento en su axila. Y sonrió. Estaba distendido, sus ojos brillaban y su mirada directa se atrevió a preguntar: “¿Es Carmen o Elsa?”. Por primera vez me hacia una pregunta personal. Pude pensar que se refería a una competición, a dos yeguas en las que cada interlocutor apostaba. Dije:

– ¡No son dos yeguas! El anís se vació y repetimos otra vez, la humedad se pegaba a los huesos. Nos despedimos y dijo:

–A mí me gusta Carmen.

Notas

(1)Los propios archivos de la CIA son prueba de que Joannides era ‘Howard’. Luis Fernández Rocha, Juan Salvat y otros veteranos de la Dirección Estudiantil cubana, ahora bien establecidas hombres profesionales en Miami, me habló de sus encuentros frecuentes con un hombre de la CIA llamado “Howard” en 1963. Los registros de la Dirección de la Universidad de Miami, su biblioteca de documentos y el trato casi diario del grupo con “Howard” en 1963. Los ex dirigentes, han descrito el acento del Nuevo hombre de la CIA en Nueva York, sus trajes bien cortados, sus rasgos mediterráneos, su formación jurídica, y otras características de Joannides George. El libro 1963 Miami, teléfono y los miembros de la familia Joannides confirman que Joannides vivían en Miami en ese momento. Y su archivo personal, y la CIA especifica que fue responsable para el grupo de estudiantes más grande anticastrista en Miami, que fue el Directorio Estudiantil cubana.

Sin embargo, la posición de la CIA es que George Joannides alias “Howard” no estaba en Miami en 1963, no manejaba los contactos de la agencia con el Directorio Estudiantil cubano, y no puede haber sido incluso una persona real.

(2) Baraka fuente Wickipedia: “La palabra árabe baraka o barakah (بركة) significa «bendición» divina.1 Se emplea en francés y español con el significado de «suerte providencial». En general se dice que alguien «tiene baraka» cuando ha superado favorablemente una situación muy peligrosa. La palabra entró en el idioma francés en tiempos de la colonización francesa de Argelia”.