Estos tres días publicaré por las tardes, Queridos argentinos. Tres textos de tres autores, Verónica Boletta “Querido Alejandro” de La Plata, Juan Luis Henares “El precio de la felicidad” del interior de ese gran país, y en mi caso extranjero de allá de título: Mother. Que lo disfruten J re crivello

Volví al piso de arriba de la gran casona, de entre los papeles allí guardados por mi abuelo, leí un recorte de periódico, decía:

“Objetos, pues. Objetos que cada noche, cuando su esposo de hábitos regulares se metía en la cama, Evita clasificaba y embalaba para después distribuirlos en persona (10.000 paquetes por aquí, 9.000 por allá, 5.000.000 de juguetes para la Navidad de 1947)” (1).

La Fundación llegaría a tener catorce mil empleados y seiscientos millones de dólares a su disposición. En el diario, a veces pulcro de letra redonda tirando hacia arriba pero escrito con lagunas, sin fechas, o en otras en la parte trasera de viejas facturas impresas en los años 50. En una imprenta que ponía Hermanos Carrizo; releo una parte, está escrito en bolígrafo rojo, en el reverso y con una grapa que le sujeta a un  lomo del diario de cuero y tapas hechas de manera manual. No observo ningún hilo conductor, solo su voz que dice:

“La actitud febril y compulsiva de Evita al establecer una carrera contra el reloj entre los años 1949/52 –año de su muerte, en el cual la distribución de todo tipo de compensaciones monetarias o de productos instruyo al régimen, en una suerte de pecado venial, producto de sus incumplimientos enquistados en la maquinaria gubernamental. Deberíamos recordar que el culto a la personalidad de Perón, las vejaciones a la prensa, a los partidos de la oposición y la corrupción formarían parte de esta cara oscura del gobierno” (2). Me detengo y me pregunto en voz alta. ¿Quién permitía que Evita sustituyera a los mecanismos legales del Estado Social, por una suerte de Fundación personal? Aparece en mi mente: Perón. Vuelvo a leer, mi abuelo sigue… “El líder utiliza la capacidad carismática de Evita y la fuerza del Estado para crear una red de clientelismo que coloca al país y a su sociedad en un presente vertiginoso, pero le sitúa fuera del futuro, tanto como una sociedad sin normas ni razón. Por ello el despertar del 55 será de estrepito”. Estas dos últimas palabras aparecen subrayadas. Por primera vez hay una fecha, estos papeles están escritos después de la caída de Perón. No deja de ser una hipótesis, dejo de leer para recordar una anécdota, cuando era joven, una tía me acompaño hasta la orilla de un lago, aplanado en los lados, con poca vegetación y mostrándome unos enormes edificios de ladrillo que parecían hundirse en esa lamina liquida, dijo: “Todo aquello lo hizo Evita y Perón. En su época el pueblo vivía muy bien y la nación era muy rica. En los pasillos del Banco Central se acumulaba el oro” (3).
Pero, los sueños duraron hasta la década del 70. Una generación despertó e hizo acopio del cuento construido en una personalidad fuerte, sencilla y carismática. Su muerte prematura permitió separar al uno del otro. Para ello deberíamos recordar que el General se fue al destierro en el 55 durante 18 años, pero la memoria se enquisto como una vana esperanza. Aunque, en el caso de Evita fuese de oropel y el sándalo, en la realidad murió sola y angustiada.
Y quedo el mito. De un país de riqueza y facilidad en los favores. Me levante y fui hasta la ventana, la calle larga y arbolada en un lado se perdía en el horizonte. Pensé en mi nueva conquista Silvia Lara, desquiciada del Régimen, ella solo intuía una lucha, la de los Montoneros (4). Cada vez que me visitaba, más le amaba y más lejos estaba de sus sueños e ideales. El tiempo se aceleraba y no encontraba asidero en este país donde solo se hablaba del regreso del Mito. Y nadie descubría que ese era un foso que se abriría hasta tragarnos a los amantes (a ella y yo), a todos, salvo a Mother que agruparía los silencios en nuevas intrigas para no aceptar que la ruina solo tiene nombre propio.

¡Ya hay fecha! –exclamó Lara de espaldas mientras preparaba dos sándwiches en la cocina. Intente esquivar su tema, pero insistió. Viene el 20 de junio –insistió-. Es un avión donde regresa lo más granado de nuestra sociedad. Yo estaré en Ezeiza. ¿Vendrás? Su pregunta era un latigazo; esta mañana había recibido carta de Mother y ponía lo mismo ¿iras a recibir al General? ¡Que narices! Me rebelaba contra ese acertijo de buen compañero. Había que hacerle la ola, recibirle, adorarle y luego votarle para despedirnos de un pasado. Solo dije:
—¿Y el futuro? Ella me miro, su media sonrisa me descargo de tanta política. El futuro somos nosotros: ¡los Montos! Le usaremos a él para luego desde el gobierno hacer los cambios. Temía aquel idealismo, le temía a ese tipo de cara picada de viruela y sonrisa facilona del General y lo que es peor le temía al brujo de López Rega y sus secuaces. Asentí con la cabeza. Ella dudo, me pudo haber recriminado pero dejo que aquello se fuera a la mierda y me trajo el sándwich y me beso tierno. Todo se apagaba. El otoño dictaba su vida natural. Acabamos en la cama. Allí sentía su fuerza, su ilusión. Vi que uno de sus muslos estaba contusionado. Le pregunte una y otra vez, antes de dormirse solo dijo: “es el trato con los fierros”.
— ¿Fierros? –exclame. Y dijo algo que me altero, estaba preparándose para entrar en la facción más dura de los Montos, la que manejaba armas.

—¿Y…? —insistí. El silencio la envolvió alrededor de la almohada. Agrego algo más: “nadie conoce mi relación contigo, ni este sitio, por si alguna vez necesito de tu ayuda” Y se durmió. Me puse de pie y desde la ventana le mire un largo rato, piernas de vello rubio, nalgas pequeñas y fuertes, espalda clara y una cabeza dotada de la chispa de la que yo carecía. Luego, sin sueño vague por aquí o allá, hasta releer la carta de Mother, su orden: ¡irás a recibir al General! sonaba con fuerza, casi al final ponía un número de asiento 122. Lo había comprado. Había pagado un asiento en el avión de regreso de Perón y me lo cedía. Ceder y obligar, esa era su norma. Aparte la carta. ¡Que estúpido! Estaba en manos de Mother y un viejo que cantaba canciones de felicidad a un país que necesitaba creer, antes de dar un salto en el Vacío.

Notas:
(1)Eva Perón. La biografía. A Dujovne Ortiz. El País Aguilar Año 1996
(2)El peronismo regresaría al poder 18 años después. Al entrar a una oficina gubernamental para realizar un trámite, aparecerían carteles tales como: “tenga paciencia, tenemos 18 años de atraso”.
(3)Memorias aún por contar. Juan re-crivello

(4) Montoneros fue una organización guerrillera argentina que se autodefinió como peronista, a diferencia de otras organizaciones similares que surgieron entre los años 1960 y 1970 y que sólo reconocían un origen común en el marxismo. Sus miembros la denominaban de forma abreviada como «la Orga»; y también como «La M».

Sus objetivos iniciales fueron la resistencia contra la dictadura autodenominada “Revolución Argentina” (1966-1973), el retorno al país de Juan Domingo Perón y la convocatoria a elecciones libres y sin proscripciones. Luego de que fuera restablecida la democracia y asumiera el presidente electo Héctor José Cámpora el 25 de mayo de 1973, sus acciones políticas, legislativas, culturales, periodísticas, sindicales, barriales, solidarias, etc. se dirigieron a la instauración de un “socialismo nacional”, al que consideraban la evolución natural del peronismo.

A partir del asesinato del dirigente sindical José Ignacio Rucci (septiembre de 1973), cuyos autores últimos se ignoran, se produjo un rechazo cada vez mayor de Perón y por tanto del peronismo, llevándolos a un gradual aislamiento. Pocos días antes, Perón afirmaba en un reportaje: “No hemos conducido nunca el movimiento en una forma rígida ni ajustada (…). Yo permito todo en el movimiento (…). Tenemos hombres de extrema derecha y tenemos hombres de extrema izquierda.” ​, lo que no implicaba aceptar la concepción marxista sobre la “lucha de clases”.

La conducción de Montoneros decidió volver a la clandestinidad, el 6 de septiembre de 1974.​ Un año después, el 8 de septiembre de 1975, fue declarada “ilegal” por el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

La organización fue posteriormente desarticulada por la última dictadura cívico-militar, la cual derrocó a Martínez de Perón el 24 de marzo de 1976 y se mantuvo hasta 1983. (Fuente Wickipedia)