Muchos de nosotros hemos pasado por esas etapas en las cuales percibimos que nuestra vida esta oculta. Que no somos capaces de descifrar en qué dirección vamos. Algunos encuentran consuelo en la bebida o las drogas. Les da el subidón, pero dentro el vacío es demoledor. Ayer mientras descansaba unos minutos puse la televisión, entrevistaban a una de aquellas profesionales del “saber vivir” y aconsejaba que al mirarnos al espejo en lugar de decir ufff! Pronunciáramos un arggg. Y sostenía que modificar las palabras pesimistas por las optimistas también ayuda.

En Soundtrack, la madre de la protagonista se ha pasado alejada de su hija y sin contacto con su marido pues era una actriz famosa que interpretaba papeles aquí o allá. En uno de los últimos capítulos la vida le devuelve lo sembrado. Lo articulado, diremos, como gestas de su vida. Y su hija le refiere que ya no le puede hacer daño, pues ya ella siente que su opinión no es importante.

Siempre desarrollamos nuestras apuestas vitales, y muchas veces nos negamos a valorar si esta o aquella es la correcta.

Vivir es aceptar que cada alternativa debe ser sentida y sopesada, si aceptamos tambalearnos en la oscuridad iremos de un sitio a otro. De un papel y actuación a otra. Tal vez, amigo lector/ra sea más interesante utilizar la tecla suprimir (DEL) del ordenador de nuestras vidas cuando aquello que nos rodea es inservible.

Esta asesora de la tele planteaba que era necesario vivir más horas dentro de lo positivo. Pero si no existieran esas ráfagas de lo negativo no construiríamos los sueños. La oscuridad alumbra el deseo de días magníficos.

Pongámonos en marcha pues. Usemos la oscuridad para crear historias personales felices