Los viernes: ¡exigimos ser amados! By j re crivello

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Como una babosa blanca, la taza del retrete se desliza en la estancia y exige ser amada. (1)

Tal vez respiramos en la búsqueda de un espacio donde considerar que nuestra acción debe ser correspondida. No voy a escribir sobre nada en concreto, diré que cuando era joven y amaba la lenta perdida del tiempo, vivía en una casa a las afueras de Barcelona. Era del otro lado de su montaña más conocida, el Tibidabo. A las dos de la madrugada nos montábamos al último tren que perforaba ese macizo y te dejaba en una pequeña estación al acabar la montaña. La Floresta era el refugio de jóvenes progres o hippies. En ese espacio de verde y pino uno recuperaba la velocidad del otro lado y la cambiaba por la lentitud. No he vuelto a regresar más que en mi imaginación a ese espacio o a lo sumo he pasado por su autopista que lleva hasta Sant Cugat Como dice la Goldberg (2):

Los escritores vivimos dos veces, en la primera hacemos lo que la gente decide vivir y en la segunda tomamos nota de cada recuerdo y recreamos paso a paso aquel material.

En La Floresta vivíamos en una casa donde su retrete estaba debajo de una escalera, solo accedíamos a él en nuestros apuros vitales, para orinar nos colocábamos a un metro y desde allí llegaba nuestro líquido mientras flotaba en el aire. No era limpio, pero en esa época la mugre formaba parte de nuestra delicada manera de vivir. Cuando uno regresa hacia atrás el territorio de la memoria sangra y escupe grandes silencios, pero a veces aparecen estas lagunas en la cual nuestro apetito se sacia de alegría y despreocupación.

¿Exigimos ser amados?

Es notable la imprudencia que guía nuestras vidas, recordare –si Ud. amigo lector me lo permite- uno de mis personajes, Manolo Olguín nos dice:

Le espere toda la tarde, ya harto fui hasta la cocina y me corte un trozo de sandía jugosa. La devore en el alfeizar desde donde podía ver una calle aun sin cemento. Los arboles chisporroteaban aquí o allá. Las mujeres iban a comprar, los viejos del lugar dormían la siesta en sillas olvidadas al azar. No pude ver niños, solo una pareja se besaba con fruición. En dos segundos aquello se perdió. La lluvia barrio la acera, la calle se llenó de barro y las personas buscaron cobijo. De un espacio a otro solo cambiaría aquella tormenta de salitre y espuma. Me detuve a pensar, mientras escuchaba como golpeaban en la puerta: ¿sería ella?:

#La rabia corta como un cuchillo de jamón: mezquindades, caricias o desvelos#

Notas:

(1) Russel Edson, citado en pág. 108 por Natalie Goldberg. El Gozo de escribir. (1)

Hay poetas que se merecen ser conocidos:Russell Edson (1935 – April 29, 2014) was an American poet, novelist, writer and illustrator, and the son of the cartoonist-screenwriter Gus Edson.

He studied art early in life and attended the Art Students League as a teenager. He began publishing poetry in the 1960s. His honors as a poet include a Guggenheim fellowship and several fellowships from the National Endowment for the Arts.

He published numerous collections of prose poetry, short stories and fables, one novel, The Song of Percival Peacock, and The Falling Sickness: A Book of Plays. His most recent book is See Jack (University of Pittsburgh Press, 2009). He lived in Darien, Connecticut with his wife Frances. Fuente Wickipedia

(2)El Gozo de Escribir Natalie Goldberg

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