by Andrea Kowch

Esta semana hablamos de las matemáticas, pero como siempre nos sirven para hablar de la sociedad y de la vida. Me basaré en un libro esplendido que he encontrado en una de las mesas de mi casa (es del Sr. I, mi hijo mayor)

“El Go es un juego de tablero para dos jugadores que apareció en China alrededor del año 2000 a de C. Las fuentes escritas más antiguas que lo mencionan proceden del primer trabajo de historia narrativa de China, Zuo Zhan), donde aparece un hombre del año 548 a. de C que juega al Go. (1)

Este juego se desarrolla en la búsqueda de capturar más territorio que tu oponente rodeando sus piedras. Existen 32.290 aperturas de las cuales solo 920 son correctas. Es tanto o más difícil que jugar al ajedrez.

Pues ayer me visito un amigo que practica el juego del Tinder. Y estaba enamorado y con novia. Y me explico que el juego consiste en encontrar un hombre o una mujer que encaje en tus deseos o viceversa. A él siempre le recomiendo irse a Paraguay pues su estilo de mujer que cultiva el amor está muy justo en nuestro país. Me pueden tildar de machista, pero al escribir me he propuesto decir aquello que otros callan.

El juego del Tinder tiene más aperturas que el Go. ¿Y cuáles son las jugadas acertadas? Tal vez solo lo sabe el algoritmo y sus dueños. Mi amigo me decía que muchas citas se centran en tan solo salir, la cena y si va bien una noche de sexo. “Pero, ¡yo quería más Juan!” —exclama. “¿Más qué?” —pregunto por mi parte.

—Una mujer con quien compartir, con quien hablar. Me importa lo de dentro, no lo exterior  —remata su frase.

—¡Esas personas existen! —exclamé exultante como si fuera un partido de futbol. Tal vez éramos los últimos dos románticos del planeta Tierra.

Una partida típica del go “consta de unos 150 movimientos, con una media de 250 opciones por movimiento” (2) Jugar al Go es difícil, pero jugar a la búsqueda del amor no es menos complejo. Los galanes ya no son como antes y las mujeres “si son divorciadas están quemadas. Yo me especializo en viudas” —dirá mi amigo. Oh! ¡Qué mundo he descubierto! Debo reconocer que a mi edad ese espacio de juego está alejado, al estar estoy enamorado desde hace 40 años. Pero las jóvenes generaciones (o los de 60 como mi amigo) juegan al tinder, que incluye muchas opciones por cada movimiento.

¿Será el amor más complicado que las matemáticas?

Tal vez, mañana regreso con un tal Al-Uqlisi, quién fue el primero que habló de los números que van del 0 al 9 y el separador decimal, en el año 920.

Notas: (1, 2) El libro de las matemáticas. Clifford A. Pickover