Elvira TresDedos – by j re crivello

“¡Yo conozco lo que es un narco!”. Su afirmación me dejo desconcertado. Estábamos instalados en el jardín a media tarde. Elvira TresD se sentaba en un sillón de madera y el sol le daba muy suave. Su blusa suelta y con algún botón sin atar se prolongaba en un vestido color verde claro. En los pies una sandalia se balanceaba una y otra vez.

Pude detenerme un poco más en su cabello, casi pelirrojo, un detalle que se me había escapado en las dos anteriores citas. Le miraba con cuidado pues cada vez que le recorría para tomar un apunte de su físico sentía como ella respondía usando su atractivo, por ello a veces en la entrevista mantenía una cierta distancia fingida. Ante su afirmación le pregunte:

—¿A cuál Narco conoció? A Pachito Montoya, el colombiano que murió alrededor del año 2004. Aquel último día estábamos en plena selva para hacer una entrega. Nunca le acompañe en esos dos años de casados. Solo teníamos un camión, una pista de aterrizaje y el avión que había llegado hacía una hora y ya tenía todo cargado. Pachito guardaba los cinco millones del cobro por la mercancía en un pequeño maletín; sentimos un ruido que venia del interior de la selva pero no le dimos importancia, a los pocos minutos una refriega le tumbo y muchos polis aparecieron a casi doscientos metros, agarre el maletín y corrí desesperada a través de la maleza en dirección al avión que comenzó a corretear. Pude subir con ayuda de los hombres de Pachito. Las balas silbaban a nuestro alrededor y al final de la pista dos jeeps cerraban el paso, el piloto levanto vuelo y sentimos que el aparato se partiría en dos. Ya en el aire me senté en un rincón y llore la muerte de mi esposo.

¿Cómo era él?

—Duro, muy duro. No se quedaba con nada que no lo hubiera trabajado con su gente. La mirada era rígida y su altura no sobresalía de los demás. El negocio se lo compro a otro que escapo de la policía y se especializo en las entregas. Él decía siempre, que era un comisionista, que ponía la rampa para las entregas. Le conocí en una Dancing de Caracas. Esa noche fue majestuosa, con el no hacían falta estimulantes, siempre decíamos que la llamada del sexo es como comer churros con chocolate. Las últimas dos semanas antes de su muerte la presión de la poli era muy grande, pero siempre me decía que moriría en su trabajo y me dejaría una fortuna para gastarme el resto de mi vida.

—Le importa contestarme a una pregunta —dije. Asintió. La brisa le acariciaba y al té con limón y hielo lo sorbía haciendo un leve ruido y dije: ¿Qué entiende por la llamada del sexo? Ella sonrió y cruzó las piernas, sus ojos brillaron.

—Pachito, mi primer marido lo entendía como un golpe de apetitos que uno dejaba escapar cada tanto. “Y Ud.”. Si no hay caricias, no hay lo que debe haber. Para mí es un rito, primero imaginas los churros, luego vez el chocolate y percibes su olor y al mojarlo aquel te gratifica en esa mezcla de dulce y salado y luego nos viene el subidón de su droga, para estallar. Y sorbió lo último del té con menta. Luego no me atreví a mirarla directamente, intuía que estaba en un paisaje que no controlaba. Ella percibió mi dificultad y dijo:

—¿Ha encontrado novia? Sonreí y esta vez sí percibí su alma, caliente, salvaje, llena de giros y medias verdades, pero dotada de la fuerza del chocolate. Nos pusimos de pie, apague la grabadora y le pedí un pequeño dossier de su ex marido. Ella asintió, pero me explico que en internet había poca información, pero si mucha en los periódicos colombianos de la época, pero ninguna foto que les relacionara a los dos juntos. Precisamente sus amigas le aconsejaban que dejara atrás esa parte de su historia pues sería un escándalo, a lo que les contestaba con una frase tal como: “No hay vida sin historia, ni nuevos amores sin limpiar el pasado”. Ante lo cual, se me escapo:

—Ud. es joven y guapa… Ella sonrió para decir mientras me marchaba.

#¿Consumirá chocolate esta noche?

Deje caer la pregunta, prefería no pensar y apuré el paso, mientras tal vez detrás su sonrisa maliciosa se atrevía a moverse en mi espalda.

Nota:

Si hay que citar un afrodisíaco por naturaleza, sin duda alguna el puesto número uno le corresponde al chocolate. Históricamente, este gran placer comestible que tiene a su disposición la humanidad, ha ocupado ese lugar dentro de varias culturas -como la de los aztecas-,imponiéndose con el paso del tiempo como EL afrodisíaco por excelencia.

Más allá de esto, el chocolate posee sustancias que son liberadoras de placer, como la teobromina, la feniletilamina (sustancia sintetizada por el cerebro en momentos como el orgasmo) y la anandamida, causante de bienestar general, además de colaborar en mejorar los niveles de dopamina, sustancia asociada a la excitación y el placer sexual. Fuente Link

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