Como escribir desde el rio de la vida by j re crivello

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Hacer patatas fritas es una ciencia, mi Tía Rita primero las pelaba y cortaba y luego las envolvía en un saco de harina de los antiguos de panadería, y se iba al patio y las movía arriba abajo para que saliera toda el agua. Mi vecino que era uno de los Dolan le espiaba pues mi tía no tenía cuidado que en cada ir y venir de su blusa en pleno verano se desplazaba dejando que el espía gozara de unas formas atrevidas. Luego regresaba y ponía una sartén de color marrón quemada por fuera, como si a nuestra familia en cada visita al cielo nos hubieran obligado a pasar por un infierno espantoso. Luego ya caliente –vecino y aceite- las patatas bailaban, crepitaban, soñaban con el plato del niño fisgón. En aquellos años los niños comíamos en casa de las matronas de la familia y los vecinos, los vecinos murmuraban:

Ya está la vecina preparando esas ricas patatas y… ¡Con ella van en remojo las calenturas! —gritaban a coro Los Dolan

El oficio de escribir se parece a esta manera de vivir la vida. Sin observación durante años de los motivos que llevan a las personas a hacer y deshacer no es posible la escritura creativa.

Cuando leo las entrevistas de los escritores de Masticadores, todos arguyen que comenzaron desde niños en este oficio. Lo cual solo se puede considerar de la siguiente manera: en que no escribían, sino tal vez observaban y alimentaban la memoria y las repeticiones de acciones humanas que darían contenido a su creación.

Por ello escribir desde el oficio de hacer patatas fritas es ir hasta el mundo de Rita, mi tía y todas sus historias. Ella proveía a la vida incontables encuentros que le definían: ser cariñosa, poseer ese idioma segundo que casi no hablaba, el piamontés, pero le reguardaba de los intrusos, luego cocinar y criar a sobrinos y nietos. En cada giro de sus historias está contenida mi interés por escribir. Diría, que sus chispazos humanos, la magia y los comentarios de mi abuela Domenica, o los silencios diplomáticos y de mi otra abuela Francisca formaron el mundo latente del escritor.

Y de lo latente surge la creatividad. Cuando veo a mis colegas buscar que sus contenidos sean editados, o triunfen, o acepten su ego desmesurado, no puedo más que sonreír. Las buenas historias tarde o temprano encuentran a sus lectores. Pero han nacido allí: en el rio de la vida.


Tia Rita y su receta del Tiramisú Link

Ver historia de Los Dolan Link

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