El clan de la Hiena -04 by j re crivello

Henri Cartier-Bresson: China, 1948-1949 / 1958

“En 1939 una esposa costaba 64 yuanes. En 1942 los precios eran: niña de siete años: 700 yuanes; adolescente: 1300 yuanes; viuda 3.000. En 1944, por viuda pagaban millón y medio de yuanes”. (1)

Ni-Lang decidió intentar escapar, no lo veía fácil y de la agenda de su tía pudo sacar otro nombre. Trabajaba en el puerto, en el departamento que asignaba las salidas de los barcos. Probaré suerte –pensó. Al llegar Ni-Lang, la larga avenida que iba al puerto, la muchedumbre empujaba en sucesivas olas, para el observador, era un rio, donde se mezclaban los colores vivos y sus sombreros, debajo de ese hastío, muchos ocultaban un deseo de marcharse ante una Revolución que traía incerteza. Los Guardias Rojos ordenaban el griterío o no permitían pasar más allá, de un punto imaginario donde parecía cerrarse un círculo. En un lateral, amarrados a la bocana del puerto, se podía ver un grupo de barcos. Li-Nang primero fue hasta la oficina del agente conocido de su tía. Al entrar, en aquella estancia forrada de madera y con fotografías de su recorrido político -donde aún aparecía colgado por doquier la recia figura de Chiang Kai Shek,  pudo ver estirado, a una persona obesa sentada en la silla detrás del escritorio. La oficina estaba revuelta y esa cara redonda y esos ojos verdes contrastaban con un traje arrugado y sucio, del cual sobresalían en la parte baja, unas botitas de color blanco, las cuales parecían flotar en aquel próximo final. Al presentarse, el mascullo un: “¡ah sí! ya recuerdo a…” para el tipo, no era el momento tal vez, ¿de hablar de su amante preferida?, ni recordar aquellas nalgas de rosado carmín. ¿Sería igual su sobrina tan joven y llena de necesidad?

Al ponerse de pie y acercarse Yu-Ling intento probar la ruta del sexo, pero estaba cansado y harto. El mundo se venía abajo y el tan solo deseaba una sonrisa de aquella joven. Le escuchó, mientras llevó su mano derecha y se tocó el fajín, prieto y lleno de ansiedad, allí su sexo se estiraba lánguido, tan opuesto a la costumbre del antiguo pasado alocado y ruin. Se contuvo, fisgoneo en aquella campesina sin sustento y falta de la sensualidad. ¡Que diferente a su tía!  Y, le pregunto: “¿Tienes dinero?”.

“Si”-dijo ella. A veces la mentira descarada evitaba malas cosechas. Ambos se olieron, era un fuego apagado y triste contra un clamor estéril. Pero, un ruido intenso les quito de su ensimismamiento, al fondo los cristales temblaron “son las bombas de la aviación de Chiang Kai Shek –dijo él- al ver como vomitaban muy cerca, casi en la esquina. Al asomarse ambos a la ventana, con la mirada contaron la sangre que corría y las almas que inundaban la avenida principal. Él se abrió paso con su mano a través de su vestido, hasta rozar sus nalgas, ella respiro, se contuvo, sentía un escozor que subía y bajaba y una gran confusión. Todos estaban hartos de esta Guerra Civil, de esta inmundicia de bombas y liquidación. Yu-Ling, espeso, sin ilusión, volvió a abandonar su deseo y se acercó hasta la mesa, de allí cogió un pasaporte, quizás esta joven necesitaba algo más, pudo pensar, tal vez estaba atribuyendo alguna intención a la locura que dominaba la calle. Fuera todos corrían en pos de una lotería, y para sí mismo, la suerte estaba echada. En la foto del documento, su tía joven y blanca se parecía a ella al milímetro. La diferencia es que dentro llevaba un papel actualizado y tosco del nuevo régimen que casi no existía. Ni-Lang obtenía asi su segunda copia del mismo pasaporte pero este dotado de legalidad. Le entregó un bolso pequeño lleno de dólares. El funcionario arrastraba la mano por su eterno pedazo de carne, casi mecánico, como la vida se le escapara. Fue un cambio de papeles, los billetes por el pasaporte, y ella se retiró hacia atrás, mientras él se paseaba por la habitación. Li-Nang aún pudo ver como cogía una pistola y el disparo le volaba la frente. Ella volvió a recoger el bolso con los dólares, mientras recorría el pasillo, un grupo de Guardias Rojos le pasaba a su lado en dirección al disparo. Con el alma en vilo salió a la calle y la multitud le apretó una y otra vez en una ola que adelantaba o atrasaba. ¡Despegarse! ¡Despegarse de la ola infernal! —se decía una y otra vez hasta dar con un pasillo que le llevaría a una calle directa a la casa de su tía.

Al llegar era casi de noche, se mantuvo a la espera. Dos Guardias Rojos custodiaban la entrada. ¿Qué hacer? Se acercó para preguntar por su tía, como si llegará por primera vez. Uno de ellos dijo: ¿Cómo se llama?

Ni- Lang —respondió. Le abrieron la puerta. Y el otro dijo: “El camarada Dèng le ordena que no salga de aquí. Vendrá mañana por la noche. Reviso las diferentes estancias nadie había pasado. Sintió que el infierno del puerto no se trasladaba hasta aquí.


Notas:

(1)Mao la Historia desconocida Jung Chang & Jon Halliday, pág. 352

Notas:

Claves para seguir la historia

(2)El clan de la Hiena: Nombre que da J. re Crivello al ascenso del dominio personal de Mao y su clan y que terminará en julio de 1976 cuando Mao levanta el arresto a Deng.

—Ni-Lang: madre de la Sra. Ling

—1949: Entrada de los Guardias Rojos en Shanghai

Deng: Bajo su liderazgo, la República Popular China emprendió las reformas económicas de liberalización de la economía socialista1 que permitieron a este país alcanzar unas impresionantes cotas de crecimiento económico.2 Frente a estos éxitos en la economía, Deng ejerció un poder de marcado carácter autoritario, y su papel fue decisivo en la represión violenta de las protestas de la Plaza de Tian’anmen en 1989.

Miembro del Partido Comunista de China desde sus años de estudio en Francia y en la Unión Soviética, Deng se convertiría en uno de los dirigentes más importantes del Partido Comunista durante la época de Mao Zedong. Sin embargo, su cercanía ideológica al entonces presidente de la República Popular Liu Shaoqi, lo convirtió en uno de los blancos de la Revolución Cultural, campaña de reafirmación ideológica impulsada por Mao, presidente del partido, para mantener el poder frente a los reformistas como Deng y Liu, quienes fueron acusados de derechistas y contrarrevolucionarios. (Fuente Wickipedia)

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