Old Chevy -03 by j re crivello

La furgo de winsconsin

Brillante, camaleónico, estaba detrás de varios fardos de alfalfa. La comida para los caballos escondía esta fuerza latina, resuelta a dejar de sospechar si la vida era cruel o la latitud entre los amantes son sustanciales. Una llamada de un desconocido me puso sobre la pista.

— ¿Bert Carrigton?

—Si

—Hay una Pick up abandonada en Wisconsin, le paso las coordenadas —dijo y colgó. Sabía que era una llamada de auxilio, de personajes enigmáticos que querían que se salvara un mundo de ruedas ya desaparecido. Una entrevista en una cadena secundaria de tv sobre mi tarea y el Cementerio de las Dunas había colapsado mi antiguo teléfono de mensajes. En mí, todo era antiguo, menos el móvil por ser una herramienta. Podía sacar fotos y con un sencillo programa de Google encontrar los dueños de las furgonetas en una base de datos creada por otro tipo loco, de ojos saltones, quien encerrado en una casa con varios patios y montón de chatarra manejaba un portátil como si fuera un tipo de la CIA. John Sorensen, a partir de ahora John S., o al menos se presentaba así, pero detrás de aquella mirada podían existir mil vidas.

Llegué a donde me indicaba google maps. Era un terreno abandonado. Pude pensar, ya me meterán otra denuncia por estar en una propiedad privada. Pero Google marcaba terreno público, o sea nadie era dueño de ese minúsculo espacio entre varias propiedades. Me bajé, camine unos pasos.

Le mire, le esquive, me esquivo, luego fui en busca de un cincel y empuje con fuerza en la puerta, al abrirse un revolcón de seducción nos unió. ¡Era un tipo y… yo otro tipo!, pero la carretera poblaba nuestros sueños. Él sabía que era el enterrador, que venía después de haberlo hecho con Old Chevy. Dijo su número de bastidor: 02235467 de Wisconsin y… oí una pregunta:

— ¿Dónde me dejaras?

Le miré con una larga sonrisa, y el enganche tiró moviendo con fuerza hasta pasar por un chatarrero o dos: nos sonreímos. Pasadas dos horas entramos en un cementerio fantasma, detrás de las Dunas, viejos carros de antiguas guerras, vi que el comprendió que aquella fiesta de metal era el lugar donde morían los Chevrolet. Le dejé al lado de Old Chevy nos hicimos una foto, cerré la puerta y se apagó sin cabrearse. Al salir desde la puerta vería esa caja de los deshechos humanos, viejos Chevrolet dotados de motores gruesos y faltones. La vida es laxa, hasta que nos avisa del fin de nuestra sensación de raza.

Apretados, todos
Llenos de sudor
Y quebradas nuestras almas
¿Nos vamos? O intuimos nuestra marcha (1)

Nota

(1) Los Genes de Mingo, libro de poemas sobre mi padre… que nunca publicaré

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