Los hijos —02 –serie de Femeninas y masculinos by j re crivello

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 “A veces me despierto a las 3 y como no tengo sueño me pongo a jugar hasta que me duermo nuevamente. Alguna vez se me ha caído al suelo la maquinita”.

O. -Alumno de 1ro de ESO-

Están ahí. Crecen, nos aprietan en el cariño. Son fuerza y sal. Responden a los que las femeninas y los masculinos hacemos desde que un señor nos dijo que todo venía desde la costilla de Adán.

Hace unos días al salir el tema -con un grupo de 11 años, esto de la costilla de Adán les hizo destornillarse de risa. Las nuevas generaciones ya saben que los hijos vienen del sexo, del amor, de dos. Saben que aquello es una suma y un sacrificio. Una entrega. Pero también cada vez son más egoístas con ese caudal de amor. Le explotan asociado a la materialidad. Al estatus y a los horarios. Rajan en el suelo, ante una insinuación en la cual “el chollo (las ventajas) de calidad de vida se les termine”. Nadan de la tele y el ordenador del dormitorio. O, en los gadget de individualidad.

Y las femeninas y los masculinos, divagamos, transpiramos. Consultamos a las autoridades (maestros, psicólogos, coach, parejas mayores). Y nos responden desconcertados. Solo una frase látigo regresa como solución: el retorno a los valores tradicionales.

“Decir No, cuando No es no”.

¿Fácil? Una riada de especialistas nos aconseja, dominar esta generación hedonista que ve a los abuelos en el restaurante. O, si los ve de otra forma, intuye que su padre o su madre están trabajando para proveerles de MÁS.

De lo cual, ¿es MÁS la solución?

La costilla de Adán deberíamos reinterpretarla. De más amor y límites, con menos estropicio material. Abuelos, padres e hijos están con el paso cambiado, tal vez todos desean ir al restaurante. Y observamos, que ello nos devuelve ante la fatiga del espejo:

# Un menor compromiso y la crisis del modelo familiar# Hace dos días mientras caminaba con mi mujer nos detuvimos con una pareja conocida que tiene tres hijos emancipados. Ella mencionó al primogénito con cierto cargo de conciencia. Resumiríamos así su estado mental: mi triunfador se ha tomado un año sabático y vaga por Asia (y detallo su ruta como si fuera el telediario) Yo miré hacia abajo, pude ver su perro en el lateral. Cada vez que veo a gente acompañada del perro, concluyo que estoy ante un gran solitario. Su marido, argumentó, viajamos mucho. ¿Y ustedes?

Hubo un silencio. Mi mujer arguyo que trabaja y disfruta de su trabajo. Me miraron:

“Estoy bien” —dije. Cada vez que me miran piensan que al haberme jubilado hace poco debo pasarles el parte diario. Y agregué, casi en despedida. “Dentro de poco nos vamos de viaje unos días”. Ya al despedirnos pude pensar en sus tres hijos y mis dos hijos. Y le di vueltas al tema de vivir tu vida: ¿Por qué nos empeñamos algunos padres en considerar que nuestros hijos son la continuidad de nuestras vidas?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Para mi no es así, cada ser es un individuo con su propio destino en esta vida y no pertenecemos a nuestros padres ni los hijos nuestros nos pertenecen (y no estoy hablando de la patria potestad). Brillante relato Juan. Un saludo.

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