Mi diario: Cachito ( y dos) by j re crivello

No estaba previsto, pero unos WhatsApp de la Sra. V*, me trajo más recuerdos. Cachito falleció por en un tiroteo en un bar. A veces cuando regresamos hacia atras la memoria nos alerta de cambios que pueden traicionarnos. Pero determinadas personas permanecen inalteradas, como si uno fuese caminando tranquilo por la vida, con estas guías espirituales, que se asoman de tanto en tanto. Desde muy pequeño Cachito era alguien diferente, en una época en que estaba prohibido considerar un ser masculino diferente, él se asomaba con su gracia y talento a la búsqueda de nuevos territorios.

Dice al respecto Marilyn en un texto de Manuel Villegas, terapeuta barcelonés (1) “Llevamos un censor dentro que nos vigila y nos dice hasta donde nos podemos dejarnos ir. Supongo que la gente piensa que simplemente salimos a escena, haciendo lo que nos toca hacer y ya está. Pero supone un gran esfuerzo.” (Pág. 183)

Los familiares, aquellos que continúan sus vidas y han sentido pasar cerca a alguna de las personas como Cachito —Ud. amigo/a lector los tendrá) deberían pensar lo que significa llevar un censor dentro, y hace años, además que estaba instalado en la sociedad. Era como si Cachito atrajera ante si las miradas de sorpresa, pero de reprobación, y estas últimas estaban allí como si una procesión de dificultades, se les asociaba

En su casa conocí el primer reloj Cu- Cu. Tal vez mi niñez adormilada y de padres separados sintiera que él era parte de la sociedad donde los hijos de los divorciados en su momento teníamos algo que nos distanciaba de los demás. El gremio de raros sumaba miles.

Soy escritor, porque Cachito estuvo ahí, su sonrisa limpia y fresca, su talento, su gracia y el paso del tiempo luego nos alejó. No supe de él hasta 50 años después. Cuando como escritor estoy acostumbrado a zambullirme en la memoria, y en la parte ingrata y el desasosiego que se aguanta bajo capas: uno va y con valentía la desentierra, la construye de nuevo y permite que grandes talentos como Cachito sean conocidos por los lectores que siempre aman un recuerdo tenue, pero lleno de luz.

—¿Tú también te vistes de odalisca? —pregunté a Cachito. Me sonrió, de aquella mirada pude intuir alegría y desasosiego a la vez.

—¡Es lindo vez! Y pasó su mano por el vestido y lo agitó

—¿Y no juegas al futbol? —pregunté

—No. ¿A vos te gusta el futbol? —pregunto Cachito. Me rasque la cabeza. Mis bambas de jugador de futbol, flamantes para patear la pelota, me delataban. Dije:

—Soy una máquina, le puedo meter al portero casi diez.

—Casi diez —repitió Cachito, que llevaba pintado los labios y un cabello engominado para que fuera la odalisca que soñaba.


Nota:

La Sra. V. Forma parte del elenco de Sras. y Sres. que forman mi dilatada familia. Ellos me instruyen, y dirigen una parte de mi escritura.

Uno, dos, tres.

Bailamos alegres

Frente al espejo de nuestra niñez. (Poesía maldita , j re crivello)

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