Pizza —01 Cuando éramos vaqueros y no comíamos pescado

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By j re crivello

Comienzo una serie nueva, tal vez la unión entre los textos es que fueron escritos en Word 1997. Lejano no?

“Eran vastas planicies, donde el ganado pastaba y los iroqueses obteníamos lo necesario”. En esta atmósfera de clan partido por la jerarquía y la división de papeles o roles entre hombres y mujeres, la guerra aparecía cada cierto tiempo en nuestros discursos, en nuestros cuentos. No era una sociedad ideal debido al pacto de sangre entre los sexos, nosotros nos fastidiábamos encima de un caballo y vosotras cuidabais los niños y la reproducción. 

No existía la lejía, ni el celofán, ni el papel de plata. Todo se diluía en agua, viento y sol. Los días eran largos, las cenas suaves y el sexo un recurso de inoportuna mezcla de satisfacción o arrebato del congénere. 

Pero algo aparecía en aquella pradera feliz, algo que cultivaba toda la tribu. Tan intenso, lleno de sentido y fábula, incapaz de ser discutido y unía el talento de épocas pasadas con las visiones diarias, los presagios o la angustia del futuro, y… eran nuestros sueños.

¿En qué momento les dejamos atados en el alféizar de casa? O, ¿cuándo aquellas recreaciones fueron césped en nuestras segundas residencias?, O, ¿cuándo un milagro fue asociado a una vida pía y le encumbraron en el templo?

Tal vez no tenemos fecha de esta indebida acción, es decir abandonar nuestros momentos de libertad y riesgo en un cajón y levantarnos por la mañana negando la vitalidad. Dirá Nietzche que los grandes sistemas filosóficos han esclavizado al ser humano para someterle a mundos que están alejados y muertos. No es que me haya convertido en un vitalista, tan solo algún día, quizás algún momento, entreabro los ojos y aún puedo ver las grandes praderas y los incómodos amigos de la fe nocturna.

Notas:

“La representación de los sueños es la parte más importante de la teoría onírica de los iroqueses –de América del Norte. En primavera, en otoño, y especialmente en la fiesta de cinco días de duración que se celebra en el solsticio de invierno, la “Fiesta de los Sueños”, en el cual los sueños son el foco de atención, interpretación y representación. Cada persona cuenta un sueño que tiene especial importancia para ella. Los demás miembros, como público, responden con sus impresiones o interpretaciones. Cuando el soñador –u otras personas- opina que alguien ha interpretado el sueño correctamente, debe pagar a esa persona una “multa” que por regla general consiste en un regalo o un favor. Se espera que entre estas personas nazca un lazo de amistad como resultado de esta transacción psico-simbólica”. 

Fuente: http://www.mind-surf.net/talleres/senois.htm

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