Pizza —2: Prohibido prohibir ¿Estamos cerca o lejos de nuestros hijos?

el

Imaginemos un territorio que ya hemos dejado de visitar y que se va llenando de otras figuras. De –por citar- jóvenes que se entrenan, o de nuestro compañero/a de casa que ha dejado de ser un niño y cultiva el descaro, o se asocia con la droga para estimular sus apetitos. Aquellos que Ud. o yo pasamos hace una pila de años y hoy prisioneros del mundo adulto y un sinfín de compromisos ya le sentimos alejado o sin sentido.

Ante lo que observamos, o vivimos, en nuestro interior aparece un silencio, una desaprobación o un mensaje construido pero sin nadie que le reciba. No sabemos si será escuchado, ni siquiera la lista o pacto establecido –tiempo atrás- podemos intuir si se mantendrá. Buscamos negociar, pero de la otra parte no tienen tiempo a explicitar sus preguntas, en otras hasta puede que sea el espacio de la mentira. Y dentro nuestro surgen los recuerdos de nuestras mentiras juveniles, o descaros sin trauma. Aquella generación –convendremos era la de nuestros padres, nos prohibía hasta un cierto espacio, esta generación –la de Ud. y la de este escritor- prohíbe, pero se pregunta:

¿Cuáles son los límites?  En ambas tiendas se montaron sueños, deseos e ilusiones, en ambas hubo dudas y noches sin dormir. La tercera, la de nuestros hijos elabora su salida, es un dialogo interior al compás del calor, con breve e intensos estímulos, de razón y disenso.

Cada gesto siempre posee nuevos dueños. Tal vez el latido de un padre o una madre ante su ausencia nocturna, o un desplante pueda ser diferente. Esta construido de un dolor, de un amor que tiene nombre y recuerdos. De escenas del pañal, o de la ducha en la bañera o el primer deporte. Son horas de amor, de satisfacción compartida con su pareja. Son horas de convenir que el sueño o los sueños con respecto a aquel lunar o ese resfriado con capacidad de hacernos sufrir. Hemos llorado de amor por ellos y aún sentimos su vida cabalgar dentro.

Convendremos que nuestros hijos vivirán un espacio en el cual la I. A. de Google y compañía sabrá mejor que nosotros: donde están, o que consumen, o a quien admiran, y a la vez leyes como: «ley del solo sí es sí’» legislaran hasta el último centímetro de la vida privada, cuando ella se desmelena y yo me desmeleno, y luego debemos establecer si el sexo fue consentido.

Una doble lucha entre la Inteligencia Artificial, que ya no solo nos rodea sino controla nuestras emociones y el Estado. Y nosotros las madres y los padres… ¿Dónde quedaremos? Tal vez la solución recaiga en trasladar la mayoria de edad a los 16 (o 15) años.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carlos Usín dice:

    Yo soy un fan entusiasta de los programas de César Millán acerca de cómo educar a los perros.
    César siempre dice que a los animales hay que tratarles con firmeza, pero con cariño. Hay que enseñarles quién manda, hay que convertirse en el jefe de la manada.
    Pues educar a un hijo es exactamente igual.
    Eso sí: ponle un plato en la mesa y con cubiertos, porfa.

    Le gusta a 1 persona

    1. Y según la edad ve a buscarlo a la salida de la disco

      Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.