B J Grass—04

el

by j re crivello

Hector Prat se sentó a comer en el amplio salón, a su lado una persona anciana le miro con cierta sorpresa. Ante ello dijo un “hola” pálido, sin demasiada fuerza. La comensal estuvo un rato quieto mientras mordía en su boca un trozo probablemente de pan. Luego descerrajo una frase en voz muy baja:

_ ¿Es Ud. el nuevo protegido de B J Grass? Hector no quiso intervenir. Decidió seguir con aquella sopa de verduras que estaba fría y resbaladiza, pero su colega de la mesa insistió.

—¿A Ud. le han mostrado la casa? No entendía lo que dejaba caer aquel comensal. Una sonrisa que aumento a carcajada le llevaría a decir que si moviendo su cabeza. El vecino insistió: “conozco aquella casa porque fui el protegido de ella hace algunos años. Le ayude a construir su poder y luego su amistad murió. Digamos amistad, si le podemos decir aquel disparate de mesa camilla y látigo bajo el torrente que se inventa cada tanto”.

—¿Ud. le conoce bien? –pregunto Hector Prat

—Si le conoceré… Ella comía en mi mano y yo soñaba al creerme sus promesas.

—¿Y entonces que sucedió?

—Se volvió loca con la idea de la colmena. Solo decía que esperaba llenar aquello de obreras capaces de resistir hasta desfallecer. Decía continuamente que una colonia proviene de una reina y de entre 10 o 30 padres. La transformación en zánganos, reinas u obreras era el modelo de la futura sociedad.

—Pero eso no es posible, ¡somos humanos y establecemos relaciones de afecto! —exclamó Prat.

—Ella hablaba de la restricción. Las abejas utilizan la estabilidad térmica para producir la división social del trabajo entre los 3 grupos. Ella decía que la restricción estaba dirigida por sus decisiones en la jerarquía de la colonia.

—¿Y si alguien se opone?

—Le destinan a la Casa. Hector Prat alarmado, quiso ver además de donde estaba el peligro si existían posibles aliados y pregunto.

—¿Quienes se oponen? Quien le respondía, miro hacia los lados y marco en la mesa como si fueran categorías: una Zeta y dijo.

—Los primeros los zánganos, debido a que sienten que su tarea reproductora les confina hasta la sed del sexo. Ellos están preparados para ejercer su rol alrededor de 10 veces diarias. Al poco tiempo merman en su rendimiento y de las amenazas pasan a recibir castigos. Son esclavos de la reproducción.

—Ha habido rebelión

—Sí, hace dos años cinco de ellos murieron por la ausencia de respuesta al placer. Ella me llamo una noche enfadada y me ordeno trasladarles a la casa. Lo que ocurrió con ellos no pude conocerlo. Bebió del jarro y su sorbo sonó como un chillido. Luego se levantó yendo hasta la salida. Era la segunda advertencia que recibía, la primera en la Biblioteca y ahora esta. ¿Quién estaría en la casa? Y ¿cómo llegar a ella?

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