Dialogos Z. Bauman & J. Re Crivello: des-conexión física y conexión virtual.

el
Dino Valls

Artículo escrito en hace 5 años, y corregido en 2022 , y tal vez solo cambia en un aspecto, además de lo virtual, cada vez tenemos más perros . —j re

Los celulares ayudan a estar conectados a los que están, a distancia. Los celulares permiten a los que se conectan… mantenerse a distancia. J Rowe

En Amor Líquido, Bauman regresa sobre uno de los temas que aparecen cada vez con más fuerza en nuestra vida cotidiana. Su planteamiento es que lo “físicamente distante” y lo “espiritualmente remoto” se han separado y lo segundo “posee su propia base material tecnológica, infinitamente más amplia, flexible, variopinta y atractiva, más plena de aventuras que cualquier reacomodamiento de cuerpos físicos” (1)

Pero ¿qué sucede cuando el espacio virtual sustituye o nos sustrae de esa realidad?… y su presencia es una actividad que genera tal placer que cada vez le sustituimos con más minutos. Para Bauman “los teléfonos celulares vienen a señalar nuestra liberación definitiva del espacio” (2). Ya todo nos sucede en cualquier sitio y lugar:

Mientras habla por teléfono con un tercero en pleno carnaval, M encuentra a L y explica en voz alta “mira me he encontrado con mi hermana”. Ambas situaciones la física y la virtual se superponen pero esta última le sustituye como marco de referencia. Bauman dirá al respecto: “el advenimiento de la proximidad virtual hace de las conexiones humanas algo más habitual y superficial, más intenso y más breve (3)”

Con ello nos encontramos en una conexión que nos deja a salvo del compromiso, del desborde, de la cercanía y nos sitúa ante la posibilidad de suspender o cancelar si nos aparece una dificultad. ¿Es la proximidad virtual el acicate para reemplazar nuestra realidad por relaciones cambiantes, efímeras, rápidas? Nos preguntamos: ¿la realidad, real, espontanea puede contravenir nuestros deseos? Si es así la sustituimos por el “I liked”, una fase de las relaciones que domina a lo físico con leyes propias y modulables. La futura proximidad de esas charlas tan audaces o frescas nunca encontrara el terreno de lo real. Para Bauman, en un ejemplo referido a la relación entre los jóvenes y sus padres:

“Que muchos de esos jóvenes anhelantes de informar a sus invisibles interlocutores acerca de su paradero, ni bien lleguen a sus hogares correrán a sus cuartos a cerrar la puerta con llave tras de sí” (4).

¡Jóvenes y no tan jóvenes! –diremos a coro. Esta sintonía con lo virtual nos lleva a la perdida de las habilidades sociales de intercambio y cercanía física, y entramos en una civilización de gadget electrónicos y redes que sustituyen paulatinamente la incomodidad de la relación por la del apacible.

¡Game Over! Si no me agrada desconecto… ¡desconecto!, pero sigo conectado en una red que me tranquiliza con su existencia, con su presencia basada en miles de solitarios enamorados de lo virtual y alejados cada vez más del compromiso… físico.

¿En qué galería le agradaría vivir? Dígamelo en mi Face o… dígaselo a ella o él susurrándole a su oído.

Notas

(1)   Y (2) pág. 86 Amor líquido, Zygmunt Bauman Ed Fondo de Cultura Económica

(3)   pág. 87 Amor líquido, Zygmunt Bauman Ed Fondo de Cultura Económica

(4) Pág. 89 Amor líquido, Zygmunt Bauman Ed Fondo de Cultura Económica

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pues sí, maese Crivello, eso parece. Los teléfonos móviles conectan con lo distante pero también permiten optar por la distancia. He tenido la inmensa suerte de vivir una época en que he disfrutado mucho haciendo grandes amistades desde lo virtual, que siempre deben desembocar en lo personal y físico, y también me ha dado la facilidad de hacer a menudo videoconferencias con mi hija, en Sabadell, o con mi hijo, en Cincinnati. A veces pienso en cómo se vivían estas distancias en mi niñez, acudiendo a la central de teléfonos donde aquellas señoritas pinchaban esos conectores enormes en un panel repleto de orificios hasta conseguir establecer la conferencia, o en mi juventud y primera edad adulta, en que enviabas carta, tardaba un siglo en llegar a destino, te respondían, tardabas otro siglo en recibirla y finalmente la depositaban con mucho cuidado en tu lápida, porque la vida no te había dado para más. Por eso el móvil, la tablet o el ordenador con una aplicación de mensajería y videollamada debería ser considerado un bien de interés inmaterial, aunque también resulte que esos artefactos del demonio han supuesto que debamos estar disponibles a cualquier hora en que se nos contacte. Va a ser que no, pero toda moneda tiene sus dos caras.
    
Y sobre la otra contrapartida, eso de que muchos se lanzan al contacto virtual y abandonan el de cercanía, supongo que tendrán sus motivos más que respetables. Yo, a mi edad, mi relación con esa cajita de bolsillo es aleatoria, atiendo llamadas, leo y contesto WhatsApps o Telegram cuando corresponde, porque hasta en estos temas he desarrollado el TOC de “cada cosa a su tiempo”, pero si son mis chavales al Skype… ahí no hay quien me sujete.

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    1. Si, tal vez por UD estimado y yo vivimos en los dos mundos, y hasta entres , pues tenía un tío telefonista y pinchaba o sea unía dos familias. A lo que íbamos, estos nuevos usan no solo para comunicarse sino como su espejo… Y de allí la cantidad de enfermedades derivadas. Mientras Cincinnati o Madrid en mi hijo será irrenunciable. Saludos j

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