Paesana —09: Enero de 1975 by j re crivello

Maria Garzino Re y j re crivello en 1975 mirando documentos antiguos – Paesana

Si me adentro en el valle donde están los lobos ¿Qué pasara? —pregunte. María, la hermana de mi abuela Domenica desvió la mirada. Luego me hizo salir al balcón antiguo, este no dejaba de crujir. La casa es de 1840 —dijo con cierta delicadeza. Luego señalo una suave ladera. “Tomasso te puede acompañar hasta la entrada, son las 6 y oscurecerá pronto. Domenica me contaba sin que se enterara nuestra madre Margherita Re que lo ideal era crear una fogata no muy grande y esperarles. Una vez pases la gruta giras hacia la izquierda y vas en busca de un arroyo que crea un remanso y una pequeña catarata. Allí veras una explanada, llévate un poco de leña seca y algo con que encender”. El balcón crujió varias veces, le mire y me dio un beso en la mejilla.

—Dentro de dos días o tres te espero en Paesana, iremos al cementerio. Me despedí de su hija y Francisco. Me dieron la llave. Baje hasta la casa de los vecinos, allí Tomasso me esperaba, me dio leña y un encendedor de chispa. Caminamos casi una hora y llegamos frente a una gruta. Él se despidió y entré, llevaba una antorcha casera, no era muy grande pero las paredes respiraban a agua que se deslizaba. Tuve cuidado de no pisar un foso e irme dentro. No podía dejar de pensar que mi abuela se había atrevido con 13 años al andar por aquí. Di una curva y un claro se abrió. El valle estaba lleno de flores. Se oían pájaros y hasta una suave brisa me daba en la cara. ¿Era a la derecha o a la izquierda? Me incline por la izquierda, pude oír un ruido que imaginaba seria el agua. Un sendero esquivaba los matorrales. Al final pude ver el arroyo. Camine casi media hora y descubrí detrás de un matorral la cascada y el agua que se detenía. ¿Dónde estaría esa planicie? Bordee el remanso y para girar a la derecha. Imaginaba que era el sitio. Hice el fuego y recogí algunas leñas sueltas. Era de noche. ¿Y si aparecían ahora? Intente ver hacia donde escapar. Pero ¡que inútil! Si escapaba, para que había venido hasta aquí. Me abrigue con una manta pequeña. Al frente, la explanada moría en un sendero. El cielo anunciaba tormenta. Paso media hora, avive el fuego varias veces. De repente vi una cabeza, como me contaba mi abuela, primero saldría uno, luego un mínimo de seis. Y debía estar de pie delante del fuego. Así lo hice. La cabeza se multiplico. ¿Los lobos tendrían memoria? Imposible —me dije. Era un nudo de nervios. Saque la botella que traía. Era el mismo preparado que hacia ella y pude reconstruir en casa de María. El líder se acercó y olfateo. Luego los demás. ¿Cómo hablo con ellos? Estaba hecho un lio. Gruñía como si quisiera asustarme o mostrar su poder. Luego con sus patas arrastró la hierba en ambos sentidos. Era de pelo oscuro, me mirada como si tuviera dudas. Así estuvimos un buen rato. No me movía, se puso de pie y giro en mi derredor y me olfateo para sentarse a un metro.

Estaba pasmado. Decidí sentarme a su altura. Saque de mi bolso un preparado que traía de hierbas y me puse de pie para ir hasta donde se detenía el agua. Lo solté dentro y agite el agua. Sin darme cuenta me rodeaban seis lobos. Primero entro el líder, luego los demás. Se bañaron y bebieron de aquello. ¿Por qué elegí esté preparado? En el libro de medicina de hierbas de mi abuela, dice que los lobos necesitan purgarse cada tanto, debido a la alimentación tan carnívora.

Pero si hoy me equivocaba en mi elección, y les daba otras hierbas. Y, si mi error no calmaba a la manada. Salieron del agua y se estiraron en semi círculo. Recordé que ella les contaba historias. Pero, ¡estos no podían ser aquellos! Me resistía a considerar tan solo que algo nos conectara. Les conté la historia de mi abuela y su vida en América. Cada tanto incluía unas subidas o bajadas de tono o alternaba con risas. Pude descubrir que mi carcajada les sorprendía. Como si esperaran que aquello fuera un contagio entre nosotros. Agregue alguna nota de silencio o de silbato, usando uno que llevaba siempre en mi bolsillo. Pero ellos esperaban algo más. Me puse de pie y bebí el agua de la que ellos habían usado antes. La manada se levantó. Gritaban como enfurecidos. Me asuste y me quede quieto. Poco a poco se fueron callando. ¿Y si lo hago de nuevo? Y repetí la acción y ellos razonaron igual, con gritos y mostrando sus dientes, hasta calmarse.

¿Por qué hacían esto?

De regreso, y con la antorcha, al acercarme a la entrada de la gruta un lobo mayor me esperaba estirado, sus orejas se movieron de lado a lado. Tuve precaución y saque de mi bolsillo un pañuelo que había guardado de mi abuela Domenica. Lo deje en el suelo y al separarme lo olfateo. ¿Quién era? Por edad no podía ser más que aquel lobo joven que describía en la carta, que leía ayer. ¿Ral? —dije en voz alta. Perdí el miedo para tocarle. El me olfateo, luego paso su lengua por mis manos. ¿Qué edad tenia? Busque en mi bolso y saque de allí una galleta y destape una botella de miel. Luego acerque hasta el su bocado preferido. Estuvimos un rato en esa oscuridad. Decidí regresar y al ponerme de pie vi que giraba en dirección al sendero de su guarida.

Bajando vi la aldea, subí al piso de la casa, busque en los papeles de mi abuela Domenica, debía haber alguna explicación del momento del lago. Una nota con fecha de 1911, cuando ella tenía 14 años decía lo siguiente:

“Esta mañana me bañe en el remanso de los lobos y no paraban de gritar agitados. Su líder fue más agresivo aún y salto dentro como obligándome a salir de sus espacio. He aprendido que para el líder de la manada este era el espacio que permitía a todos mantenerse unidos y yo no podía yo entrar en su territorio”

A mediados de 1924, Paesana

Soy Margherita Re

Dentro de poco se marchan dos de mis hijas. Italia en este año lleva dos con Mussolini. Nada bueno nos espera a los que trabajamos cada día. Desde este prado se ve la ciudad, mi alma campesina no espera que esta vida nos devuelva futuro. Ellas se marcharán lejos y una parte de mi vida les recordará. Hoy me han sacado una foto. No he podido ocultar mi mirada de intriga y cierta desazón. Esta carta se la he dictado a mi hija María, que ya va al colegio. (Firmado Margherita Re). Dejé la carta en la cama y fui hasta el armario, al azar pude levantar una caja pequeña. Dentro estaban cartas cortas de su puño y letra, de aquel convulso periodo de Mussolini. Me prometí regresar a ellas.

Notas:

—»la razón de este ingrediente en la dieta de los lobos seguramente se deba a las pesadas digestiones que exige el consumo de carroña, que incluye pelo, hueso, pezuñas y cartílagos». Alude, además, que «estudios realizados en perros han revelado que existe una correlación entre problemas del tracto digestivo, como la gastritis, e ingesta de pasto como purgante».

https://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2015/01/24/estudio-revela-lobo-consume-hierba-1286321.html

—Revisando una y otra vez artículos e investigaciones científicas, creo no equivocarme afirmando que la dieta de los antiguos canes la formaba con cercanía el 85 a 90% de carne, junto con pequeñas cantidades de pescado, huevos y otros tipos de vegetación (frutas, verduras, hierbas). De esta manera podría exponer que la dieta de los canes salvajes podría consistir en: 85% carne presa *2% hoja verde 2% tallos varios 2% manzanas con piel 2% espárragos y algún tubérculo 2% de hierba de cereales 1,5% pescado 1% de huevo entero, incluyendo la cáscara 1% de vegetales 0,5% avellanas, nueces, castañas o similares 0,5% de semillas

* Las presas incluyen todas las partes del animal de presa: piel, los huesos, los ojos, la lengua y todos los órganos y glándulas.

https://biodog.es/la-dieta-antigua-de-lobos-y-perros-salvajes/

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