Homo Deus: Hacia dónde camina nuestro yo personal

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Hago un repaso y reflexiono a partir del libro de Yuval Harari (Homo Deus) sobre los cambios de la sociedad. —j re crivello

“Otro intento de consagrar la superioridad humana acepta que ratas, perros, y otros animales tienen conciencia, pero que a diferencia de los humanos, carecen de conciencia de sí mismos. Pueden sentirse deprimidos, felices, hambrientos, pero no tienen noción del yo” pág. 144 Yuval Harari, Homo Deus

Esta vasta pradera del yo cada vez ocupa más espacio en los sapiens. Las redes nos muestran desde divorcios cantados en videos, hasta asesinatos casi en acción. Mis abuelas italianas concebían el yo como una manifestación que agrupaba su bienestar emocional y los recuerdos verbales de la familia. A lo sumo algunas fotografías antiguas del pasado. Para nosotros el yo es una manifestación de dominio con respecto a los demás. Y mostramos estas facetas del yo en las redes que las agrupan y sintetizan y repiten millones de veces. Pero también son instantáneas que fugaces se queman en el laberinto de la civilización sapiens.

Yuval Harari intenta demostrar los avances en el conocimiento de la mente, el yo y nuestras diferencias con el resto de animales. Pero, tal vez, seria interasante demostrar que el yo cada vez ocupa más espacios en los humanos. Le buscamos y lo manifestamos como si fuera comienzo y final de nuestras aventuras espirituales. Y en ello hemos quemado el nosotros. Le hemos reducido a una parte alícuota del teatro de la vida. En mis abuelas, el nosotros existía como apoyo, como manifestación de la vida en comunidad donde los avatares personales eran una obra de teatro dentro del marco de la comunidad familiar.

Pero la familia se ha reducido a dos modelos, los de tres personas y los de dos. Todo aquello que aparezca más allí de estos términos no asume la importancia de hace 100 años. Todo aquello que pase esa frontera forma parte de las redes. De insospechados canales donde los likes nos alejan del compromiso.

Y, todo tipo de desórdenes vitales (alimenticios, de amor, de envidia, de salud) crecen de una manera exponencial.

No hago un alegato de la familia tradicional, pero reflexiono sobre este alejamiento del compromiso y su suplantación por una atmosfera liquida de relaciones donde todos intentan encajar su yo como un producto envasado al estilo de las actrices de los años 50 de Hollywood.

Pero, ¿Somos actrices de Hollywood?

“Una ardilla que esconde nueces para el invierno no recuerda en verdad el hambre que sintió el invierno anterior, ni piensa en el futuro. Se limita a seguir un ansia momentánea” (pág. 144, Yuval Harari, Homo Deus)

¿Queremos ser ardillas? ¿Solo nos guiaremos por estímulos en una loca carrera por poseer sin recordar nuestro pasado, ni los compromisos adquiridos?

Lo dicho, la pregunta sigue en pie: ¿Somos actrices de Hollywood?

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