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Barcelona / j re crivello

Autor

juan re crivello

Escritor Autor que publica en diferentes blogs: El País, Le monde, Clarín Blog oficial: https://bcnexpres.wordpress.com/ Obra literaria en Scribd http://www.scribd.com/juan re crivello Página Web oficial http://juanre-crivello.com/

Argentina: su atraso… relativo

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Se lo dedico a mis interlocutores que me visitaron hace unos días, sé que su cerrazón no les permitirá entenderlo -j re

Hace unos días la conversación giró sobre Argentina y su atraso relativo con respecto a otros países de su entorno o mismo nivel de desarrollo. Mis interlocutores avisaban de las dificultades del gobierno Macri y dejaban fuera el último gobierno peronista. En mi interior ponía freno a mi aportación con el fin de evitar ir en la dirección de un debate que les hiriera. Pero al final surgió la pregunta:

¿De donde proviene el atraso actual? Intente situarla en 1973, cuando el gobierno peronista de Campora con el 51% de los votos renunció para dar paso a una elección que situó al octogenario Juan Perón en el vértice del poder. Aquel experimento duró poco al fallecer el escogido y ser elegida su mujer quien acepto que uno de sus ministros creará la Triple AAA. Una organización paramilitar que con sus asesinatos abrió el camino al golpe de Estado de 1974. Luego vendría lo conocido por todos.

Una generación de jóvenes talentosos desapareció bajo las balas de las Fuerzas Armadas, otra (en la que me incluyo marcho al exilio o abandonó el país) y muchos se quedaron unidos en el espanto ante lo que intuían.

Han pasado 44 años de aquel momento. Esa crisis del talento (la de los que fueron asesinados y la de los que se marcharon), de la desaparición de aquel talento joven y comprometido ha dejado una sociedad atrapada en ciclos que se repiten: burocracia, lento desarrollo, subvenciones a la clase más desfavorecida, baja formación, crisis de identidad, cansancio y desmoralización, ausencia de una izquierda socialdemócrata al estilo PSOE en España, economía de casino, desconfianza hacia el capital extranjero, etc.

Como diría un emprendedor joven argentino que vive en España: “allí solo piensan en robar un teléfono aunque no lo necesiten”. Tal vez no sea tan exagerado, pero considero que si encontrarán solución cuando puedan responder a la siguiente pregunta sin hacer trampas con ellos mismos:

¿Por qué los chilenos han mejorado tanto?

 

 

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12 a quién Ud. no invitaría a cenar: una tal Mor

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by j re crivello

U Faber se despeloto muy rápido, la amiga una pelirroja de senos grandes y agitados repetía enloquecidamente el padrenuestro y cada vez que sonaba “tú que estás en los cielos” su anatomía empujaba más contra su pelvis. Fueron minutos clamorosos en la cual la cama se alejaba de la pared y chirriaba. Sobre ellos cayó una imagen de una virgen católica y el crucifijo fue a dar a la puerta de entrada girando sobre sí mismo como si estuviera en el Maracaná en la final entre Uruguay y Brasil en 1952. El la beso, tal vez pensaba que así se podía meter en el papel, pues en tal ajetreo estaba distraído y le costaba irse. Pero la lengua de Mor Fernández le atravesó como un látigo dándole un escozor que tembló hasta sus nalgas. Y… se fue. ¡Uff! Dijo para sí y preguntar en voz alta: ¿Cómo ha comenzado esto?

—Me puede subir la compra hasta el 10mo —dijo ella. Y al llegar el apartamento un ventanal grande se metía en Central Park, le dejo la compra en la mesa y Mor siguió con un ruego: puede alcanzarme las cosas que me gusta y dejarlas en aquel estantillo. Su mirada fue a dar hasta un escuálido representante de las compras a más de dos metros de altura. La escalera hizo lo siguiente, ella subió peldaño a peldaño como si una antigua misa en Sicilia saliera en procesión para pasear la virgen por las calles. Tal vez su error fue considerar que lo que veía en las alturas agitarse, ¡si agitarse! un atractivo inusual. Y con ello acabo en esta cama. No la conocía de nada, estaría casada, sería una virgen de las antiguas, o tan solo una de aquellas mujeres solas de Nueva York que dieron fama a una serie hace años. Solo preguntó:

—¿Hace mucho que vives aquí? Intentaba adivinar su edad tal vez, o como siempre los hombres cual marcianos atrapábamos el sexo para luego sucumbir ante los silencios, o las resinas secas de posibles amores. Ella dijo:

—Nací aquí. Tengo 30, soy divorciada, sin hijos. Trabajo en el New Yorker y te vi en el taxi hace días deambulando por ese bar que desayunas sushi lleno de veneno y carne de delfín.

— ¿Y?

—Me invente un globo. Fui de compras y pensé que era fácil atraer a un taxista a tu cama.

—¿Te ha gustado?

—¡Ha sido maravilloso! Nunca lo había hecho con un hombre tan atrevido y con tal fuerza.

Te ríes… Ya, te ríes de mí.

—Los hombres sois todos unos bichos llenos de habladurías, pero el 80 % hace esa pregunta: ¿Te ha gustado? Al decir se puso de pie desnuda y camino hasta la ventana que daba a otra imagen de Central Park. Encendió un cigarrillo, dio dos golpes de pulmón y lo apago. Su cara era clara y sus cejas marcaban unas suaves ondas, el cabello revuelto, y un tipo elegante hacían el resto. Se puso una camiseta grande y ancha. Le miro para decirle si le apetecía un café. U Faber respondió con un sí. Luego se vistió para ir hacia la cocina.

—¿Hace mucho que no tienes una relación? —preguntó Mor

—Varios años. Es como si fuera imposible quedarme quieto en la vida de otro —confesó U Faber. ¿Y tú?

—Yo ya te he encontrado —respondió Mor mientras servía café y tostadas con una facilidad increíble. Al sentarse sus piernas abiertas de color claro y llenas, le atraían. U Faber puso cuidado en hacer las cosas bien.

—¿Qué piensas? –dijo Mor

—En hacer las cosas bien: amarte, visitarte, respetarte. Los dos sonrieron.

Sagas familiares: “Yo me meto en mi guarida y ella me tira granadas para que salga” (1)

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-los escritores siempre escribimos con plomo- Zas! -j re

by j re crivello

Con apetito o sin el, sumamos traiciones o acuerdos familiares, a veces los explicamos cómo grandes aventuras donde el amor o varios polvos sazonan esa historia. Y además los hijos. Cuando uno mira hacia atrás las sagas familiares (la propia y las emparentadas) puede esconder lo que percibe, o ser duro y sin más interpretar aquellas uniones. Surge en nuestro interior la debilidad o riqueza de cada miembro que se ha puesto colonia y ha pasado muy cerca.

Y en un dialogo interior dice: Que tal persona, era un veleta en los valores y ella llevaba los destinos familiares pero compensaba su vida con amantes; o alguien cercano cayó prisionera de su marido y abandono su talento y ello le llevo poco a poco a perder esa gran riqueza (y yo fui testigo); o que otra mujer quedo viuda muy joven y siendo guapa y con dinero aguantó su viudez hasta la muerte (y sus orgasmos fueron radicalmente individuales y solitarios); o él, acumuló deudas y alcohol y relleno el mundo de hijos de dos mujeres para perderse mientras su bigotito anhelaba a su primera esposa; o el primer orgasmo de un chico de 8 años que no pudo ser, pero si tuvo dos cómplices, la que le cuidaba y una familiar cercana.

Siempre está la pólvora emocional rodeándonos y el paso del tiempo solo consigue que lo vivido sea más fuerte y fresco. Tan presente y tierno, o desabrido, o lleno de sexo real o imaginado.

Por ello al construir nuestras personalidades los tonos anteriores condicionan nuestras vidas y algunos ceden y otros se hacen más sólidos y originales.

¿Ud. donde se situaría? No me lo digo, pero haga como que le escucho.

 

 

 

Nota:

Hartman actor asesinado, le contó a su abogado y mejor amigo Steven Small. Y Brynn (la esposa que le asesino) le confesó a su amiga Suzan Stadner que se sintió frustrada durante esa grabación y que le intimidaba compartir su vida con un hombre de éxito como Hartman.

 

“Mama dime si estoy equivocado, es Dios solo otro policía” (1)

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by j re crivello

Es probable que los policías campen a sus anchas dentro de nosotros. Es el resultado de años de imaginar que el mundo es mejorable y se puede cambiar. A veces en el intercambio con algunos veo en sus discursos un gran deseo de usar el Estado para paliar el hambre, la desconsideración o las ratas que sobreviven, o los miles que escapan desde África y se hunden en el Mediterráneo a la espera de una barca de una ONG (ayer 950 en España y desde enero 15.000). Pero me temo que no existe el Estado bueno. Aquel juguete que los políticos reformistas pueden controlar quitando los atrezzos mal hechos por otros. Me temo que si has tenido peronistas (o populistas) en tu cama durante años ellos habrán dejado un puerco espín llamado Estado. Y soñar que ese mundo antiguo y trasquilado resucitará por obra de un recién llegado liberal o socialdemócrata en un genio lleno de buenas intenciones es tan solo eso: un sueño

¿Y qué hacer? Amar menos al Estado y reducirle a un buen gestor. Aquel que reparte los panes posibles y no los imposibles, pues siempre hay un Judas en la última cena, y espera agazapado para quedarse con todo.

¡Hala pues! Que se quede con un Estado pequeño y profesionalizado y no con una máquina de recursos y soborno asistencialista que en el mejor de los casos lo hace pagando con Deuda futura.

Nota:

Con lo cual, comprenderán con quienes he tenido largas conversaciones este fin de semana: españoles que creen en un Sanchez que volará sobre nuestras cabezas, o argentinos que critican a Macri, su presidente, que no cumple con el modelo peronista abandonado y sin recursos mientras vemos el fin de la utopía de la ex presidenta.

(1)2Pac ver video Trapped en YouTube

12 a quién no invitaría a cenar: R. Zapotec

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El Hotel Patria estaba casi desierto. Una ventisca de arena fina daba en sus ventanas. Su jefe de recepción terminaba el turno de noche y apunto en un papel una frase: “llamar a la policía para explicar que la tubería hace un ruido extraño”. Luego movió la manivela del teléfono y pidió que le conectaran con la comisaria. El recinto del orden, estaba situado en una plaza y era de dos plantas, tenía dos jaulas o tres máximo en la parte central. Le atendió quien también acababa el turno cerca de las 10 de la mañana y quien anoto en un papel doblado en el centro y con líneas de un bolígrafo especial, en la que incluían. Hora, calle, siniestro y si le visitaban o no. Y luego una charla de unos minutos decidió al poli a ir hasta el hotel. Pero la conversación fue del tipo:

–Soy del Hotel Patria. Le llamo porque la tubería de la habitación 105 da un ruido raro.

–Debería llamar a García –respondió el Jefe y continuo, es quien entiende de tubos y pérdida de líquidos.

–Ya le he llamado, pero esta vez intuyo que hay algo más. El policía, recordó otras intervenciones en ese hotel, plantado en una carretera que unía dos grandes ciudades y donde sus clientes siempre dejaban su especial tarjeta de vista, pero miro fuera y el fastidio de la tormenta de arena le llevo a insinuar:

–Si la ha abierto y no encuentra nada no hace falta que me llame. Su interlocutor insinuó una vez más:

–Debería estar presente –y colgó. R Zapotec, se puso la pistola en la cintura, miro si tenía el formulario B de “denuncias raras y resúmenes ocasionales” y puso un cartel sobre la mesa donde decía: “enseguida regreso” y agrego en lápiz estoy en el Patria. Al llegar fueron hasta la habitación, no era tan grande, esa noche dormía un chino llegado de Shanghái para la venta de artículos de pólvora para la feria del pueblo. Una vez frente a la tubería, García comenzó a desenroscar para permitir que el diámetro de medio metro dejara ver dentro. R Zapotec pregunto:

–¿Porque una tubería tan gigantesca pasa por esta pared? “Viene desde el criadero de cerdos de Martínez y va hasta el rio –respondió el Jefe de Recepción. Antiguamente llevaba agua desde ese manantial a la fábrica y la utilizaban para dar de beber a los animales, luego conectaron con la red”.

–Y ahora no llevara agua, sino ¡nos ahogaremos ¡ –dijo R Zapotec previniendo el desastre que imaginaba

–No se preocupe –respondió esta vez García, hemos cerrado una llave de paso que esta medio kilómetro más arriba. La tuerca gigantesca cedió, y un hilillo de agua se vertió en un cubo puesto por el operario. R Zapotec –pensó- ¡fin de la historia!, ahora relleno el formulario y luego a dormir en casa. Ese día tendría una tarde agitada, hasta el próximo libraba y, pensaba asistir a una boda de dos paisanos. Ella rubia de níquel, de senos grandes, caderas redondas que recordaban a Lucifer y el apretadísimo en el culo y cintura con unas  espaldas de diamante. Hacían una buena pareja, se conocieron por culpa de una invitación de el para subir a la montaña que comienza a escasos metros del Patria y lleva a un pic nic donde se dan cita familias y parejas por la noche. A veces, los mirones solitarios del pueblo –que son cinco- los detiene de vez en cuando- pues se pasean para ver a esos jóvenes meterse mano.

–Pues nada –dijo García intentando poner la tuerca de nuevo. Pero el hilillo de agua creció y cambio de color a rojo hasta aparecer una cabeza humana. De un tipo malayo, recia descompuesta, pero no muy antigua. El Jefe de recepción exclamo:

–Este estuvo aquí hace dos días.

–Y… ¿abono la cuenta al irse? –pregunto R Zapotec

–En el Patria –agrego el de recepción, tenemos muchos clientes de paso, y algunos se van sin pagar. En concreto este recuerdo que llego a las 2 de la madrugada con un bolso de charol negro brillante y fumando un cigarrillo detrás de otro. Pidió una habitación con ducha y dijo que no le molestaran durante dos días.

– ¿Y se metió solo en este tubo? –dijo García. R Zapotec con ganas de desayunar pidió a García que mirara dentro del tubo con una linterna por si estaba el resto de su cuerpo. El operario con gesto de desaliño y temor le hizo caso y respondió que allí no había nada. R Zapotec ordeno cerrar y se sentó en una mesa. Allí escribió en el formulario “cabeza encontrada en el Hotel Patria a las 8 de la mañana de un ciudadano malayo que pidió descansar dos días y se perdió su cuerpo yendo a parar su cráneo dentro de una tubería que no lleva nada pero que une la fábrica de cerdos con el manantial. Causa posible de fallecimiento: Perdida de unión accidental de cuerpo y alma. Caso cerrado. El Jefe de Recepción informa que se llamaba C. R. Quar. Y luego firmaron los tres. Por parte de García fue posible después de una breve discusión, que agregaran al texto una frase un tanto enigmática:

“El cabezón estaba en perfecto estado y la brillantina de su cabello olía a jazmín”

 

Nota 1: El hotel Patria era en realidad propiedad de mi abuelo Juan Crivello, lo compró y transformó en su casa. Tal vez Ud. no debería invitar a cenar a mi abuelo.

 

 

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Esta tipa es genial -j re

Inevitable, en situaciones en que los amores sólidos se derrumban, Elvira TresDedos carece de referencias. Su abandono del hotel a finales del año 2006 le llevo a una zapatería. Vendía calzado para novias destronadas, señoras de buen pie y pocos escrúpulos, a galanes venidos a menos de tanto asediar jovencitas y como no, sus clientes estrella: solidas amas de casa que le contaban al oído viejas historias de amor en cinco minutos, antes de haber dicho “si” a su marido glotón y lleno de barbilla grasienta. Ella, las recordaba por la noche, hacia madejas de aquellas insólitas memorias íntimas y las transcribía a una libreta de espiral de tapa roja y 200 páginas y decían algo así:

—Mi marido se descalza por la noche y pretende un sólido amor sin acercarse con una pose de amante. Solo un gatillazo seco y luego me atraganto de chocolate hasta la madrugada. “¡Ah! –exclamaba Elvira, es una rubia medio despeinada pero aún una verdadera diosa del sexo”.

—Mi marido fue hasta la clínica de pómulos hinchados y senos gigantes y pretendía que me hiciera un implante que se pareciera a los de la Alaska –la cantante, ¿la conoce?… Me resistí y los elegí de tamaño secretaria de médico-que-trabaja-para-parturientas. ¡Se imagina! –diría una señora ya mayor, con dos hijos a cuesta y ojos vivaces.

—Mi Juan está loco por recibir el catálogo de lencería que nos envía una amiga y aconsejarme como vestir para él. En mi caso estoy hasta aquí –y realizo una marca a la altura de su frente- de sus fantasías de follar, le he dicho a mi amiga que este mes el catalogo sea de ropa interior de hombres y cubanos consumidores de hormonas. ¡A ver si escarmienta! –repetía, una tal Margarita, una elegante señora de 30 años que cambiaba de zapatos cada mes., siempre pagaba con tarjeta y fumaba un cigarrillo detrás de otro.

—Mi marido estuvo en la guerra de Irak y mantiene su ceño fruncido desde que regresó. Según él, las españolas debemos ir sin vello –como las moras en su interior-; como las que habrá conocido allí; y me imagino además un… ¡si a Ala! para pronunciar unos ruiditos de satisfacción cual máquina adiestrada y perversa. – confesaba una señora morena que vestía con colores vivos y collares comprado en los chinos.

Y así todo el día, al vender un zapato se comprometía en las lindezas de sus clientas y aquel negocio se parecía cada vez más a una relación de confidencias que ella asumía como propias. En aquel 2007 comenzaron algunas cartas, escritas en papel, con sobre de color aceite y en la cual ella dejaba ir sus temores, cambios o dudas o inclusive sus dificultades:

18 de enero del 2007

Querida madre He dejado el piso donde vivía, porque el marido afeito con una navaja a su esposa y desperté a las cuatro con golpes en la puerta de la vecina. Estaba cubierto de sangre y lo que lloraba aquella perdida. Me asuste, pero tuve la valentía de llevarle a la cocina y darle un vaso de soda mientras llamaba a la policía. A la pobre señora la vistieron de gala y la enterraron sus dos hijos en un cementerio del centro de Barcelona –creo L´Hospitalet- él fue a prisión y comparte celda con dos violadores. Si todo va bien tendré que declarar dentro de dos años. Un beso Elvira@tresD

26 de enero de 2007.

Hoy he jugado a las cartas en casa de un amigo y la reina de copas me ha salido en todas las partidas, ante tal coincidencia, le he preguntado a él si era ello un aviso, y me ha dicho: “solo comprendes la vida cuando te desmelenas” y aunque te parezca un poco fuera de lugar él me ha invitado a ver la mesa por debajo. ¡Un baile de la reina que ha concluido en una gesta! Luego en esa posición hemos pasado la noche. Te confieso. ¿Debajo de una mesa todo adquiere más sentido? Un beso Elvira@tresD

Elvira Tres Dedos trabajo en aquella zapatería hasta que un día al abrir el periódico los titulares daban como cierta una información aparentemente inexplicable “los Euros desaparecerán” por ello decidió cambiar de trabajo y con todos los ahorros alquiló una granja a la salida de Barcelona desde donde comenzó una nueva etapa más sólida, que ella definiría como “unida a la tierra”. Siguió escribiendo a su madre y las notas de las confesiones de sus clientas las guardó en una caja de cartón, con un título llamativo: Confesiones de amas de casa que buscan el amor verdadero. Hasta que un día se las dejo a una sobrina de 7 años y aquella pintos soles, lunas y caballeros y damas y brujas antiguas. Cuentan que cuando Elvira@tresD vio el resultado se enamoró y fue hasta una imprenta del pueblo. Allí hicieron un libro de colores con una tapa de una señora rubia regordeta con un abrigo de pantera. Elvira Tres puso al final de cada libro una carta del Tarot que decía:

#La Reina de Copas siempre parece tener la respuesta a todas las preguntas en lo que hace a los sentimientos y su gran capacidad para la compasión, hace que sea una persona que fácilmente conecta con lo que la otra vive o está sintiendo.
No existe nadie que tenga tanta intuición como ella (1)
Notas:
Tarot La Reina De Copa

Sugerencias de la Reina de Copas

  • Maneja la derrota con gracia
  • Fortalecernos y prepararnos para defendernos de las adversidades
  • Sigue adelante y el éxito llegará a ti

Aspectos negativos de la Reina de Copas:
Inmoralidad, deshonestidad, deslealtad, insensible a las necesidades de los demas.

Palabras claves de la Reina de Copas:
Artística, afectuosa, figura de la madre estable.

 

El desdeny davant la natura i els records -en catalán-

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Publico algunos de mis artículos en catalán -j re

És aquell terreny, on encara la generació dels majors solia visitar despreocupadament. Una frontera difusa i inalterada del fi de la ciutat. Ara els nens petits es desplacen en un món de plàstic i tancat. Van al col•legi, des del sudari del pis familiar, i allà els espera un pati per a l’esbarjo, en el que dos o tres arbres fan de testimoni en els seus jocs. I a vegades aquest llindar d’intercanvi està arrasat pel ciment i les activitats programades. Quan cau la tarda, a la sortida de l’escola, per alguns la visita al parc o a la plaça és encara possible. Per altres la televisió o la Play Station. Estem en un món en el qual la clau de casa, espera sotmesa al retorn d’ algú dels progenitors.

Ens resistim?

A ser devorats per un món fred i plàstic. A ser devorats pel cartró pedra de Hollywood i els seus actors o actrius de mel i setí. Volem tornar al impàvid instant en que ens entreteníem a observar com: una abella salta i el silenci despreocupat ens deté a la vorera del descobriment!

Hem substituït a aquella fera despreocupada de pel, sarna i antigues paparres, pel gat i el gos de peluix made in Taiwan. Fins i tot les temibles i antigues paparres han desaparegut del nostre imaginari. O les impassibles mosques que abans rondaven la nostra migdiada.

“El líquid espai de verd, es composava d’arbres centenaris i alts, en el seu interior uns quants jocs destrossats m’atreien com un poderós iman. Quan el vent bufava amb intensitat m’agradava asseure’m a observar la respiració entretallat d’aquell gegant que composava la unió de terra i arbres. Un dia van retirar tots els arbres fins a deixar un granit maldestre i ridícul. La meva angoixa davant de tanta mort, va ser un sanglot que va donar a la terra un senyal. Tot el que va venir després va ser mort i vent acalorat, que empenyia els vidres del veïnatge, fins a enderrocar-los davant la pèrdua del misteri”.

Ens resistim?

O ja hem acceptat la fi de la bellesa natural i la seva ordenada vida d’autoreproducció amb l’encant metàl•lic de les hores mortes.

12 a quién Ud. no invitaría a cenar: Ron Cortez

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¿Qué quieres chico? –preguntó. Soy Ron Cortez y vengo a cobrar lo que tu novio me estropeo hace dos días. Ponte estas braguitas rosas. La mulata se desnudó quedándose vestida con lo que le había dado. En aquel barrio los gritos no llamaron la atención, ni siquiera la lluvia ni la tormenta que estallo a los pocos minutos. Caía agua abundante y las calles parecían ríos. Solo me asome para ver como aquella tormenta se tragaba el Pontiac y dos cubos de basura, pero seguimos juntos toda la noche mientras ella repetía una canción que comenzaba con un son:

Macita cubana quiero, ¡eh!

Macita cubana, ¡sí!

Aún recuerdo aquel día como si lo estuviera viviendo otra vez. Mi Pontiac se fue por la garganta calle abajo de ese barrio de Caracas arrastrado por el agua en una tormenta infernal. La mulata aguanto esa noche tratando de convencerme que me fuera pues no recuperaría nada. Ni los dólares, ni los documentos del coche, ni el Pontiac. Al final desistí y me marche.

Han pasado tres años y Caracas está llena de vendedores de historias para sobrevivir. Y gobierna un guasón alto que se pasa todo el día gritándole a Rajoy. He decidido marcharme, del país y dejar a la salsa que la frían otros. Antes de irme he visitado a la mulata de aquella época. Al tocar el timbre entre abrió y metí mi zapato derecho y empujé, para decir:

Macita cubana quiero, ¡eh! Ella sonrió y estiro la mano para señalar donde dejar mi dinero. Luego dijo:

_Tu eres aquel que el agua se llevó el Pontiac y ahora vienes a por… Ron Cortez sonrió para ver como ella se quedaba con unas braguitas rosas y caminaba hacia una habitación. Al entrar tres loros gritaban en sus jaulas, el ruido era ensordecedor. La cama crujía como si fuera de la última compra del súper y ella sudaba mientras sus senos le apretaban la cara. La cama subía y bajaba como si fuera un acordeón. Aquello duro unos minutos hasta que Ron Cortez gimió. Luego ella le empujó hacia un lado. Fuera la lluvia estallaba de nuevo arrastrando barro y miseria. Ron Cortez encendió un pitillo, estaba sudado, su camisa verde rajada y rota,  y miró en dirección al armario, arriba una matrícula roja, brillante comenzaba con UBX y acababa en 13. ¡Era la de su Pontiac!

Salto de la cama y fue hasta la cocina cogiéndole del cuello y para arrastrarla hasta el garaje. Allí estaba su Pontiac flamante pero pintado de rosa.

¡Las llaves! —gritó. La mulata no se atrevió a decir nada y señaló un bolso. Ron Cortez estaba hecho una furia. Abrió el portón y poniendo en marcha su coche antes de salir dijo: ¿Por qué?

_La pechuga cuesta cara en Caracas. –dijo Ella. El Pontiac entro en la calle y el agua saltaba por encima. Ron Cortez bajaba esquivando todo lo que arrastraba ese rio. Un cuerpo dio en el parabrisas y sus ojos aguantaron unos segundos mirándole para desaparecer. Ron se mantuvo firme y buscó la carretera que llevaba a Colombia, a San Cristóbal la última ciudad antes de pasar la frontera y se prometía que con sobornos y sangre pasaría al otro lado para dejar Venezuela. Dentro del coche tres loros volaban sin parar, bajo una ventanilla y salieron fuera. ¿Llegaría con esa gasolina?, la cabeza le daba vueltas y repetía:

Macita cubana quiero, ¡eh!

 

Notas:

Me comentaron en San Cristóbal, una ciudad venezolana a unos 40km de la frontera, que desde la terminal de autobuses salen unos coches destartalados cuyos conductores gritan para atraer clientes “¡Cúcuta, Cúcuta!”, que es la ciudad colombiana que hay al otro lado de la puñetera línea divisoria, y además cobran cuatro perras mal contadas. Link Blog

3 DÍAS EN AUTOBÚS de VENEZUELA a COLOMBIA con menos de 100 DÓLARES

30 M2: És el que necessita un individu per a ser feliç o per a despenyar-se

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Publico algunos artículos en catalán (mi tercer idioma) este mes de julio -j re

La vida és un component volàtil. Fins i tot és esquiva. En innombrables ocasions traiem el cap pel balcó i aspirem aquesta brisa del començament del matí. Darrere hi ha un amor, els fills i els projectes de l’ego. Altres vegades, un cop baix, un atordiment sentimental ens porta fins a aquell fred que ens insulta.

Entre totes dues situacions, fiquem matisos de la nostra malaptesa d’animalitat. O de l’ésser.
Però el metres quadrats ens defineixen. Un llit, el raspall de dents, el carnet de l’equip de futbol, la cançó que va estar amb nosaltres als 16/17 anys. Després el no res.

No deixa de ser paradoxal que alguns haguem de convèncer-nos d’aquesta vida i altres l’aboquen com una sidra antiga.

12 a quién Ud. no invitaría a cenar: La Gatti

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La Gatti deambuló por la estación Central de Nueva York. La tarjeta ponía U Faber, taxista. Solo tenía en su espalda una mochila, aunque hacia horas que había llegado, no reservaba para sí más que ganas de ducharse y que le llevaran hasta ese departamento alquilado por un mes. ¿Se quedaría o se iría? Las preguntas a la Gatti le daban igual, hacía años que cambiaba de lugar y se dejaba llevar. Se había teñido de gris claro lo que le hacía más joven y esbelta. Su vestido lleno de flores le daba un aire a holandesa y judía.

­_ ¿Ud. es Gatti? Preguntó un taxista con una camisa blanca y suave acento cubano. Ella giro y su explosiva mirada dio por supuesto que el tipo llegaba tarde. U Faber señalo la salida y el coche de taxi de Nueva York. Al subir ella le dio la dirección de aquellos apartamentos que daban a Central Park y salieron. U Faber miro de rabillo y sus piernas atrapadas en una falda que dejaba escapar unas suaves ligas de seda más arriba de la rodilla le intrigaron. ¿Será la moda? —se preguntó. El viaje fue rápido. Al bajarse La Gatti, miro hacia arriba como captando que la planta 40 era su destino, luego se volvió a U Faber y dijo:

—¿Tiene chicles?

—No. “Deje el coche y me los sube a la 40 E”. Gatti llego al piso y se dio una ducha. U Faber golpeo la puerta y esta se desplazó invitándole a entrar. Recorrió el pasillo hasta dar con el lavabo y mostro un paquete de chicles de sabor menta fuerte. Ella salió de la ducha y se tapó con una toalla, luego abrió los chicles para mojar tres y con suavidad arrastrarlos por su pierna hasta más allá de la rodilla. Luego le miró para decir:

—Si atrapas los chicles con la lengua, sé que Nueva York es mi casa. U Faber se agacho y comenzó a subir la lengua bordeando los laterales de su pierna izquierda, al atravesar la toalla un golpe en la cabeza le dejo frito. La Gatti busco las llaves del taxi, le desnudo y se vistió de taxista. Luego le dejo amarrado en la cama con un cartel.

Si aguantas hasta la noche verás una recompensa. La Gatti conocía a U Faber y sus líos de faldas por una amiga que había estado hace un año, pero no pretendía hacerle daño. Desde pequeña soñaba con ser taxista en Nueva York. ¡Ese era su día!

No és tan clar el sabor a menta (en catalán)

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Para aquellos que leen y disfrutan del catalán en este mes publicaré algún artículo en mi tercer idioma -j re

El seu estímul, breu, tan llunyà a les misèries humanes. Sembla un pecat antic, gemegar per aquells dies que s’han perdut, a compte del que havíem preparat amb tanta cura. I sense adonar-nos, els moments feliços s’han evaporat.

I tornar a començar. Un apetit per viure en altres universos, o córrer per platges lànguides i desertes. O escalar per una cornisa astuta i bella, posada allà per la creació després d’un esclat del volcà pròxim.

Els dies passats ens deixen ferides, o records càlids. Preparem el rodet o ocupem un mega de l’ordinador. Així acumulem un festí de caramels, de paisatges o ungles pintades o deixades entre el coixí del nostre acompanyant. Potser. Sabem caminar fins a la porta. Sabem parlar en veu baixa. Sabem entreteixir els antics records i el ron posat a la cua. Sabem tantes coses, que la sopa està freda quan:

Acabem de visitar aquesta nevera robusta i freda que és la memòria.

Fins que la destapem. I un musell ple de sentiments ens colpeja fins a dir: tot allò ho vam viure fins que tu et vas anar al llit i jo em vaig omplir d’arrugues.

12 personas que Ud. no invitaría a cenar: Un taxi en Manhattan & U Faber

 

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Ari yela Tumbr.com

Uno, dos, tres, haga números ¿Tiene Ud. 12 personas a quien no invitaría a su casa a cenar? Pues yo tengo algunos. En esta serie pasaran: la Gatti, U Faber, Elvira Tres Dedos, K. Z. Tartán, Sara Vollen y alguno más. Que se diviertan –j re

               La mañana es particularmente fría. En el alto Manhattan un taxi color amarillo bengala deambula solo. La ausencia de señales físicas, como si la ciudad se fuera adormeciendo marca la transición de la noche al día. Nadie conoce tal cómo U Faber –su conductor– como la rabia de la ciudad produce un ruido extraño. Es como si esa falta de silencio se apelotonara en las esquinas y rodeara las almas que esperan en el semáforo. Lleva hora y media sin caja. Duda en si regresar a su piso del bajo Manhattan y fabricar bolas de patata para la cena de la noche, o comprar una botella de güisqui para sus visitas. Pero se la jugará en los próximos 200 metros, en esa esquina de la 13 y 20, donde las prostitutas recalan cuando los sables de la noche han menguado sus fuerzas. Ve que le hacen una señal. Su futura clienta es joven y provocativa. Al subir un ópalo de brillante marca dos piernas delgadas, largas, extremas en su curvatura y con lunares aislados, casi como una película de Tarantino, y él, sintiéndose el capitán de Sim City. Mira por el retrovisor, el humo deja escapar dos ojos verdes que le inyectan dulzura en un mundo escamoteado a la solidaridad. ¿Sera yonki? ¿Comerá pavo asado los finales de año? ¿Tendrá un pescadito azul colgando entre sus senos? La impaciencia de los taxistas y sus sones incluyen una gran colección de los clientes del asiento de atrás. Ella abre la boca para decir:

–A tres millas de aquí, Verbotten 12.

– ¿Es aquella zona de apartamentos de lujo? –pregunta el. De nuevo los ojos inmaculados hablan. Cuentan que la vulgaridad espesa de esa zona no contaminará su  destino final. No puede evitar y mira aquellas piernas que sisean su deseo. Y pregunta: “¿Es aquella calle muy pequeña donde creo quedan dos edificios y campo de basket al frente?” Hasta hubiera agregado que un amigo cuando era joven jugaba allí y se peleaba con la chusma chicana de dos calles más abajo, pero calló al ver su cabeza asentir. De la larga hora del trayecto, al final cual cuchara espesa, ella le pregunta:

– ¿Eres de aquí?

–Sí. De esta perra ciudad hubiera respondido, pero prefiere un suave concierto que afine tal vez como un: llegué hace 5 años. No quiere confesar donde bostezaba antes, donde gemía por un pan. Así es Nueva York –para él, un temible silencio que se rompe en los semáforos.

– ¿De dónde? Aquella pregunta ya se veía venir, ya le prevenía que fuera de donde fuera le situaría. “De Barcelona” –dice

– ¡Ah! ¡Estuve allí! Es fashion.

– ¿Mucho tiempo? Dos años, y comenzó a hablar en un discreto español, con incrustaciones catalanas. “Quedan dos calles” –dirá él, mientras ella seguía parloteando su spam-español-catalán y agrega la pregunta: “¿Tu trabajas de…?”

– ¿De puta?

–Bueno

–A veces las barreras del sexo nos dan alimento –y ve que ella ríe, hasta acabar en una tos de cigarrillo mal curada– Que… ¿vas a salvarme de este mundo? U Faber sonrió. Y se detuvo frente a un edificio con portero, alfombras rojas y dorados en los pomos. Volvió a mirar hacia atrás, los ojos verdes con un suave latiguillo rojo a su alrededor no dijeron nada. Un taxi de Manhattan es irreconocible en la carnicería de emociones que lleva cada semana. ¿Bajas? –pregunto ella

–Soy de los que me enamoro –respondió el.

–Yo también. Mi nombre es Sara Vollen. Aparcaron el coche. Ella compro dos cafés, el unas madalenas puertorriqueñas que le aconsejaban sus amigos. ¿Llevas protección?     –pregunto él. Sara sonrió, al estrechar su mano una corriente cálida y rellena de sal les catapulto al apartamento. Dicen que los coitos de desconocidos son frenéticos y sus partícipes sienten como una subida al cielo y un descenso suave y en zigzag. Ella mordió sus labios y recito:

– ¡Ya no estoy triste! El respondió

–Los taxistas soñamos… Podríamos también decir que la gran ciudad es un cumulo de encuentros, banales, divertidos, malditos y algunos  de sexo. Al atravesar ese territorio uno conduce cegado por el deseo y… a veces, al despertar su agitación es un drama o una violenta emoción que nos re-fun-da. Hueles a almendra –agrego U Faber-.

–Es mi lunarcito, le cuido con crema de la Para-farmacia –respondió nublada de verde Sara V.

Lo que nos quema: el algoritmo y la Doble Realidad

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Nos vemos el lunes, buen finde. Tal vez regrese con una serie de ficción: 12 A quien no invitaria a cenar a su casa. by j re crivello

Calculé que regresaría al desván, pero el azar me situó en el cuarto destinado a la pulpería, sobre una barrica de vino de Cuyo. Una semana transcurrió y me despedí definitivamente del mareante pedestal. (pág 194, Manuel Mujica Láinez, Misteriosa Buenos Aires)

Las redes construyen mitos y seguidores. Algunos son inmutables y de calidad, y otros se muestran con papeles intermedios. Para todos existe el minuto de gloria, desde el travieso desliz de una nalga a la foto descarnada de su ingreso en un hospital. La generación del Like se prodiga mostrándose desde el pedestal. La Doble Realidad se retroalimenta (1). Mientras me muestro la red me ofrece lo parecido, lo que es similar, lo que posee mis gustos. El algoritmo me retiene, me seduce, me incluye. Las comunidades están expuestas a la participación y al giro provocador, templado o soez, da igual. Un tal Pablo en Instagram sube imágenes de señoras depiladas alegres y llenas de salsa. Y una, y otra… Será que mi algoritmo me ha cazado, además de leer tengo una edad difícil, es como la lista que me retiene entre los que tienen edad para tener problemas auditivos y me llaman, me ofrecen los mejores aparatos para la sordera. La Doble Realidad se asoma, me rodea, me cita y por ella aparece un sinfín de necesidades humanas.

Me quema esta lastimera perdida de la privacidad. Ellos me conocen, me intuyen, me detectan. Uno de mis hijos (el ingeniero informático) hace unos meses abandono Face. Me dijo: — ¡no quiero que comercien con mis datos! Aquello que me pareció una boutade, hoy cuando me persiguen las lolitas, los audífonos, las consultas para viajar a Bariloche en agosto y etc., le doy la razón.

¡Quiero que me devuelvan mis datos privados!

 

Nota: defino como doble realidad a la malla que tejen los algoritmos de la Inteligencia Artificial para retenernos en una atmosfera fabricada en estándares basados en mis datos privados.

Lo que nos quema: las ausencias

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La venus del chino, Joan Colom, Barcelona

by j re crivello

El frío de junio hace tiritar los árboles y las plantas, bajo un cielo fúnebre y unas estrellas que también tiritan, casi celestes. Ya se despobló el jardín. (Pág. 229, Manuel Mujica Láinez Misteriosa Buenos Aires)

Se han ido, se han marchado, el paso del tiempo aleja seres que estaban cerca, nos explicaban sus vidas, sus sueños. En nuestra memoria, ella tan altiva y precisa, nos re-envía cada tanto sus voces, sus astucias, necedades o brincos de amor. Hoy vivimos una gran insistencia en vivir: ¡Hoy! ¡Hoy! Gritan desde las redes, y consumimos ese hoy en cantidades hasta inclusive toxicas.

El ritmo de los futuros sueños, o de los planes de futuro, o de los proyectos tiende a convertirse en un presente demasiado rápido. Por ello los proyectos no se maduran, las parejas se separan, los bienes se dividen. La Modernidad líquida nos convierte en jugadores del presente. En mi Instagram pasan miles de fotos del presente, se suceden unas a otras, se queman, se empujan, se derriten. Y si el futuro es difícil de asistirle, al pasado algunos le abandonan en carreteras escogidas para ello. Le niegan.

Los ausentes claman venganza. Nos recuerdan que por ellos estamos en esta coctelera al que se le derriten los polos. ¿Les visitamos?

Nota: Este artículo se asoma triste… ya sé, tenéis sed de presente.

Los niños de Rusia editado en Kindle Creator (versión beta)

Los niños de Rusia

“Le transmito a Ud., las ordenes personales del amo” Ese era el mensaje cifrado enviado por Moscú por Stalin para obtener el oro y transportarlo a Rusia y con ello conseguir la mayor estafa del siglo.

Tengo el placer de preparar y publicar el libro para Fleming Editorial de Julián Fernández Cruz que es verdaderamente explosivo. Los Niños de Rusia verá a luz hacia el 20 de julio.

Es el primer libro creado con Kindle Creator que Amazon posee en Beta y que Amazón permite a pocos editores utilizar al completo, nos sentimos privilegiados de usar este software/editor y con ello consideramos que el libro de Julián Fernández —que es un escritor que utiliza muchos documentos y fotografías de la época— ha encontrado una mayor calidad.

Le invitamos a comprar el libro y leerlo en vacaciones.

-j re crivello

CEO Fleming Editorial

 

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